El implante cerebral que permite volver a sentir a alguien con parálisis

Gracias al trabajo de los investigadores de la Universidad de Pittsburgh podríamos estar ante un descubrimiento definitivo para ayudar a que las personas con parálisis recuperaran la autonomía

La parálisis es una pérdida motriz parcial o total. Se trata de un padecimiento de tipo neural, que afecta al aparato locomotor; en éste, los principales damnificados son los grupos musculares que inervan la zona.

Es conveniente explicar cómo está compuesto el sistema nervioso, centro principal donde se origina la parálisis.

Éste se divide en central y periférico, y según el área de este sistema donde se dé el padecimiento, se dará como resultado la parálisis.

Con el paso del tiempo la comunidad científica ha enfocado sus esfuerzos en diversas investigaciones con el fin de ayudar a las personas afectadas por este padecimiento.

Los avances no han sido muy satisfactorios, salvo un caso particular registrado hace pocos días en Estados Unidos.

Un experimento de vanguardia

Un experimento de vanguardia

Nathan Copeland es la primera persona con parálisis total en todas sus extremidades que ha logrado experimentar el sentido del tacto a través de su brazo robótico controlado desde su propia mente.

La Universidad de Pittsburgh y su Centro Médico (UPMC) juntaron esfuerzos con el fin de conseguir un experimento pionero, no sólo en Estados Unidos, sino a nivel mundial.

En este maravilloso ensayo, se implantaron unos electrodos, más pequeños que un grano de arena, en la corteza sensorial de Nathan. El objetivo en un principio era el de permitir a la mente del afectado percibir el brazo mecánico o robótico.

La función de los electrodos se basó en percibir las señales emitidas por tal brazo y dirigirlas directamente a la zona sensorial del sujeto experimental, de 30 años de edad.

Una de las momentos más relevantes fue cuando el investigador del UPMC, Robert Gaunt, tocó los dedos del brazo, permitiendo al sujeto percibir el tacto en su propio dedo.

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La historia detrás de Copeland

Sobre el sujeto experimental protagonista de esta historia se sabe muy poco.

Por tal razón, vale la pena conocer un poco más sobre este valiente personaje, el cual está contribuyendo a los avances tecnológicos y médicos en un campo poco explorado, la parálisis.

Antes de padecer este problema neuromotor, Nathan se encontraba en su etapa de adolescencia y vivía al oeste de Pensilvania (Estados Unidos).

Una noche lluviosa y un automóvil fuera de control fueron los detonantes para que aquel joven de 18 años terminara con un diagnóstico de tetraplejia (parálisis presente en las cuatro extremidades del organismo).

Copeland forma parte del grupo de investigación como voluntario desde hace aproximadamente cinco años. 

Junto con un equipo conformado por ingenieros biomédicos, médicos de rehabilitación y cirujanos han buscado la manera de ayudar a aquellas personas aquejadas por la parálisis.

La ventaja es que, antes de su accidente, el paciente había estudiado diversos temas sobre nanotecnología durante un tiempo, y en estos se centró la investigación.

Más sobre el experimento

Robot

No obstante, los avances sobre el experimento en cuestión ya se encontraban en marcha desde algún tiempo atrás.

Como parte del mismo, se le implantaron unos chips a Nathan en el hemisferio izquierdo de su cerebro, justo en la zona sensorial encargada de detectar el tacto de la región derecha del organismo, incluyendo la extremidad superior (brazo, antebrazo, mano y falanges o dedos).

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A los anteriores se añadieron unos nuevos, con el fin de conseguir mayores avances. Para verificar su efectividad, los miembros del equipo decidieron vendar los ojos a Nathan.

De esta forma evitaban que pudiera ver el lugar del brazo mecánico tocado por los investigadores.

Una vez tapado el sentido de la vista del paciente, el investigador procedió a tocar cada uno de los dedos del robot.

En ese preciso momento, Nathan dijo uno a uno qué falange sentía, sin equivocarse una sola vez.

“Puedo notar casi todos los dedos. A veces siento un impulso eléctrico, y a veces presión. No obstante, en la mayoría de las ocasiones puedo sentir cada uno de los dedos de forma precisa. Es como si me tocaran los dedos o los empujaran”, expresó Nathan conmocionado.

La felicidad en toda la sala no se hizo esperar. Lo que se descubrió la semana pasada es una victoria para la ciencia médica y abre las puertas al campo de la salud frente a la parálisis.

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