Por qué las herraduras son consideradas amuletos de la suerte

Javier Garcia · 5 agosto, 2018
Desde la antigüedad, las herraduras son consideradas amuletos de la buena suerte. Hoy te contamos los orígenes de este talismán

Las herraduras son los talismanes más antiguos de la historia. Sus supuestos efectos van desde la aportación de suerte hasta la de disipar las dudas o conflictos, si bien las herraduras no son más que piezas de metal. Su peculiaridad está en su forma de U. Además, se usan en los caballos para reducir el desgaste de sus pezuñas.

A esto, hay que añadir que la posición de las puntas de la herradura aportará diferentes efectos:

  • Hacia abajo: aporta protección.
  • Hacia arriba: aportará buena suerte.

Las herraduras como talismán

Primeros orígenes

La herradura comenzó a ser talismán cuando nuestros antepasados se dieron cuenta de que su forma U se asemejaba a la de la media luna crecienteAsí, ya en las primeras civilizaciones, los astros como el Sol o la Luna daban buena suerte y aportaban fertilidad en las mujeres.

Por ello, la idea de la buena suerte en las herraduras se extendió allá donde el caballo era un animal domesticado. Es decir, fueron los antiguos griegos los que introdujeron la herradura en la civilización occidental. Desde entonces, la herradura fue considerada un talismán.

Chica cruzando los dedos esperando tener buena suerte

San Dunstan y el diablo

No obstante, fue en el siglo X a través de la figura de San Dunstan, cuando se empezaron a colgar las herraduras en las puertas para proteger las casasDunstan fue un herrero que llegó a ser el arzobispo de Canterbury. Pero, ¿por qué herraduras y no cualquier otro objeto hecho por este herrero?

La leyenda cuenta que el arzobispo recibió la visita de un hombre que venía suplicando por unas herraduras. Estas herraduras no eran para otra cosa que para sus pies, extrañamente parecidos a las pezuñas de un animal. Es en ese momento cuando Dunstan se dio cuenta de que era el Diablo. 

Entonces, San Dunstan realizó la petición de Satanás sin decirle que sabía quién era. Le dijo que la única manera de ponérselas era colgarlo en la pared. Al hacerlo, el diablo exigió clemencia. El herrero aprovechó para exigirle que no entrase en las casas de las personas que tuvieran colgadas una herradura en su puerta.

Esta historia enseguida se hizo conocida entre la comunidad católica. El boca a boca produjo cambios en la historia, de forma que la herradura debía ser escupida y pasada por el hombro izquierdo. También cabía la posibilidad de que sus clavos fueran usados como anillos con efectos curativos.

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Civilizaciones antiguas

Pero la herradura, como bien se comentó antes, ya se usaba como talismán mucho antes del siglo X. Parece ser que los griegos creían que el metal era un material que ahuyentaba el mal. Esto, quizás, sea por su uso en las batallas. Por otro lado, su forma de media luna invitaba a pensar que este astro traía la fertilidad y la buena suerte a través de este objeto.

A todo esto hay que añadir el número mágico: el 7. Y es que no es casualidad que sean 7 los clavos que justamente se necesitan para clavar la herradura a las pezuñas de un caballo.

Finalmente, las herraduras se comenzaron a usar como objeto protector de la magia de las brujas durante la Edad Media. Esto se debió a que el saber popular creía que las brujas iban en escoba porque los caballos les daban miedo. Por ello, en Rusia a los herreros se les consideró hombres de magia blanca.

Fue tan extendida esta leyenda que los herreros comenzaron a casar a la gente. Además, los yunques se convirtieron en los únicos lugares donde se podían hacer anillos.

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Cuadro de pareja a caballo

En definitiva, la historia de las herraduras es grande y confusa. Pero algo está claro: todas las civilizaciones consideraron este objeto como un talismán. En las manos de cada uno queda creerse este tipo de supersticiones que se encontraban en unas civilizaciones tan separadas entre ellas en espacio y tiempo.