Barrera hematoencefálica

Edith Sánchez 12 diciembre, 2017
La barrera hematoencefálica protege al cerebro de posibles infecciones víricas o bacterianas gracias su estructura física y su función metabólica.

La barrera hematoencefálica es un sistema de protección del cerebro. Impide que pasen las sustancias tóxicas desde la sangre hasta este órgano, en cuyo caso sus funciones podrían verse gravemente comprometidas. Estas sustancias químicas aparecen en la sangre tras la realización de ejercicio o tras la alimentación, pudiendo dañar el cerebro en caso de llegar a él. Precisamente por esto, el cerebro debe permanecer aislado, siendo esta la función de la barrera hematoencefálica.

El sistema nervioso central se halla fuertemente protegido como resultado de la evolución. El cráneo y la columna vertebral actúan como una carcasa. A su vez, tres membranas denominadas meninges, protegen al sistema nervioso central de posibles traumatismos.

Pese a todas estas defensas, el cerebro no está libre de peligros. Entre ellos destacan las infecciones producidas por virus, protozoos y bacterias que pueden ser transportados por la sangre. La barrera hematoencefálica se encarga de proteger al encéfalo de esos peligros.

¿Cómo funciona la barrera hematoencefálica?

El funcionamiento de la barrera hematoencefálica

La barrera hematoencefálica tiene una permeabilidad selectiva. Esto significa que permite el paso de algunas moléculas pequeñas, como el agua o los iones, e impide la entrada de otras moléculas más grandes, como proteínas. Por lo tanto, actúa como un filtro que opera entre el sistema nervioso y el sistema sanguíneo.

La función impermeable se realiza mediante un proceso físico y otro químico. El proceso físico se produce porque la barrera hematoencefálica tiene una estructura que permite filtrar. Para ello hay espacios entre sus células que permiten o impiden el paso de las sustancias.

Al mismo tiempo, la barrera hematoencefálica tiene la capacidad de desencadenar determinadas reacciones químicas, metabolizando algunas de las sustancias que llegan hasta ella. Realiza este proceso mediante el uso de transportadores y de enzimas, eliminando cualquier riesgo antes de que éste acceda al encéfalo.

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Los puntos ciegos

La barrera hematoencefálica no recubre todo el cerebro. Este órgano necesita abrirse para permitir que pasen algunas sustancias necesarias para su funcionamiento. También debe permitir que salgan algunas sustancias que produce, como hormonas y neurotransmisores.

Por lo tanto, la barrera hematoencefálica no es uniforme. Algunas sustancias pueden atravesarla por unas zonas, mientras que por otras no. En otras palabras, tiene áreas que son más impermeables que otras. Las zonas más permeables se llaman “circunventriculares” y están en contacto con las paredes del ventrículo cerebral.

Las zonas en donde no hay barrera hematoencefálica están relacionadas con el sistema endocrino y el sistema nervioso autónomo. Algunas de las estructuras que comprende son la neurohipófisis, la glándula pineal o algunas áreas del hipotálamo.

Las principales funciones

Las principales funciones

Como se mencionó anteriormente, la principal función de la barrera hematoencefálica es de protección. Fundamentalmente, evita que las infecciones virales o bacterianas afecten al encéfalo. Sin embargo, este no es el único papel que cumple. Otra de sus funciones es la del mantenimiento correcto del medio neuronal preservando la composición del líquido intersticial, que baña a las células que constituyen el cerebro.

Por otro lado, la barrera hematoencefálica también desempeña funciones metabólicas, modificando algunos elementos para que puedan pasar de la sangre al tejido nervioso sin que resulten dañinos para éste.

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Es también una barrera terapéutica

Es también una barrera terapéutica

Mientras el cerebro funcione correctamente, la barrera hematoencefálica es una garantía de salud. Su capacidad para impedir la penetración de diferentes sustancias dañinas permite que el encéfalo se mantenga intacto. Sin embargo, hay condiciones médicas y psiquiátricas en las que esta barrera se convierte en un problema.

Buena parte de los medicamentos que sirven para tratar diferentes dolencias o infecciones en el organismo, no pueden emplearse para tratar un problema en el cerebro. Esto se debe a que esta barrera los bloquea. En enfermedades como el parkinson y en algunas demencias y tumores, esto supone un gran problema. Las medicinas que podrían paliar dichas enfermedades encuentran una gran resistencia en la barrera hematoencefálica.

La ciencia ha logrado superar parcialmente esta dificultad. Un ejemplo de ello es la inyección directa del medicamento en el líquido intersticial. También se utilizan los órganos circunventriculares como vías de acceso. En ocasiones se emplean microburbujas guiadas por ultrasonido. De cualquier modo, la barrera hematoencefálica limita la eficacia de tales métodos, pero es imprescindible para evitar perjuicios mayores.

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