¿Es tu hijo un niño mimado?

Raquel Lemos Rodríguez·
24 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña al
27 Junio, 2019
Hay prácticas que, como padres, debemos evitar para no malcriar a nuestros hijos. Conoce cuáles son los comportamientos de un niño mimado y cómo corregir tal conducta en el próximo artículo.

Malcriar a un hijo puede hacer que se vuelva un niño mimado, que no respete las normas, que haga lo que quiera y que no asuma sus propias responsabilidades. Todo esto puede implicar graves consecuencias en su vida adulta.

Por este motivo, hoy vamos a hablar de algunas conductas propias de este tipo de infantes, las cuales nos ayudarán a saber si tenemos que tomar algunas medidas específicas con nuestros hijos.

Profundicemos.

Comportamientos de un niño mimado

El círculo de las rabietas

Niña comiendo helado

Las rabietas son un recurso al que acude cualquier niño mimado, pues sabe que en la mayoría de los casos tiene todas las de ganar. Más que nada, porque juegan con esa vergüenza que le hacen sentir al adulto y, también, con la culpa.

Pongamos un ejemplo:

Un niño está en el supermercado con su padre y quiere que este le compre un chocolate. El padre le dice que “no”. El niño insiste y como ve que no va a conseguir lo que quiere, se lanza al suelo y empieza a gritar y a patalear.

El padre le riñe, nota las miradas de las demás personas del supermercado y se empieza a sentir culpable. La cara se le pone roja de la vergüenza y como ya no puede más, le dice al niño: “Sí, toma tu chocolate, pero no vuelvas a armar un escándalo”.

¿Qué ha ocurrido aquí? El niño ha conseguido manipular a su padre haciéndole sentirse culpable y avergonzado. Al mismo tiempo, el padre ha perdido su autoridad pues ha cedido ante la actitud del hijo.

Como el padre sabe que cuando el niño recibe lo que quiere, se comporta, es probable que empiece a consentirle en todos sus caprichos solo para evitar una discusión.

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La falta de límites en el hogar

Niña con su juguete

El hecho de que existan límites en el hogar no significa que los padres sean duros, que vayan a dañar emocionalmente a sus hijos o que estos no les vayan a querer. Todo lo contrario. Los niños necesitan respetar a las figuras de autoridad que hay a su alrededor.

No obstante, para que surtan efecto tenemos que llevarlos a término hasta las últimas consecuencias. No vale poner un límite y permitir que se sobrepase ante una circunstancia como la anteriormente mencionada.

Los padres tienen que ser firmes en las decisiones que tomen. Si en un momento flaquean, todo se irá al traste. Por ello, si ponemos un límite como, por ejemplo, “hoy no se compra chocolate”, es que hoy no se compra y punto. Pase lo que pase, sin importar los lloros, las rabietas e incluso la vergüenza que podamos sentir.

Un niño mimado tiene que saber que los adultos hablan en serio. Tiene que aprender a aceptar un “no” por respuesta, aunque eso derive en chillidos y un llanto desconsolado en público.

Además, cuando existen límites desde un principio, desobedecer o incluso mostrar hostilidad hacia los progenitores es algo que no suele darse. Por ello, tenemos que imponer límites cuanto antes.

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Un niño mimado no nace, se hace

Un niño mimado no nace siendo así. Es la conducta de los progenitores, la permisividad del egoísmo que presenta y su actitud desafiante lo que provoca que el infante vaya actuando cada vez peor.

Terminará insultando a sus padres, controlándoles y ejerciendo un poder que no tendría que tener. No sabrá valorar lo que tiene y acabará deseando más y más para satisfacer sus necesidades y deseos.

Un niño mimado puede convertirse en una persona adulta muy desagradable, tóxica para los demás y, sobre todo, para sí misma. Los niños necesitan límites, que los padres actúen como padres, no como amigos, y que nunca permitan faltas de respeto ni manipulación.

Los padres deben tomar cartas en el asunto

Todo lo que hagamos para evitar que los pequeños se conviertan en niños mimados les ayudará a ser mejores personas en un futuro. De esta forma, sabrán mantener relaciones saludables con los demás.

Tengamos siempre en cuenta que la educación se adquiere en casa. Si el niño se acostumbra a conseguir todo lo que quiere no desarrollará ningún tipo de tolerancia a la frustración y sus caídas serán mayores cuando se enfrente al mundo real.

Brindémosles una buena educación que les dé herramientas para desenvolverse en la sociedad de manera sana y asertiva.