Juzgar a una persona no define quien es ella… Te define a ti

Valeria Sabater 27 junio, 2016
Si no queremos que hagan lo mismo con nosotros no deberíamos juzgar a los demás sin un conocimiento previo. Los prejuicios a veces pueden hacer que nos quedemos sin conocer a personas maravillosas

Juzgar a los demás es el deporte de moda. Ahora bien, en cierto modo, es algo que todos hacemos casi inconscientemente.

Emitimos juicios sobre todo lo que nos rodea, porque así mantenemos cierto control sobre cada aspecto bajo una etiqueta.

“Esto es bueno, esto es malo, de esta persona me puedo fiar, de esta otra mejor me alejo…”

Es muy común caer en los estereotipos y en esos heurísticos construidos antes de tiempo, antes de ahondar un poco más en lo que tenemos delante para hacer el esfuerzo de ponernos en la piel ajena.

Queda claro que no todo el mundo actúa de este modo, que hay quien evita emitir juicios porque a su vez, no desea ser juzgado por los demás, y ello es lo que deberíamos poner en práctica siempre, para construir así una sociedad más armónica y tolerante.

Te invitamos a reflexionar sobre ello en nuestro espacio.

Juzgar, un arma de doble filo en la que no deberíamos caer

Solo por hoy, no juzgues; solo por hoy deja que tu mirada atienda el mundo con calma y sin prejuicios, y limítate a “ser” y a “dejar ser”.

Sería, sin duda, muy adecuado que todos nosotros intentáramos practicar este sencillo consejo cada día. De este modo, nuestras relaciones serían más respetuosas y crearíamos menos conflictos.

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Ahora bien, el problema esencial es que nuestro cerebro social se rige muchas veces por la necesidad de obtener una información muy rápida sobre las cosas y las personas.

Clasifica toda la información y estímulos en categorías, y estas se relacionan, a su vez, con nuestra personalidad y experiencias previas.

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  • Pongamos un ejemplo. Cuando ibas al colegio había una profesora que te trataba mal y que hizo de tus años escolares un pequeño “infierno”.

A día de hoy sigues recordando su expresión, su rostro y su voz, de manera, que cuando te encuentras a otra mujer que se le parece, proyectas sobre ella un alto rechazo.

  • Muchas de nuestras experiencias previas e incluso aspectos de nuestra personalidad nos van a hacer que etiquetemos a todos aquellos que nos rodean según esquemas propios que no siempre se ajustan a la realidad.

Por ello, el acto de “no juzgar”, de acercarnos a las personas si emitir ningún juicio precipitado requiere, sobre todo, un esfuerzo de calma.

Nos obliga a controlar ese “botón automático” que tiene nuestro cerebro a la hora de categorizar en heurísticos todo lo que ve.

Sé sabio: si juzgas, también te estás juzgando a ti mismo

Si evitas relacionarte con tus vecinos porque son de otra raza o pertenecen a otra cultura, en realidad, cada juicio que emitas te estará definiendo a ti. Definirán a una persona racista y con la mente cerrada.

El hombre que juzga a una mujer solo por la medida de su falda, también se está juzgando a sí mismo, a su machismo.

  • Cada vez que emitamos un juicio sobre alguien sería adecuado que pusiéramos en práctica un ejercicio de reflexión: ¿Por qué pienso esto? ¿Por qué digo, por ejemplo, que ese chico me va a caer mal solo porque lleva los pantalones rotos y un tatuaje?
  • Sé sabio, actúa con calma, mesura y equilibrio e intenta ver las cosas de forma neutra hasta que no las vivas en piel propia, hasta que seas conocedor de cada detalle y de cada aspecto para juzgar con más acierto. Nunca antes.
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No te bases en trivialidades a la hora de juzgar, básate en realidades

Es importante matizar aquí que todos tenemos pleno derecho a mantener y defender nuestros propios juicios sobre todo lo que nos envuelve. Ahora bien, los juicios deben estar basados en realidades, nunca en trivialidades.

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  • Cuando conozcas en profundidad a una persona ya dispondrás de esa sabiduría de la que solo nos dota la experiencia para decidir si nos agrada o no, si se ajusta o no a nuestras expectativas.
  • Hemos de tener en cuenta que quien gusta basarse solo en trivialidades a la hora de juzgar se estará perdiendo cosas maravillosas de la vida.
  • Si juzga como antipático a su compañero de trabajo solo por su aspecto, puede que esté perdiendo la oportunidad de conocer a alguien excepcional.
  • Quien juzga un país o una determinada ciudad como sucia, peligrosa o poco moderna, es posible que se esté perdiendo la mejor experiencia de su vida al negarse a conocer un lugar que puede resultar asombroso si nos permitimos ir con la mente más libre, sin prejuicios.
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Las mejores cosas, las mejores personas, en ocasiones, van disfrazadas con corazas tan corrientes que nos despistan.

Solo quienes se acerquen sin juzgar y con el corazón abierto serán dignos de conocer aspectos realmente apasionantes de lo que nos envuelve.

 

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