Infusión intraósea: cuidados posteriores a esta técnica

Este artículo fue redactado y avalado por María Vijande
· 2 enero, 2019 · Última actualización: 31 diciembre, 2018 31 diciembre, 2018
También denominada como vía intraósea, es una técnica que presenta ventajas en situaciones de urgencia vital. Pero no debe prolongarse más de 24 horas

Una infusión intraósea consiste en un acceso vascular que se utiliza en casos de urgencia para la administración de fármacos y líquidos al paciente. También denominada vía intraósea, ofrece ventajas a los profesionales en situaciones de urgencia vital. De todos modos, hoy resulta un método aún desconocido e inusual.

Los médicos no recomiendan su colocación durante más de 24 horas. Tras llevar a cabo una reposición de volumen adecuada, los profesionales insisten en la importancia de realizar otro acceso venoso utilizando una vía central o periférica.

Características de la infusión intraósea

Sanitaria extrayendo sangre a un paciente del brazo.
La infusión intraósea ha sido utilizada cuando las vías principales eran de difícil acceso.

La técnica siempre se ha llevado a cabo en pediatría, con pacientes menores de seis años. Los profesionales la realizaban en el caso de no obtener un acceso venoso periférico después de tres intentos fallidos.

Gracias a los avances experimentados en el campo de la medicina, ahora también resulta efectiva en adultos. De hecho, está indicada en pacientes críticos de cualquier edad, siempre que se haya descartado antes establecer una vía venosa rápidamente.

El Advanced Trauma Life Support lo recomienda en todos los pacientes tras el intento de vía intravenosa y antes de intentar una vía central, tanto en niños como en adultos.

La utilización de la infusión intraósea se basa en el hecho de que la cavidad medular de los huesos largos está formada por una red de capilares sinusoides. Estos son capaces de drenar a un gran seno venoso central. El mencionado seno venoso puede pasar los fármacos y líquidos a la circulación general con eficacia y rapidez.

Resulta muy similar a cómo se desarrollaría por cualquier otra vena periférica. Además, no tiende a colapsarse, ni siquiera si se desarrolla una parada cardiorrespiratoria. Por todo ello, está considerado como un método seguro de acceso vascular. Conlleva un alto porcentaje de éxito.

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Cuidados posteriores de esta técnica

En las situaciones de emergencia médica, establecer un adecuado acceso vascular tiene una importancia fundamental para el paciente.

El hecho, además, de que justo en estas circunstancias muchas veces la vía periférica se vuelve inaccesible o la demora en conseguir un acceso periférico supone una pérdida de recursos y tiempo, hace que la infusión intraósea cobre relevancia.

Los profesionales que lo desarrollen deben conocer los cuidados que precisa el paciente. También deben saber qué productos se pueden administrar con este método y cuál es la técnica de colocación.

No se debe olvidar que estamos ante un acceso a la circulación sanguínea. Es por esto que los cuidados que se proporcionan a los pacientes con una vía intraósea serán similares a los que se aplicarían en el caso de un acceso venoso periférico.

Es conveniente que los profesionales controlen distintos signos. Entre ellos cabe mencionar:

  • Sangrado, color.
  • Presencia de pulsos distales.
  • Temperatura, aspecto.
  • Tamaño del miembro y dolor (si el paciente está consciente) alrededor de la zona de punción indicativos de posible infección local.

Así mismo, es básico desinfectar cada 5 horas aproximadamente la zona de punción para evitar infecciones. Todas las actuaciones que se realicen sobre la infusión intraósea deben quedar registradas en la hoja de enfermería.

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Cuidados de enfermería

Imagen de vaso sanguíneo y glóbulos rojos.
Una infusión intraósea requiere ciertos cuidados posteriores para evitar complicaciones.

No se recomienda un apósito oclusivo del punto, ya que favorece la maceración de la piel. Igualmente, no se puede olvidar que esta técnica es temporal. Se debe retirar antes de las 24 horas, sobre todo debido al aumento de la tasa de complicaciones.

En cualquier caso, la infusión intraósea se debería retirar tan pronto como haya sido posible canalizar otra vía venosa. Sin embargo, algunos dispositivos (FAST1) sí pueden alargar su uso hasta las 72 horas, sin presentar los mismos riesgos.

Cabe mencionar que las complicaciones suelen ser escasas y la mayoría secundarias a defectos en la técnica. Por ello, el trabajo de los profesionales resulta básico para el correcto desarrollo del método.

Finalmente, para retirarlo es necesario aplicar antiséptico antes de la extracción del catéter. Después hay que presionar durante 5 minutos con una gasa estéril. Es muy importante que, en las horas posteriores a su retirada, se observe la zona de punción.

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