Herpangina: todo lo que debes saber

Las infecciones víricas no suelen requerir tratamiento farmacológico más allá de analgésicos preferiblemente pertenecientes a la familia de los AINEs.

La herpangina es una enfermedad o infección causada por la invasión del virus Coxsackie del grupo A. Asimismo, se trata una alteración contagiosa por lo que puede propagarse fácilmente entre los sujetos afectados y no afectados. Este patógeno también causa otras alteraciones como la enfermedad mano-pie-boca.

Por norma general se presenta con más frecuencia en niños de entre tres y diez años. Sin embargo, puede aparecer a cualquier edad.

Síntomas de la herpangina

Por otra parte, el paciente suele presentar una serie de alteraciones o síntomas característicos de esta enfermedad. Entre los más comunes encontramos:

  • Cefalea o dolor de cabeza que puede variar de intensidad.
  • Fiebre (no tiene por qué ser alta).
  • Cansancio, fatiga o debilidad general.
  • Falta de apetito.
  • Dolor o molestia en la garganta que se acentúa al tragar.
  • Formación de ampollas o úlceras que pueden aparecer en la boca, la garganta, los pies, las manos e incluso los glúteos. Suelen ser de un tamaño reducido y presentar una tonalidad blanquecina en el centro y rojiza en los extremos.

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Causas de la herpangina

Causas de la herpangina.

 

Como hemos citado al principio del artículo, esta enfermedad es causada por el virus Coxsackie del grupo A y se puede propagar rápidamente.

Diagnóstico de la herpangina

Por norma general se lleva a cabo un examen físico en el que se comprueban los síntomas que el paciente pueda padecer. También se realiza una comprobación de la historia clínica y los antecedentes (familiares que hayan padecido esta alteración) del sujeto. De esta manera, el equipo médico es capaz de identificar la enfermedad y descartar otras alteraciones con características similares.

En raras ocasiones se llevan a cabo otros procedimientos médicos, ya sea un análisis de sustancias (sangre y orina) o la obtención de imágenes internas. Por ejemplo, las radiografías, las ecografías, el TAC, la RM, etc.

Tratamiento de la herpangina

Tratamiento herpangina.

 

El objetivo final del tratamiento será calmar los síntomas que muestre el paciente. También son aconsejables una serie de pautas para evitar complicaciones durante la evolución de la patología. Entre las terapias más comunes encontramos:

  • El uso de medicamentos o fármacos. Normalmente se recomienda el uso de Paracetamol e Ibuprofeno para aliviar las molestias y tratar la fiebre. Asimismo, el médico puede sugerir la utilización de otros compuestos para calmar las llagas (tratamiento tópico).
  • Por otra parte, se deberá adaptar la dieta del niño para que consuma más líquidos de los habituales. De esta manera, reducimos el riesgo de deshidratación durante el transcurso de esta enfermedad.
  • La ingesta de lácteos (sobre todo el helado) es un remedio natural que alivia el dolor de las llagas y favorece su eliminación. En cualquier caso, se evitará el consumo de alimentos calientes o irritantes

Por norma general, la enfermedad remite tras una semana de infección o desde el inicio del trastorno. En los primeros momentos, el virus es capaz de extenderse por nuestro organismo, alterando las actividades usuales.

Poco después, nuestro sistema inmunológico produce las defensas necesarias para contraatacar al microorganismo. Finalmente, nuestros anticuerpos destruyen todas las copias del patógeno y nuestro cuerpo vuelve a la normalidad.

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Prevención de la herpangina

Cómo lavarse las manos correctamente.

El método de prevención más eficaz es evitar el contagio del virus por parte de personas ya infectadas por él. Por tanto, es importante prestar especial atención a las medidas de higiene cotidianas como lavarse las manos o no morderse las uñas.

También es recomendable mantener un estilo de vida saludable a través de la ingesta de una dieta equilibrada y adecuada junto a la realización de actividad física moderada de manera usual. Todas estas acciones ayudan a mantener un buen estado del organismo.

Este hecho es fundamental para que el sistema inmunitario realice sus funciones correctamente y así podamos combatir las infecciones, especialmente las de carácter vírico en las que el uso de antibióticos no es eficaz y el paciente es más propenso a sufrir reinfecciones.

Todas las situaciones de inmunodeficiencia son factores de riesgo a la hora de sufrir infecciones, ya sea congénita por algunas enfermedades hereditarias o adquiridas por otras patologías. En estos pacientes el sistema inmunitario no consigue erradicar el agente patógeno.