La distancia más larga entre dos personas es un malentendido

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Bernardo Peña el 15 diciembre, 2018
Para evitar el malentendido debemos tomar distancia de la situación, en la medida de lo posible, y percibirla como si nos fuera ajena para hacer una interpretación lo más objetiva posible

Desgraciadamente, es frecuente dejar que un malentendido empañe nuestros sentimientos. Malentendidos con personas que nos han acompañado en algún momento de nuestra vida. Como consecuencia, el mundo está lleno de individuos que esperan que regresen aquellos a los que dejaron ir. Así como de gente que no se atreven a regresar aunque lo desea.

Un malentendido se genera del conflicto respecto a las intenciones. A la forma de comunicarse y a la manera de comprender la realidad. Así, tal y como hemos escuchado en alguna ocasión:

“Entre lo que pensamos, lo que queremos decir, lo que creemos decir, lo que decimos, lo que queremos oír, lo que oímos, lo que creemos entender y lo que entendemos… Existen ocho posibilidades de no entenderse”.

Por culpa del orgullo

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Un malentendido puede llegar por culpa del orgullo, el cansancio y la falta de confianza. Tanto con los demás como en uno mismo. Este cóctel de variables hace que, llegado el momento, malinterpretemos un tono de voz o unas palabras ambiguas. De esta manera, nuestros sentidos perciben como hostil lo que en realidad no tiene ese tinte. Para evitarlo, hace falta que nos concienciemos sobre la importancia de no sacar conclusiones antes de tiempo.

Habitualmente los conflictos se ven más menos graves con la cabeza fría. Por lo tanto, así evitamos que el orgullo obnubile nuestra razón. Además, que emociones como el enfado o la ira enturbien nuestra reacción ante el malestar.

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Diferenciar el orgullo y la dignidad

Siguiendo en la misma línea de razonamiento, es importante diferenciar el orgullo y la dignidad. El orgullo es en sí mismo negativo y egoísta. Mientras tanto, la dignidad es el fundamento del respeto. Es decir, el orgullo prima en exceso la consideración de las opiniones, creencias o sentimientos propios. Sin embargo, la dignidad busca un equilibrio que establezca ciertos límites emocionales que protejan el “yo”.

No obstante, no siempre es fácil distinguir las actitudes de dignidad y de orgullo. Así, mientras que la dignidad pretende manejar un equilibrio e igualdad entre opiniones, sentimientos y comportamientos, el orgullo busca quedar por encima.

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El logro del entendimiento

Como venimos destacando, no es fácil entenderse cuando nuestras motivaciones comunicativas responden a diferentes realidades. Podemos estar repitiendo una y otra vez lo que pensamos o sentimos. Sin embargo, la persona que tenemos de frente no capta lo que pretendemos transmitir. El logro del entendimiento consiste en que la otra persona capte lo que realmente quieres decir.

Eso no significa que la persona receptora en cuestión sea mala. Sino que, simplemente, tiene un lugar distinto al nuestro. Por lo tanto, una perspectiva muy distinta. Como es natural, cada parte busca reafirmar sus sentimientos, opiniones y creencias y esto, mal gestionado, supone un obstáculo a la hora de favorecer un entendimiento.

Así, dado que no podemos controlar el 100% de las variables que influyen en una buena comunicación, siempre será bueno que contemplemos desde la distancia emocional qué puede estar controlando la situación de intercambio concreta. Para ensamblar las piezas del rompecabezas del entendimiento debemos basar nuestras actitudes en el respeto y la consideración de uno mismo y de los demás.

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Ser responsables de lo que decimos para evitarnos el malentendido

La posibilidad y fuerza del enfado y del malentendido son proporcionales al grado de implicación emocional que nos supongan el asunto y la relación en cuestión. Cuanto más unidos nos sintamos, más importante será la elaboración y la interpretación que se haga de nuestro mensaje y, por supuesto, lo que concluyamos nosotros del mensaje ajeno.

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Cada persona tenderá a manejar e interpretar las palabras en relación a los lazos afectivos que le unan. También, a las expectativas, a los intereses propios y a su estado personal. En este punto es esencial resaltar la importancia de no caer en el malestar que generan las atribuciones y tormentas ajenas. Es decir, Debemos ser responsables de lo que decimos. Además, exigirnos mucho a nosotros mismos, cumplir todas nuestras obligaciones de cortesía y buen trato. En estas circunstancias, es difícil que alguien se altere más de lo debido por nuestra conducta.

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Los malos entendidos son muy dolorosos cuando las interpretaciones que se realizan resultan en atribuciones intencionales y emocionales negativas hacia nuestra persona o hacia los demás.

Así, en caso de tener que lidiar con malas intenciones que pretendan menoscabar nuestra integridad, lo mejor es tomar distancia emocional. Es decir, alejarnos, tolerar las diferencias y no dejar que se hagan de menos nuestras necesidades.

Conclusiones

La mejor pista que podemos tener de las malas intenciones de los demás la obtenemos al examinar la divergencia entre actos y palabras. No obstante, siempre cabe la posibilidad de equivocarnos al escanear las actuaciones de los demás. Por eso, es esencial que, en todo momento, seamos cautelosos y tengamos en cuenta que, muchas veces, la única certeza sobre la intencionalidad ajena nos la ofrece el tiempo.

  • Morfa, José Díaz. Prevención de los conflictos de pareja. Desclée de Brouwer, 2003.
  • Satir, Virginia. En contacto íntimo. Editorial Pax México, 2008.
  • Satir, Virginia. Terapia familiar paso a paso. Editorial Pax México, 2007.