La crianza moderna pone una camisa de fuerza a los niños

Raquel Lemos · 16 marzo, 2017
Lejos de ser positiva para ellos, con la crianza moderna lo que hacemos es poner barreras al crecimiento de nuestros hijos, que el día de mañana no sabrán desenvolverse solos

La crianza moderna se encarga de analizar y organizar cada detalle de la vida de los más pequeños. No hay margen para improvisar, disfrutar o vivir como un verdadero niño.

Es verdad que los niños aprenden mucho más rápido. Es una etapa fundamental para retener muchas cosas que les servirán en el futuro.

Sin embargo, hay algo que es mucho más importante: ser feliz.

La crianza moderna limita

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En la crianza moderna son los padres los máximos responsables de que los hijos no disfruten plenamente de su infancia.

Mediante clases extraescolares tediosas, a través de la terrible rutina, los más pequeños aprenden pronto lo que es tener responsabilidades, un horario marcado y poco (o nulo) tiempo de ocio.

Se prima la educación o, más bien, la interiorización de conceptos, mientras se deja de lado el desarrollo de la persona.

Los niños no se aburren, es verdad; sin embargo el aburrimiento, el juego y tener tiempo para perderlo son tres cosas que los adultos ven mal, pero que permiten desarrollar la creatividad.

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Una creatividad que, tal vez, le demanden a los hijos el día de mañana en su trabajo. Una cualidad muy bien vista y, hoy día, muy necesaria.

No obstante, si desde muy corta edad todo son normas y organización, si no juegan ahora, ¿cuándo lo harán?

Las características de los padres que asfixian

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Como padres, a veces no nos damos cuenta de que estamos haciendo que los niños vivan tal y como nosotros lo hacemos. ¿Tan pronto hemos olvidado nuestra propia infancia?

Por esto, es importante que hagamos un poco de autocrítica, para identificarnos con este tipo de padres que asfixian, que ahogan y que organizan el día a día o la propia vida de sus hijos.

  • Controlan la vida de sus hijos. A esta hora tiene fútbol, a la otra clase de inglés, a las seis la merienda… No hay margen para no saber qué hacer, para distraerse y no pensar en nada.

Todo está organizado, hasta lo más mínimo.

  • Se olvidan de los sueños de sus hijos. No importa lo que ellos quieran. Se deben amoldar a lo que sus padres desean.

Por ejemplo, poco interesa si no le gustan esas clases de guitarra. Como uno de los progenitores no pudo en su día estudiar este instrumento, hace que su hijo cumpla su propio sueño.

  • Los valores se convierten en doctrinas sobre las que no se puede dudar ni reflexionar. Estos padres no toleran que sus hijos piensen de forma diferente a ellos.
  • Los hijos no se ven como personas, sino como posesiones valiosas que hay que moldear a su imagen y semejanza para que sean exitosos el día de mañana.

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La libertad de los más pequeños

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Debemos permitir que los niños sean libres. Que investiguen, que potencien su curiosidad. También que puedan aburrirse, distraerse, jugar y aprender de sus relaciones con los demás.

Si hay algo que jamás deberíamos hacer es impedir que el niño piense por sí mismo, que crea que todo lo que le decimos es cierto y que no pueda reflexionar ni tener una opinión contraria.

Si hay algo que como adultos sabemos es que el mundo no es visto de igual manera por todos y que la diversidad de puntos de vista y de opiniones lo enriquece.

No busquemos criar hijos perfectos. Dejemos que nuestros hijos se equivoquen, que aprendan de sus errores, que se caigan y se levanten, que descubran lo que les gusta y lo potencien.

Pero, sobre todo, démosles mucho amor a nuestros hijos, pasemos tiempo de calidad con ellos y hagamos cosas divertidas.

Nunca echemos una ilusión o un sueño abajo por nuestras creencias y prejuicios. Si tu hijo quiere hacer ballet, ¡permíteselo! Si desea cantar o montar a caballo, que lo haga.

No estamos para limitarlos, eso no sirve de nada. Tienen que experimentar y vivir lo máximo posible.

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Quién sabe lo que les deparará el futuro. Sí sabemos lo que les deparará el presente. Un lugar lleno de amor, comprensión, divertimento y alegría.

No asfixiemos a nuestros hijos. No practiquemos la crianza moderna. Permitámosles ser libres.