La cortesía es el perfume de la vida, el reflejo de la generosidad

4 agosto, 2016
Nuestra cortesía no solo revierte en los demás, sino que también nosotros nos beneficiamos de ella a nivel emocional, porque nos ayuda a estar en armonía con lo que nos rodea

La cortesía es, por encima de todo, un valor personal. Si bien es cierto que, de niños, a todos nos enseñan unas normas básicas de cortesía y convivencia, la clave para que estas sean efectivas y útiles es siendo conscientes de ellas para practicarlas con autenticidad.

Se necesita voluntad.

La cortesía es sinónimo de amabilidad así como de reconocimiento hacia la otra persona. Es, por tanto, una forma de respeto universal que todos deberíamos practicar para disfrutar de unas mejores relaciones interpersonales.

Hoy en nuestro espacio te proponemos tener en cuenta esta dimensión imprescindible.

La cortesía, un modo de aportar energía positiva

Algo de lo que todos nos hemos dado cuenta es del poder que encierran los pequeños gestos positivos del día a día. Un “gracias” un “¿cómo estás?” o un “cuídate mucho” son esos rituales que tanto nos ayudan a conectar los unos con los otros.

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Además, otro aspecto que señalábamos al inicio es que sin intencionalidad nada de esto sería posible. Porque para reconocer a nuestros semejantes se necesita cierta sensibilidad.

Se necesita cercanía y la clara intención de conferir respeto, sabiendo qué necesidades presentan los demás.

A continuación, te invitamos a reflexionar acerca de unas dimensiones muy concretas sobre el tema.

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Por qué hay personas que carecen de cortesía

La cortesía es algo más que simples buenas costumbres que nos enseñan desde la niñez. Son aspectos que van más allá de dejar pasar antes de entrar, de dar las gracias, de ceder el asiento o de escuchar antes que hablar…

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Podríamos decir que esta dimensión es, por encima de todo, un valor personal que no todo el mundo practica con autenticidad.

  • Aquel que no es cortés no empatiza con sus semejantes. Además, es común que se priorice a sí mismo, en una actitud orgullosa o desafiante.
  • La cortesía es una estrategia que nos permite adaptarnos mejor a nuestros contextos. La personalidad que carece de educación pretende que sean los demás quienes se adapten a ella.

Pier Massimo Forni es doctor y profesor en la Universidad John Hopkins de Baltimore (Estados Unidos).

Entre sus muchos estudios relacionados con el comportamiento social, destaca su obra “Choosing Civility: The 25 Rules of Considerate Conduct” (“Elegir el civismo: las 25 reglas del comportamiento considerado”).

Según el doctor Forni, la falta de cortesía desemboca a veces en distintos tipos agresividad social. Además de ello puede existir –en algunos casos– problemas psicológicos o una clara falta de madurez emocional.

Tipos de cortesía

Resulta curioso, pero existen dos tipos de cortesía muy concretas. Stephen Levinson es un científico especializado en relaciones sociales que distinguió dos maneras en que podemos mostrar esta dimensión:

  • Cortesía negativa: Está relacionada con la deferencia y la usamos a través de frases como “si a usted no le importa” “si a ti no te molesta que yo haga esto”…
  • Cortesía positiva: En esta dimensión se busca, por encima de todo, establecer una relación positiva con quienes nos rodean.

La cortesía positiva va más allá de la simple deferencia. Se cuida el lenguaje, los gestos y los actos, porque queremos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás.

Porque es así como nos sentimos bien, es lo que somos y en esta conducta no hay intereses ocultos.

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La cortesía y las personas afables

Seguro que, en alguna ocasión, te habrás sorprendido al encontrarte con una persona desconocida, que actuaba con exquisita afabilidad, ofreciéndote ayuda o apoyo de forma espontánea.

  • En un primer momento nos sentimos sorprendidos ante estos comportamientos. Pensamos que buscan algo a cambio. Creemos que esa espontaneidad y nobleza tan acogedora no es normal.
  • Sin embargo, lo es. Las personas amables, afables y caracterizadas por una apertura emocional auténtica existen y hacen de este mundo un escenario mucho mejor.

Estas serían algunas sencillas conductas que nos ayudarían a ser una de ellas. Una persona afable y auténtica:

  • Usar un lenguaje respetuoso donde se perciba la apertura emocional: yo entiendo, yo comprendo…
  • Mostrar un interés real, preocuparnos por si alguien está bien y por si podríamos hacer algo por mejorar su situación o estado de ánimo.
  • Actuar con sinceridad. En ocasiones la cortesía cae en esa condescendencia que deriva en la falsedad. Damos las gracias, los buenos días y preguntamos por ciertas cosas por simple obligación, no por interés real.
  • Hemos de tener en cuenta que la falsedad siempre se nota, se percibe.
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Para ofrecer cortesía, respeto y reconocimiento a los demás debemos estar bien emocionalmente. Es muy complicado ofrecer empatía y optimismo cuando lo que sentimos, por ejemplo, son resentimientos.

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Aunque queda claro que no todos los días estaremos al mismo nivel, lo más adecuado es trabajar cada día nuestro equilibrio personal y emocional. Solo cuando nosotros estemos bien, daremos lo mejor de nuestra esencia a los demás.

Nuestra energía positiva.

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