La dieta baja en sal ¿es siempre saludable?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la pedagoga en educación física Elisa Morales Lupayante el 22 enero, 2019
Francisco María García · 22 enero, 2019
A continuación te explicamos cuándo sí y cuándo no es recomendable llevar una dieta baja en sal.

La sal es un elemento controvertido. Como el azúcar, su consumo excesivo suele relacionarse con un número importante de afecciones de salud, de peligrosidad alarmante. Una dieta baja en sal es saludable, pero ¿lo es para todos los casos?

Durante años, los médicos de todas partes del mundo han recomendado limitar el consumo de sal. Especialmente a aquellas personas con problemas de presión arterial alta o insuficiencias cardíacas. Sin embargo, en la actualidad esas consideraciones ya no gozan de unanimidad.

La sal: un elemento necesario

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Además de dar sabor a los alimentos, la sal es una fuente importante de sodio. El sodio es uno de los responsables de regular la cantidad de líquidos presentes en el organismo. Además, participa en la transmisión de los impulsos nerviosos. Así, este macromineral no debe tomarse en exceso, pero resulta imprescindible para lograr una buena nutrición.

Los primeros síntomas de la deficiencia de este mineral en el cuerpo humano —hiponatremia— son la apatía y la debilidad. Además, si los niveles no se normalizan, los problemas recrudecen:

  • Desvanecimiento.
  • Baja presión arterial.
  • Colapso del sistema circulatorio.
  • Estado de shock.
  • Finalmente, puede provocar incluso a la muerte.

Cabe señalar que una dieta baja en sal puede ayudar a impedir los efectos nocivos del sodio en el organismo.

Ver también: tips para reducir el consumo de sal

El exceso de sodio por lo general no proviene de la sal

Se estima que, en promedio, una persona obtiene el 75% del sodio mediante el consumo de alimentos no elaborados en casa. Por ejemplo: alimentos enlatados, embutidos, harinas industriales, golosinas, lácteos —como el queso y la mantequilla— y otros.

La sal que se utiliza para condimentar las comidas al momento de su cocción, solo aporta el 6% de este macromineral, aproximadamente.

Los 3 minerales clave

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Existe una discrepancia acerca de la validez de las dietas hiposódicas. Por una parte, se considera que las dietas hiposódicas son perjudiciales para la salud —especialmente para las personas hipertensas o con enfermedades cardíacas—, mientras que otras posturas insisten en que el problema no se concentra en los niveles de sodio en la sangre.

De acuerdo a la opinión de la mayoría de los expertos, la deficiencia de otros tres minerales es lo que resulta perjudicial para el organismo. Dichos minerales son: el magnesio, el potasio y el calcio.

Los especialistas señalan que estos tres componentes equilibran las sales en el cuerpo. Además, favorecen las funciones depurativas de los riñones.

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Desventajas de la dieta baja en sal

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En pacientes con afecciones renales, cardíacas o simplemente hipertensas una de las primeras medidas a tomar, por parte de los médicos tratantes, es reducir al mínimo la ingesta de sal. La finalidad es reducir los niveles de sodio en la sangre para mejorar las funciones del organismo. También se restringe el consumo de algunos alimentos como lácteos (principalmente quesos) y harinas refinadas, entre otros.

En líneas generales, los especialistas ordenan adoptar regímenes alimenticios hiposódicos, en los cuales se limita el consumo de sodio a menos de 2,3 gramos al día. Incluso hay algunos médicos y expertos en nutrición que fijan el límite todavía más abajo, en un máximo de 1,5 gramos al día.

Todos están de acuerdo en que el exceso de sodio es perjudicial para la salud. Sin embargo, no todos comparten la idea de eliminar la sal del menú.

Evitar los excesos

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En general, es preciso evitar todo tipo de excesos. Las comidas sin sal no tienen el gusto adecuado. Pero la sal en exceso resulta perjudicial para cualquier persona.

Para prevenir cualquier tipo de enfermedades —no solo las relacionadas con el funcionamiento del corazón—, siempre se debe mantener una dieta balanceada. Aunque no siempre una dieta baja en sal.
Más allá de consideraciones especiales, se debe procurar limitar en lo posible el consumo de productos enlatados y precocinados, así como los elaborados con harinas refinadas.

Al mismo tiempo, se recomienda incluir cinco raciones de fruta diarias como: ciruela, manzana y melocotón. Todas estas son fuentes naturales de sodio. Las frutas y verduras deben ser la columna vertebral de nuestra nutrición, así como las proteínas animales. En este sentido destacan el pollo, el pescado y la carne roja.

Por último, cabe mencionar que llevar una dieta baja en sal no quiere decir que renunciemos al sabor. Así, quienes se deciden reducir el consumo de sal, pueden recurrir a condimentos y especias como la pimienta, pimentón, laurel, romero, albahaca, entre otros. Por otra parte, también se puede optar por la cebolla y el ajo para sazonar y potenciar los sabores de las comidas.