La acantoamebiasis

Este artículo ha sido verificado y aprobado por José Gerardo Rosciano Paganelli el 9 enero, 2019
Alicia Romero · 25 noviembre, 2017 · Última actualización: 9 enero, 2019 9 enero, 2019
El Acanthamoeba es un género de amebas denominadas anfizoicas. Esto quiere decir que pueden vivir como amebas libres o como parásitos oportunistas y patógenos. Este género se describe en 1931 y engloba a aquellas amebas con proyecciones espinosas llamadas acantopodios.

Las acantoamebiasis consisten en infecciones parasitarias producidas por amebas del género Acanthamoeba.

Ciclo vital de Acanthamoeba

Las Acanthamoeba son protozoos muy frecuentes en la naturaleza. En efecto, se han encontrado en aire, hospitales, piscinas, agua de mar e incluso en la vegetación.

Por otra parte, su ciclo vital consta de dos estadios:

Forma activa o trofozoito.

Es la forma que toma en condiciones ambientales favorables. En esta fase, se alimenta mediante dos procesos.

  • Fagocitosis. Desarrolla pseudópodos, prolongaciones que envuelven bacterias, levaduras y algas y las introducen en su interior en vacuolas llamadas fagosomas.
  • Pinocitosis. Este es un mecanismo similar a a fagocitosis. Sin embargo, en este caso, se alimenta de nutrientes disueltos en el ambiente, formando vesículas pinocíticas.

Forma latente o quiste.

En este caso, adquiere esta forma ante situaciones desfavorables como la desecación, cambios de temperatura y pH o falta de alimento. El quiste consta de dos paredes, una interna o endocisto y otra externa o ectocisto.

Según la morfología, se distinguen tres tipos de quistes. Estos son:

  • Grupo I. Quistes de gran tamaño con el ectocisto liso o rugoso y un endocisto estrellado.
  • Grupo II. El ectocisto es grueso y el endocisto es poligonal, redondeado u ovalado.
  • Grupo III. Tanto el endocisto como el ectodisto son redondeados y ovalados.

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Formas clínicas de la acantoamebiasis

Formas clínicas de la acantoamebiasis

Estas amebas pueden vivir de forma libre o como parásitos dentro de un hospedador. Por tanto, el hombre puede ser un hospedador y los protozoos pueden entrar en él de diferentes formas:

  • Puede ser a través de los ojos, produciendo una queratitis severa.
  • Asimismo, puede ser por las vías respiratorias por inhalación, dando infecciones diseminadas o encefalitis.
  • De otro modo, por inoculación cutánea. En este caso, produce lesiones en la piel y cuadros similares a los que se producen por inhalación.

Encefalitis amebiana granulomatosa (EAG)

Esta encefalitis se asocia principalmente a pacientes inmunodeprimidos y con enfermedades crónicas. Entre las más frecuentes se encuentran las neoplasias, la cirrosis hepática, la tuberculosis y la diabetes mellitus.

En general, la susceptibilidad a esta infección viene dada por afecciones al sistema inmunológico. Sin embargo, también existen otros factores predisponentes como el consumo de alcohol y drogas.

Por otra parte, los síntomas son similares a los que aparecen en otras encefalitis. Entre ellos:

  • Coma. En casos graves, puede llevar a la muerte del paciente.
  • Fiebre.
  • Cefalea.
  • Convulsiones.
  • Náuseas y vómitos.
  • Alteraciones de la visión.
  • En algunos casos, cambios en el comportamiento o alteraciones del estado mental.

Acantoamebiasis cutánea

Acantoamebiasis cutánea

La afectación cutánea puede ser una manifestación de una afectación diseminada. Al igual que la encefalitis, aparece en pacientes inmunodeprimidos.

No obstante, la acantoamebiasis cutánea se manifiesta por nódulos eritematosos (enrojecidos) y lesiones ulcerosas dolorosas en extremidades y tronco.

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Queratitis por Acantamoeba

Las amebas pueden afectar directamente a la córnea, produciendo una clínica severa. En casos extremos, puede afectar de forma importante la visión o incluso causar la pérdida del ojo. En este caso, los factores predisponentes son el uso de lentes de contacto o traumatismos corneales.

La queratitis cursa con enrojecimiento y dolor ocular intenso, asociado a fotofobia (poca sensibilidad a la luz). Con el tiempo, se forman infiltrados llamados pseudodendritas que pueden ocasionar una ulceración corneal. Asimismo, puede asociar iritis y escleritis (inflamación del iris y de la esclerótica, capa externa del ojo).

Infección diseminada

Infección diseminada

La infección sistémica por Acanthamoeba se asocia a pacientes con inmunosupresión importante, como por ejemplo enfermos de SIDA.

En este sentido, también está relacionada con el uso de fármacos inmunosupresores, como en la radioterapia, quimioterapia y corticoides. Asimismo, se asocia a trasplantes de órganos.

Estas infecciones tienen gran importancia y gravedad en pacientes inmunodeprimidos. Además, la afectación pulmonar en forma de neumonitis o bronquiolitis es una causa de muerte importante tras un trasplante de pulmón

Diagnóstico de la acantoamebiasis

El diagnóstico se basa en confirmar la presencia de la ameba en el organismo de distintas formas.

  • Cultivo en medios no nutritivos para evitar el creciemiento de bacterias. En este caso, se caracterizan por un núcleo grande rodeado por un halo.
  • Estudio histológico a partir de biopsias de piel, córnea o cerebro en función de la localización de la infección.
  • Estudio de las secuencias de ADN de la ameba mediante la reacción en cadena de la polimerasa o PCR.

Por otra parte, el tratamiento de las acantoamebiasis consiste principalmente en antibióticos antiprotozoarios. Tales son, por ejemplo, ketoconazol, fluconazol e itraconazol.

Sin embargo, el principal problema en el tratamiento es que la forma quística es muy resistente a los antibióticos.

Además, dada la importante comorbilidad e inmunosupresión de los pacientes, su tratamiento es complicado.

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