Hoy saldré a encontrarme con todo lo bueno que la vida me tiene preparado

Para que la vida solo nos ofrezca lo bueno debemos reprogramar nuestro cerebro para que sea capaz de percibir la parte positiva de cada una de las cosas que nos suceden

¿Con qué actitud has salido hoy de casa? A veces, llegamos a pensar que todo lo bueno parece haberse desvanecido de nuestro día a día. Que nuestro presente no es más que una compleja madeja de adversidades donde nada parece solucionarse.

Sin embargo, a pesar de no poder elegir muchas de las cosas que nos suceden, tenemos la opción de encararlas del mejor modo posible: con valentía, coraje y autoconfianza.

Recuérdalo bien. Eliges cada día qué ropa te pones, qué peinado llevas y qué vas a desayunar.

¿Por qué no decidimos también calzarnos con nuevas esperanzas? ¿Por qué no elegir la coraza de la fortaleza, el optimismo y la valentía para sacar lo mejor de nosotros?

Lejos de ver esta idea como un simple propósito espiritual o cargado de un exceso de psicología positiva, vale la pena ahondar en ello.

Hablamos ante todo de “programar nuestro cerebro”. De crear un nuevo pensamiento para dar paso a una emoción capaz de cambiar nuestra realidad.

Te explicamos cómo llevarlo a cabo.

Me propongo sacar lo mejor de mí para hallar todo lo bueno de la vida

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Algo que todos sabemos es que hay personas que, de algún modo, afrontan mejor las dificultades.

Puede ser que dispongan de estrategias aprendidas mediante un enfoque psicológico. Sin embargo, lo más habitual es que haya quien, de modo natural, disponga de esa capacidad llamada resiliencia, con la cual, encarar los hechos complejos con más positividad.

Ahora bien, puesto que ninguno de nosotros somos inmunes a esos días oscuros donde nos abraza el desánimo, vale la pena conocer de qué manera podíamos lograr este cambio de actitud.

Esa apertura emocional y psicológica donde ser más receptivos a lo bueno.

Te proponemos reflexionar sobre los siguientes aspectos.

En primer lugar, toma conciencia de tus capacidades

Seguro que alguna vez habrás experimentado lo siguiente. Ante un mismo hecho dos personas reaccionan de modo diferente. ¿Cómo puede ser?

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  • La personalidad, la experiencia, nuestra emocionalidad o los esquemas de pensamiento nos hacen más o menos permeables a ciertas cosas. Cada persona reacciona de un modo según estas dimensiones.
  • Una cosa es lo que sucede en nuestro entorno y la otra es el modo en que lo procesamos.
  • Hemos de ser capaces de tomar conciencia de nuestras capacidades, de nuestras fortalezas y virtudes.
  • Todos somos más fuertes de lo que pensamos. Tanto es así, que nuestro cerebro, lo creamos o no, está programado para sobrevivir.
  • Esto significa que cada uno de nosotros somos resilientes, es decir, podemos aprender de las dificultades para encararlas. El problema es que, a veces, no nos valoramos lo bastante.
  • Con una buena autoestima y una buena confianza en nosotros mismos sacaremos “brillo” a nuestras capacidades y percibiremos todo lo bueno que hay en nuestro interior.

Programación neurolingüística: cómo organizar nuestro cerebro

cerebro

Es muy posible que ya hayas oído hablar de la programación neurolingüística.

Esta estrategia de desarrollo personal y psicoterapia busca, por encima de todo, algo muy concreto: pasar de un estado A (estado presente) al B (estado deseado).

En este caso lo que buscamos es cambiar un enfoque de pensamiento. Deseamos hallar todo lo bueno que exista a nuestro alrededor y aprovecharlo.

Queremos ser más intuitivos con respecto a la oportunidad, a lo que nos pueda enriquecer personal y emocionalmente.

Para llegar a esa excelencia podemos poner en práctica diversas estrategias:

  • Aprende a calibrar tus emociones. Si notas que todo lo que hay en tu mente es angustia y negatividad, cambia esa orientación. Calibra esos focos negativos.
  • El anclaje es otra técnica interesante. Se trata de fijar nuestra atención en un estímulo que haga de anclaje. Cada vez que notamos que llegan las sensaciones de abatimiento, nuestra mente debe acudir a un “bote salvavidas”.

Por ejemplo: hoy creo que no voy a poder con mi día. Sin embargo, si mi mente recuerda la calma de esa playa a la que deseo volver de vacaciones: la motivación vuelve a mi interior.

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Para hallar lo bueno, deja a un lado lo malo

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Hagamos ahora un pequeño ejercicio de reflexión. Preguntémonos de dónde viene aquello que nos preocupa, lo que nos hace daño, lo que nos pone zancadillas.

  • Es posible que, a tu alrededor, haya personas que te traen más problemas que tranquilidad.
  • Puede también que necesites hacer un cambio. Es posible que hayan cosas que, si las dejamos a un lado, nos hagan sentir mejor.
  • También puede ocurrir que existan algunos aspectos de ti mismo que debas cambiar. La inseguridad, el obsesionarte mucho con algo, anticipar cosas negativas… Es necesario reflexionar sobre ello.

Para concluir, sabemos que no es fácil ser siempre tan receptivos hacia lo bueno. Confiar en que la suerte nos puede acariciar requiere un pequeño esfuerzo cotidiano.

Sin embargo, lo creas o no solo se necesitas una cosa: cambiar de actitud.

 

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