¿Es tu hijo un niño mimado?

Hay prácticas que, como padres, debemos evitar para no malcriar a nuestros hijos. Conoce cuáles son los comportamientos de un niño mimado y cómo corregir tal conducta en pro de su futuro desarrollo.

Malcriar a un hijo puede hacer que se vuelva un niño mimado, que no respete las normas, que haga lo que quiera y que no asuma sus propias responsabilidades. Todo esto puede implicar graves consecuencias en su vida adulta.

Por tal motivo, hoy vamos a hablar de algunas conductas propias de un niño mimado, las cuales nos ayudarán a saber si tenemos que tomar algunas medidas con nuestros hijos de modo tal que ello no pase a más.

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Comportamientos de un niño mimado

El círculo de las rabietas

Niña comiendo helado

Las rabietas son un recurso al que acude cualquier niño mimado, pues sabe que en la mayoría de los casos tiene todas las de ganar. Más que nada porque juegan con esa vergüenza que le hacen sentir al adulto y, también, la culpa.

Pongamos un ejemplo:

Un niño está en el supermercado con su padre y quiere que este le compre un chocolate. El padre le dice que “no”. El niño insiste y como ve que no va a conseguir lo que quiere, se lanza al suelo y empieza a gritar y a patalear.

El padre le riñe, nota las miradas de las demás personas del supermercado y se empieza a sentir culpable. La cara se le pone roja de la vergüenza y como ya no puede más, le dice al niño: “Sí, toma tu chocolate, pero no vuelvas a armar un escándalo”.

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¿Qué ha ocurrido aquí? El niño ha conseguido manipular a su padre haciéndole sentirse culpable y avergonzado. Al mismo tiempo, el padre ha perdido su autoridad pues ha cedido ante la actitud del hijo. Esto también puede desencadenar en otra actitud.

Como el padre sabe que cuando el niño recibe lo que quiere, se comporta; puede que juegue a sobornarlo en algunas circunstancias en las que desea que el niño se porte bien o cumpla con sus responsabilidades (aprobar un examen).

La falta de límites en el hogar

Niña con su juguete

El hecho de que existan límites en el hogar no significa que los padres sean duros, que vayan a dañar emocionalmente a sus hijos o que estos no les vayan a querer. Todo lo contrario. Los límites son muy necesarios.

Pero, para que surtan efecto tenemos que llevarlos a término hasta las últimas consecuencias. No vale poner un límite y permitir que se sobrepase ante una circunstancia como la anteriormente mencionada.

Los padres tienen que ser firmes en las decisiones que tomen. Si en un momento flaquean, todo se va al traste. Por ello, si ponemos un límite como, por ejemplo, “hoy no se compra chocolate”, es que hoy no se compra y punto. Pase lo que pase, sin importar los lloros, las rabietas e incluso la vergüenza que podamos sentir.

Un niño mimado tiene que saber que los adultos hablan en serio. Tiene que aprender a aceptar un “no” por respuesta, que no le va a quedar otra que aceptar.

Además, cuando existen límites desde un principio, desobedecer o incluso mostrar hostilidad hacia los progenitores es algo que no suele darse. Por ello, tenemos que imponer límites cuanto antes.

Un niño mimado no nace, se hace

Un niño mimado no nace siendo así. Es la conducta de los progenitores, la permisividad del egoísmo que presenta y lo desafiante que es con sus propios padres lo que provoca que el niño vaya actuando cada vez peor.

Terminará insultando a sus progenitores, controlándolos y ejerciendo un poder que no tendría que tener. Pero, sobre todo, terminará no sabiendo valorar lo que tiene, deseando más y más para satisfacer sus necesidades y deseos, pero sin saber apreciarlos de verdad.

Un niño mimado puede convertirse en una persona adulta muy desagradable, nociva para los demás y, sobre todo, para sí misma. Los niños necesitan límites, que los padres actúen como padres no como amigos y que nunca permitan faltas de respeto ni manipulación.

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Todo lo que hagamos para evitar que los niños se conviertan en niños mimados les ayudará a ser mejores personas en un futuro y a que sepan mantener relaciones más saludables. Tengamos esto siempre en cuenta.

Imágenes: Nicoletta Ceccoli.