La felicidad absoluta es un mito - Mejor con Salud

La felicidad absoluta es un mito

El problema que surge al buscar la felicidad absoluta es que no reparamos en los pequeños instantes de felicidad del día a día, que son los que realmente conforman este estado
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¿Por qué decimos que la felicidad absoluta es un mito? Porque esta no se encuentra libre de adversidades y desavenencias. Porque nuestra vida no podrá ser nunca perfecta.

Aspiramos a conseguir una vida feliz y plena, como si esto fuera una meta que aún no hemos obtenido.

Mientras, dejamos de valorar lo que ahora tenemos y nos enfocamos en conseguir lo que quizás ya poseemos, pero no vemos.

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La felicidad no se logra, nace dentro de uno mismo. No obstante, esta no se forma con sueños, sino con realidades.

Porque todo lo negativo de nuestra vida tiene una función. ¿Acaso serías capaz de apreciar la felicidad si no hubieras vivido momentos de absoluta tristeza?

¿Qué es en realidad la felicidad?

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La felicidad no es más que el equilibrio presente en todos los aspectos de nuestra vida. Sin embargo, nuestra forma de pensarla es la que está equivocada.

Esta plenitud no se logra solo con no tener problemas de dinero o un trabajo perfecto que nos asegure una vida cómoda.

Puede que hayas conseguido esto, pero tal vez tengas alguna tara en cuestión de relaciones personales. Esto es así porque la felicidad absoluta no es posible.

Además, ¿te has preguntado qué harías si todo fuese del color de rosas? Si ya no tuvieses preocupaciones, ni situaciones negativas en tu vida… Si ya nadie te mintiese y no sufrieses más desengaños.

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De repente, aunque no lo creas, la felicidad dejaría de llenarte y tu vida se convertiría en un sinsentido. Porque no estaremos bien persiguiendo los extremos, sino logrando la armonía entre ellos.

Felicidad absoluta a toda costa

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¿Te has preguntado alguna vez qué estás haciendo para conseguir esa tan anhelada felicidad absoluta?

Quizás estés tan obcecado en lograrla que te estás olvidando de lo más importante: de disfrutar del momento.

Cuando la felicidad es una meta, empezamos a descuidar el camino que estamos recorriendo para solo pensar en completar nuestro objetivo.

Sin embargo, esto no es positivo. Más que nada porque, aunque llegues a tu objetivo, ¿después qué? La felicidad no es una meta, es algo que hay que cuidar y regar cada día para que prospere.

Piensa en lo que estás dejando de lado. Relaciones, familia, a ti mismo… No valoras ni disfrutas de lo que ahora tienes, porque esperas que algún día llegue lo que ansías.

Pero, cuando lo obtengas, ¿qué harás? Te sentirás de nuevo con las manos vacías.

Una dicha idealizada

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El único motivo por el que ansiamos tanto esa plenitud buscada es porque en nuestra mente está idealizada de una manera muy exagerada.

Recuerda: Educa a los niños en felicidad, no en la perfección

Creemos que llegar a la felicidad nos hará sentirnos bien de forma permanente. Será la satisfacción de todas nuestras necesidades.

No obstante, esto es irreal. Al igual que los seres humanos somos imperfectos, como tales no podemos aspirar a un bienestar tan ideal.

Esto solo existe en nuestra cabeza. Una creencia que nos hace querer encontrar lo que nunca debería ser buscado.

El lado positivo de todo lo negativo

Una situación donde todo fuese luz y no existiese la oscuridad es inimaginable. No solo porque sea imposible de lograr, tal y como hemos visto, sino porque la incomodidad, lo desagradable tiene su propia función.

  • Gracias a las situaciones más complicadas podemos crecer y debido a todas las circunstancias de desengaños pudimos madurar.
  • Todo lo malo que nos pasa nos ayuda a forjar nuestro carácter y nos permite desarrollar nuestra capacidad para la resolución de problemas.
  • Los momentos negativos nos ayudan a valorar los positivos. Unos y otros se complementan y se compensan.

Al igual que la tristeza nos permite valorar las risas, y la desolación la alegría.

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Aprende a encontrar el equilibrio con lo que tienes ahora.

No es necesario aspirar a más, tienes todo lo necesario para empezar desde ya a cultivar esa ansiada felicidad que será imperfecta, pero real.

Esta nace en la humildad, se forja con risas y se sostiene con un gran positivismo.

Porque de todo lo que nos han dicho que debemos hacer para alcanzarla, solo una ínfima parte es cierta.