La fiebre Q

Con la variedad completa que tiene la presentación clínica de la fiebre Q, es difícil en ocasiones poder descifrarla si es un paciente padeciéndola en su forma asintomática. Aplica el buen diagnóstico de la Coxiella burnetii.

La fiebre Q es una infección descrita como una patología poco conocida. Esta enfermedad es uno de los tantos misterios de la medicina, puesto que ha superado los 60 años de investigación. Por esta razón, también se desconoce su prevalencia en la población.

Su manifestación clínica variada e inespecífica es lo que dificulta la certificación sintomática del diagnóstico. Por esta razón, cuando un paciente comienza a experimentar los síntomas de la enfermedad puede recibir un diagnóstico errado.

La primera vez la describió el científico Derrick en 1937, al apreciar en el microscopio un organismo similar a la bacteria Rickettsia pero que, por su variedad clínica, resultó ser la Coxiella burnetii.

Epidemiología

La fiebre Q se establece como una zoonosis de distribución universal, la cual afecta principalmente a diversas especies animales y, de forma accidental, al ser humano. En otras palabras, se ha identificado mayormente en roedores, marsupiales y también en pájaros y diferentes clases de ganado en todo el mundo, siendo los principales reservorios:

  • Animales de corral.
  • Cabras.
  • Ovejas.
  • Vacas.

De interés: Síndrome de las vacas locas

Síntomas

Espera vigilante

Las manifestaciones clínicas de la fiebre Q tiene dos formas de presentación, la primera inaparente o asintomática (que se da en la mayoría de los casos) y la segunda, sintomática con manifestaciones claras y específicas.

Tras el período de incubación dado en un tiempo de 10 a 17 días, los principales síntomas que se presentan dependerán de la puerta de entrada que ha abordado el patógeno. En estas situaciones los síntomas que prevalecen en condiciones patológicas de fiebre Q son:

  • Hallazgos radiográficos importantes pero inespecíficos, sugerentes de neumonía vírica o por Mycoplasma pneumoniae.
  • Fiebre mayor a 40 grados Celsius.
  • Distrés respiratorio agudo.
  • Hepatitis aguda.
  • Hepatomegalia.
  • Granulomas.

La sospecha ante los signos clínicos característicos más funciones complementarias adecuadas de función cardíaca y hepática es lo que marca la diferencia cuando se busca precisar un diagnóstico de fiebre Q.

Diagnóstico

Investigación clínica

Debido a la variedad que presenta la presentación de la fiebre Q en cuanto a su sintomatología, resulta especialmente difícil emitir un diagnóstico. En aquellos casos en los que se presenta de modo asintomático, puede ser aún más complicado detectarla. Por lo tanto, ante la sospecha en vista de las manifestaciones evidentes, debe procederse a realizar una serie de pruebas complementarias.

Para ello, se prefiere la realización del diagnóstico microbiológico directo, a partir del aislamiento de cultivo celular en Shell vial de C. burnetii mediante el uso de pruebas sanguíneas o tisulares convencionales. Este cultivo tiene una alta sensibilidad con respecto a los antibióticos que atacan efectivamente a la bacteria. De esta forma, funciona no solo para diagnosticar sino también para pautar un tratamiento adecuado.

También puede confirmarse el diagnóstico de fiebre Q mediante la detección del ADN bacteriano tomado y estudiado a partir de la reacción en cadena de polimerasa, conociendo que se trata de la prueba complementaria de primera elección.

Otros de los métodos diagnósticos complementarios hacen referencia a la tinción de Koster, Stamp, Giemsa y Gimenez que hacen ver a la Coxiella, como un microorganismo fácilmente aislable.

Ver también: Interacciones entre fármacos y alimentos

Tratamiento de la fiebre Q

antibióticos

El tratamiento es exclusivo y se trata de administrar doxiciclina a 200mg/día en un tiempo constante de 15 hasta 21 días, de acuerdo con la gravedad.

En enfermedades colaterales como la meningoencefalitis, la fiebre Q deberá tratarse con un tratamiento centrado en la eficacia para traspasar la barrera hematoencefálica, siendo la primera opción, las fluoroquinolonas.

Los síntomas hepáticos dejados por la Coxiella burnetii, hacen que se cree una fuerte producción de autoanticuerpos contra la fiebre Q. En estos casos se prefiere administrar prednisona para mayor impregnación de los antibióticos, durante 7 días.

Si se diagnostica como una fiebre Q crónica, el paciente debe ser tratado fundamentalmente con dos antibióticos, tanto la doxiciclina, como con el ciprofloxacino durante 2 a 3 años quienes ayudarán a controlar los autoanticuerpos de la enfermedad.

Referencias

María Teresa Fraile Fariñasa, y Carlos Muñoz Colladoba (2008). Infección por Coxiella burnetii (fiebre Q) Servicio de Microbiología, Hospital General de Valencia. Facultad de Medicina y Odontología, Universidad de Valencia, España.

Roca B.. Fiebre Q. An. Medicina. Interna (2007). 24( 11 ): 558-560. Madrid. Disponible en: Scielo.

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