Insuficiencia renal crónica

María José · 17 diciembre, 2017
La insuficiencia renal crónica es una enfermedad emergente, asociada a patologías muy frecuentes como la diabetes o la hipertensión.

Los riñones son dos órganos, situados en la zona baja lumbar, que forman parte del sistema urinario. Estos se sitúan a ambos lados de la columna vertebral y están irrigados por las arterias renales. Por otra parte, es interesante saber que, anatómicamente, el riñón izquierdo se encuentra en íntima relación con el páncreas.

Los riñones están conectados por medio de los uréteres con la vejiga, que a su vez conecta con la uretra. Entre sus funciones principales se encuentran:

  • La excreción de sustancias de desecho a través de la orina.
    • Las sustancias de desecho son aquellas de constitución química que se expulsan después de la nutricion y el metabolismo.
  • La regulación del pH.
  • La regulación del equilibrio ácido base.
  • La producción de eritropoyetina.
  • La síntesis de vitamina D.

¿Qué es la insuficiencia renal crónica?

Qué es la insuficiencia renal aguda

La insuficiencia renal crónica se caracteriza por el deterioro progresivo de todas las funciones renales. Esto se debe a una pérdida progresiva e irreversible de nefronas funcionantes, que hace que se reduzca permanentemente el filtrado glomerular. Las causas más frecuentes de insuficiencia renal crónica son las siguientes:

La insuficiencia renal crónica no tiene manifestaciones clínicas hasta que la pérdida de nefronas no supera el 70% del total; ya que en las nefronas intactas se producen una serie de cambios compensatorios. Estos cambios favorecen la filtración glomerular y otras funciones tubulares.

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Cambios adaptativos

  • Hiperfiltración glomerular. De entrada, hay un aumento del tamaño de los glomérulos que supone un aumento de la superficie de filtración. Todo ello condiciona una situación de hiperfiltración. Por un lado, determinadas sustancias como la urea y la creatinina no se acumulan hasta que la enfermedad está avanzada. Por otro lado, el exceso de actividad daña las nefronas sanas.
  • Aumento de la secreción de potasio.
  • Incremento de la excreción de hidrogeniones.
  • Disminución de la absorción de sodio, agua y fosfatos. 

Progresión

riñon

El resultado final es la esclerosis renal. Esta se produce cuando, de manera progresiva, se dañan también las nefronas que estaban intactas. El tejido vascular normal se sustituye por tejido conjuntivo, se produce fibrosis intersticial y la atrofia de los túbulos renales.

Ver también: ¿Qué es la litiasis renal?

Manifestaciones clínicas

En primer lugar, ocurre un aumento de la orina (poliuria) y necesidad de orinar por la noche (nicturia), al disminuir la reabsorción de agua. Esto provoca un aumento de los niveles plasmáticos de urea y creatinina. Entonces, aparece el síndrome urémico, consecuencia de la retención de toxinas al disminuir el filtrado glomerular < 15 ml/min. La urea acumulada es la responsable de varios síntomas:

  • Náuseas
  • Vómito
  • Pérdida del apetito.
  • Aparición de fetor urémico (mal aliento).
  • Alteraciones del estado de conciencia (letargia, somnoliencia).
  • Hiperpigmentación de la piel, por acumulación de urocromos.

Además, como consecuencia de la pérdida de las funciones renales, se produce lo siguiente:

  • Anemia
  • Trombopenia.
  • Hemorragias.
  • Hipertensión arterial.
  • Retención de líquidos
  • Edemas.
  • Derrame pleural.
  • Acidosis metabólica.
  • Osteodistrofia renal.

¿A quién afecta la insuficiencia renal crónica?

A quién afecta la insuficiencia renal crónica

La prevalencia de la enfermedad es del 15% a los 60 años, mientras que a los 84 años de edad se sitúa en torno al 50%. En este sentido, la insuficiencia renal crónica es más frecuente en mujeres que en hombres. Aún así, en la franja de edad de 60 – 65 años, las diferencias son poco significativas.

La diabetes, la hipertensión y otras patologías cardiovasculares son factores predisponentes. Entre todos ellos, se ha comprobado que la hipertensión es el factor más asociado con el daño renal. También, el consumo de tabaco y la obesidad guardan relación con el desarrollo de un fallo renal crónico.

Diagnóstico

Qué es la insuficiencia renal crónica

Para poder emitir un diagnóstico, lo primero que se debe hacer es revisar la historia del paciente. Para ello, es importante hacer hincapié en la posible existencia de enfermedades concomitantes (hipertensión arterial, diabetes mellitus, entre otras).

Posterior a la evaluación del historial clínico, se debe llevar a cabo una revisión física del paciente para poder evaluar qué condiciones presenta y cuáles no. En función de las condiciones, se deben solicitar analíticas de laboratorio, ya que estas permiten obtener los valores necesarios para poder completar la evaluación. En este tipo de pruebas debe prestarse atención a lo siguiente:

  • Analíticas. En estos casos puede objetivarse un ascenso gradual de los niveles de creatinina y urea en sangre. En una insuficiencia renal aguda, los niveles aumentan de manera repentina.
  • Ecografía renal. En ella puede verse una disminución del tamaño del riñón enfermo.

Tratamiento

Tratamiento (3)

En primer lugar, es fundamental mantener controladas todas las posibles enfermedades concomitantes. En las primeras etapas, sirve como método preventivo. En las etapas finales, es parte de la terapéutica, que intenta evitar el progreso a un estado terminal.

El control de la presión arterial se realiza mediante inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) o antagonistas del receptor de la angiotensina (ARA) ya que son los dos tipos de fármacos que ralentizan la enfermedad.

  • Dieta hipoproteica. Retrasa la aparición de los síntomas del síndrome urémico. Estas dietas deben ser manejadas con cuidado por especialistas, nunca deben hacerse libremente, ya que existe riesgo de desnutrición.
  • Aporte de vtamina D y de eritropoyetina (EPO).
  • Puede ser necesario implantar un tratamiento para eliminar los fosfatos acumulados.

Todas estas medidas están destinadas a evitar la fase terminal, en la que es necesaria la terapia de sustitución renal. Una vez alcanzada, estos pacientes deben ser sometidos a diálisis, en espera a un trasplante si es candidato.

Hemodiálisis

Esta técnica, básicamente, consiste en emplear una máquina como sustituta del riñón. Dicha máquina filtra la sangre, la limpian, y se devuelve al organismo. Si bien de cara al pronóstico no es una mala opción, la hemodiálisis afecta notablemente la calidad de vida de los pacientes. De hecho, muchos de los pacientes sometidos a diálisis desarrollan ansiedad o depresión reactivas.

La diálisis obliga al paciente a trasladarse al hospital de manera continua. Por ello, la vida laboral, social y familiar de estas personas acaba muy resentida. Las tasas de depresión, ansiedad y otros problemas, como el síndrome del cuidador, son relativamente frecuentes en las personas encargadas del cuidado de estos pacientes.

La vida sexual de estas personas acaba viéndose muy afectada. En las mujeres, puede llegar a provocar anorgasmia. En los hombres, puede incluso provocar disfunción eréctil.

Trasplante

Esta es una mejor opción que la diálisis. Si bien entraña más mortalidad, evidentemente, el pronóstico es bueno. De hecho, los últimos estudios realizados han demostrado que se revierte la disfunción eréctil.