Hernia discal: todo lo que debes saber

Daniela Castro 17 enero, 2018
Las hernias discales son una afección especialmente frecuente en hombres y mujeres de mediana edad que desempeñan trabajos en los que hay que estar de pie.

Una hernia discal es una condición dolorosa que se produce cuando parte del disco intervertebral consigue filtrarse hacia las capas externas duras del disco, causando una presión sobre los nervios cercanos o la médula espinal.

Es la patología neuroquirúrgica más frecuente y se destaca como una de las causas principales de dolor lumbar irradiado hacia los glúteos y la pierna. Su aparición se relaciona con la degeneración vertebral, sobreesfuerzos físicos o traumatismos. Es más frecuente a partir de los 30 años, en especial en individuos con un estilo de vida sedentario.

Causas de una hernia discal

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Un gran número de casos de hernia discal se derivan del desgaste gradual que se sufre con el envejecimiento (degeneración de los discos).

Conforme pasa el tiempo, los discos vertebrales pierden una parte importante de su contenido de agua, lo que disminuye su flexibilidad y capacidad para amortiguar. Esto incrementa las probabilidades de desgarro o rotura, incluso con un esfuerzo mínimo o mala postura.

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Factores de riesgo

  • Predisposición genética
  • Exceso de peso corporal o embarazo
  • Trabajos de alta exigencia física
  • Acciones repetitivas que implican levantar o empujar objetos
  • Doblar o torcer repetitivamente la espalda baja
  • Mantener una misma postura corporal por tiempo prolongado
  • Sedentarismo
  • Tabaquismo

Síntomas de una hernia discal

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La mayor parte de las veces, las hernias de disco se producen en la zona lumbar (espalda baja); sin embargo, también se pueden producir sobre la columna cervical.

Dolor en los brazos o en las piernas

Cuando la hernia de disco se localiza en el cuello, el dolor es intenso y se puede extender hacia los hombros y los brazos. De hecho, al toser o estornudar se puede irradiar hacia otras partes de la columna vertebral.

Si el problema se encuentra en la zona lumbar, el dolor se puede sentir con más intensidad en los glúteos, los muslos y las pantorrillas. En estos casos, es posible sentirlo con más severidad al estar de pie por mucho tiempo, permanecer sentados o al adoptar algunas posturas corporales.

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Entumecimiento u hormigueo

Las personas afectadas por esta condición suelen experimentar una sensación de entumecimiento u hormigueo en las partes del cuerpo por las que se extienden los nervios comprometidos.

Debilidad

Los músculos que se nutren de los nervios afectados por una hernia pueden presentar cierto nivel de debilitamiento. Esto, a su vez, afecta la capacidad para realizar algunas tareas cotidianas.

Diagnóstico

Diagnóstico

El primer paso para diagnosticar una hernia de disco consiste en un examen físico cuidadoso y el análisis de la historia clínica.

En función de la zona de dolor, el médico examinará el cuello, los brazos o la región lumbar y la zona inferior del cuerpo. En conjunto con un análisis físico, se pueden hacer algunas pruebas neurológicas para verificar:

  • Reflejos musculares
  • Fuerza muscular
  • Habilidad para caminar
  • Entumecimiento o sensibilidad
  • Capacidad de percibir toques, pinchazos o vibraciones ligeras

La mayor parte de las veces esta evaluación es suficiente para hacer un diagnóstico. No obstante, si se sospecha de otra afección, o si es necesario saber qué nervios están afectados, el profesional también puede ordenar otros tipos de pruebas.

Exámenes médicos

  • Rayos X. No detectan los discos herniados, pero pueden determinar otras causas de dolor de espalda (infecciones, tumores, hueso roto, entre otros).
  • Tomografía computarizada y resonancia magnética (MRI). Muestran si la hernia está ejerciendo presión sobre el canal medular.
  • Mielografía. Determina el tamaño y localización de la hernia.
  • Electromiografía (EMG). Muestra la raíz nerviosa que está comprometida por la hernia.

Tratamiento

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En función de la severidad con que se presente, la hernia discal se trata con un corto periodo de descanso acompañado con analgésicos. Si los síntomas persisten, se complementa con tratamientos fisioterapéuticos. En ocasiones los síntomas tienden a complicarse o prolongarse, siendo necesario el uso de otros medicamentos y procedimientos.

Medicamentos

La administración de algunos medicamentos puede ayudar a controlar el dolor. Aunque algunos son de venta libre, siempre se aconseja su consumo bajo supervisión médica. Estos incluyen:

  • Antiinflamatorios no esteroides (AINE) para controlar el dolor a largo plazo
  • Narcóticos (si el dolor no responde a los AINE)
  • Anticonvulsivos para tratar el dolor nervioso irradiado
  • Relajantes musculares
  • Inyecciones de cortisona

Terapia

Los pacientes que no presentan mejorías en pocas semanas requieren terapia física. Los fisioterapeutas pueden diseñar un plan de ejercicios acorde a la capacidad del afectado para minimizar el dolor.

Estos también ayudarán a corregir la postura corporal, en especial al realizar actividades como levantar objetos pesados, caminar, vestirse, entre otros.

Cirugía

Una cantidad mínima de personas afectadas por hernias de disco requieren una cirugía. El médico considera esta posibilidad cuando los tratamientos no mejoran los síntomas, se prolongan por mucho tiempo o presentan complicaciones como:

  • Entumecimiento o debilidad constante
  • Dificultad para pararse o caminar
  • Pérdida del control de la vejiga o el intestino

La discectomía es el procedimiento quirúrgico para extirpar parte o todo un disco afectado. En raras ocasiones, el cirujano sugiere la implantación de un disco artificial.

Bibliografía

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