¿Inseguridad corporal? Supérala con estos consejos

Valeria Sabater·
16 Abril, 2020
La inseguridad corporal es la falta de aceptación de uno mismo expresado en ese lenguaje no verbal que se transmite en los gestos.
 

La inseguridad corporal es la falta de aceptación de uno mismo, expresada en el lenguaje verbal y no verbal que, además, genera una baja autoestima.

Este es un problema que afecta a gran parte de la población, en mayor o menor medida, ya que todas las personas tienen alguna parte de su cuerpo que no les agrada y que les limita un poco en su cotidianidad y relación con otros.

Sin embargo, cuando ese disgusto es tan grande que genera un cambio radical en el estilo de vida, limitándolo desde varios puntos de vista, comienza el verdadero problema.

La inseguridad corporal, la cárcel de la autoestima

No aceptar nuestro cuerpo causa inseguridad corporal

La inseguridad corporal puede limitar por completo la autonomía y afectar la autoestima. Así pues, muchas situaciones cotidianas pueden parecer una auténtica odisea en lugar de simples situaciones cotidianas, transitorias, sin tanta importancia.

Para entender mejor esto, imagina el siguiente escenario: a una persona no le gusta su cabello. Considera que lo tiene demasiado rizado y que no es bonito, que se ve desordenado y ‘mal’. Para ir a la compra o a hacer cualquier diligencia fuera de casa, esa persona se coloca siempre una gorra para ocultar su cabello.

 

Si bien podrá ir a muchos establecimientos con gorra, el día que quiera entrar a ciertos sitios (restaurantes, por ejemplo), puede que le pidan que se la quite. Entonces se sentirá tan incómoda que querrá marcharse, y probablemente lo haga.

Sin darse cuenta, esa persona se ha autolimitado y se ha puesto una gran barrera delante, que le impide desenvolverse con soltura y disfrutar de su vida.

La inseguridad corporal no solo se manifiesta con cuestiones como el cabello, a menudo también se manifiesta por la piel, el peso, la estatura y muchos otros aspectos. Sin embargo, en todos los casos, la persona se ve perjudicada. 

¿Cómo saber si una persona tiene inseguridad corporal?

La inseguridad corporal se traduce en un tipo de lenguaje no verbal muy característico que se suele identificar de inmediato:

  • Posición corporal autoprotectora: brazos y piernas cruzadas, falta de confianza a la hora expresarse, de moverse, de actuar.
  • Contacto visual escaso (lo evita en general o bien no lo mantiene).
  • Pequeños gestos varios (para ocultar aquello que desagrada y que causa malestar ‘para que otros tampoco lo vean’).
La inseguridad corporal, la cárcel de la autoestima
 

Las razones detrás del rechazo al cuerpo

La presión social del entorno influye. Por ello, en ocasiones, no basta con tener un buen autoconcepto de uno mismo. Hay personas que se sienten bien tal y como son, hasta el momento en que, al iniciar una relación de pareja, la otra persona empieza a criticar su cuerpo, formas y estilo.

A partir de ello, casi sin querer, se puede acabar desarrollando inseguridad corporal por presiones externas. De igual manera el entorno familiar puede afectar. La educación y el modo en que la familia ha fomentado la autoaceptación determina, sin duda, esa armonía mente-cuerpo que toda persona necesita.

El modo en que una persona interpreta entiende y valora su cuerpo se reflejará en su comportamiento e, incluso, en su estilo de vida. Por ello es tan importante aprender a conocerse, valorarse y quererse, digan lo que digan los demás.

¿Cómo superar la inseguridad corporal?

Por tener una valoración negativa del físico, la autoestima y el autoconcepto pueden verse dañados. Eso hace que el cuerpo se convierta en la cárcel del bienestar emocional.

A la hora de superar cualquier inseguridad es necesario, por encima de todo, establecer un diálogo interior, reformular ideas y desechar todo aquello que vete el propio equilibrio y el crecimiento personal.

Quitándole valor a las críticas o comentarios despectivos

Las críticas provocan inseguridad corporal
 

En ocasiones, quien más cerca está es quien más daño puede hacer. Por ello, hay que empezar a establecer prioridades. Quien te quiere, no te infravalora ni te humilla por tu físico.

De hacerlo, debes empezar a analizar si esa persona merece seguir en tu vida. Tú sabes cómo eres, las valoraciones que otros hagan de ti son su opinión y no te definen. Eres tú quien te defines a ti mismo.

Descubre: ¿Por qué es tan importante la inteligencia emocional?

Dejando las comparaciones de lado

Puedes ojear las revistas de moda, puedes admirar a los modelos, a esa amiga o a ese primo que tiene una figura ideal, pero ¿qué necesidad hay de ser como ellos?

Si todos en este mundo tuviéramos el mismo aspecto seríamos criaturas ‘en serie’, sin ese detalle especial, sin esa variabilidad que nos hace únicos y dueños de nosotros mismos.

Si no nos aceptamos tal y como somos, no nos aceptaremos como personas válidas para ser felices, y favorecer nuestro crecimiento personal.

Otras claves para aprender a gustarte más:

  • Mírate al espejo e invierte más tiempo en lo que sí te gusta de ti mismo y trata de potenciarlo. De esta manera, no gastarás tanto tiempo y energía ocultando aquello que te disgusta. Evidentemente, esto será una labor diaria, no una cuestión puntual.
 
  • Realiza actividades físicas que te permitan cuidarte y potenciar tu bienestar, tu calma y tu autoestima. Algo tan sencillo como caminar, tomar clases de baile o de yoga te ayudara a relajarte y deshinibirte.
  • Mantén conexiones sanas y positivas. Toma distancia de las personas que no te permitan crecer y disfrutar de ti mismo y quédate con quien sí te ayude a hacerlo y a ser mejor.
  • Encuentra el estilo de ropa y peinado que más te favorezca y con el que no solo te veas sino que te sientas bien.
  • Si consideras que necesitas ayuda, solicítala. Un psicólogo siempre podrá ayudarte a avanzar y a tomar las riendas de tu vida.

El proceso de luchar y vencer la inseguridad personal requiere tiempo, voluntad y esas estrategias que, día a día, puedes ir aplicando para sentirte mejor y alcanzar tu equilibrio y bienestar. ¡Ánimo, vale la pena!