¿La abundancia depende del estado interior? Descubre cómo lograrla

Elena Martínez 10 septiembre, 2018
La abundancia no consiste en acumular objetos materiales, sino experiencias y bienestar, y en lograr un equilibrio y una paz interior que nos ayuden a vivir con plenitud

La gran mayoría de las personas asociamos la abundancia con la riqueza material. Con poseer propiedades, coches, dinero y un estilo de vida paradisíaco. Una vida de ficción más propia de una falsa idea de felicidad, proyectada por el sistema capitalista. En este artículo te ofrecemos una visión de la abundancia que solo depende del estado interior.

El sistema de consumismo en el que hemos basado nuestras vidas nos hace ser prisioneros del deseo, de la necesidad de poseer cosas. De hecho, como si el estado de bienestar solo dependiera de la cuenta bancaria. Te proponemos esta reflexión, una introspección que te lleve a cuestionar si realmente el dinero nos hace más felices.

Menos es más

la abundancia y la sencillez

Hay una frase que resume a la perfección el concepto equivocado que tenemos sobre la abundancia. No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. ¿Acaso vemos a un niño tener preocupaciones materiales cuando se divierte con algo sencillo?

Por otra parte, si construimos toda nuestra realidad con base en las posesiones es más posible que su pérdida nos cause mayor sufrimiento. Tener apegos materiales nos convierte en esclavos de lo que creemos poseer. Y es el objeto quien acaba siendo nuestro dueño.

Las cosas no valen dinero, cuestan tiempo

Siempre hemos pensado que cada objeto tiene un valor determinado. Y pasamos horas, meses e incluso años ahorrando para comprar eso que “necesitamos”. Trazamos un objetivo material, en el que depositamos nuestra esperanza.

Creemos que poseyendo ese objeto seremos más felices. Y entramos en una rueda sin final, donde detrás de una compra le sigue otra.

Pero, si reflexionamos, no pagamos con dinero. El precio real de las cosas es el tiempo que tenemos que trabajar para conseguirlas. Es decir, la moneda es nuestra propia vida.

Ponemos toda nuestra ilusión en metas materiales, como si acumular objetos y propiedades fuera sinónimo de mayor felicidad.

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La abundancia depende del estado interior

Aunque pueda parecer inverosímil y poco científico, atraemos lo que llevamos dentro. Quizá sea un concepto difícil de explicar y, más aún, de creer, pero somos como imanes.

  • La persona violenta siempre atrae escenas de ira, agresividad y pelea.
  • El codicioso siempre se rodea de intereses materiales.
  • La persona con cierto equilibrio y paz interior, desprende un halo de energía positiva que atrae esa concordia y fraternidad.

Esta energía creadora contagia vitalidad, entusiasmo y potencia las virtudes de las personas que nos rodean. Como si fuera un boomerang imaginario con el que, si lanzamos bien, recibimos bien. O, al contrario y como dice un refrán, quien siembra viento, cosecha tempestades.

Por lo tanto, es una opción muy inteligente estar en paz con uno mismo, evitar comportamientos dañinos y valorar lo que se tiene.

Aceptar lo que somos

la abundancia de conocerse a uno mismo

Para progresar en lo interior es imprescindible el autoconocimiento. No podemos amar lo que no conocemos. Es necesario tomar conciencia de todas las manifestaciones de nuestra personalidad en el día a día. De este modo, podremos observar detalles de errores y aciertos en nosotros mismos. Así, podremos corregir y mejorar.

La abundancia llega cuando hay un equilibrio interior, con independencia de la cantidad de dinero que tengamos. ¿Cuántos ricos existen que jamás viven satisfechos? ¿Cuántas personas de clase media viven soñando con ser ricos?

Por lo tanto, debemos aceptar lo que somos y prosperar sin que ello se convierta en una obsesión que nos robe la vida. Porque, como se suele decir, hay gente tan pobre que solo tienen dinero.

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¿Cómo potenciar la abundancia?

La abundancia es dar las gracias por la vida, por poder respirar y tener salud para amar y vivir con plenitud. Es vivir el momento, sacar provecho de la adversidad, alegrarse cuando a tu enemigo le va bien. Saber perdonar, tener la capacidad de hablar sin miedo y de frente. Disfrutar con lo poco o mucho que se tiene.

Aprende cada día algo nuevo. Ayuda a otras personas en lo que puedas. Consuela a quien necesite un apoyo. Respeta opiniones diferentes, respeta cualquier tipo de vida. Suelta el lastre del pasado donde hubo conflicto. Calla cuando se deba estar callado y habla cuando tu instinto te lo diga.

Muéstrate como eres, fuerte o débil y, sobre todo, cree en ti.

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