La forma en la que resuelves tus conflictos habla de ti

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 3 abril, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 3 abril, 2019
A la hora de afrontar los conflictos de pareja podemos tener diferentes reacciones egoístas o violentas. No obstante, debemos tener en cuenta que la relación es cosa de dos y buscar el beneficio mutuo

Nuestra vida está repleta de conflictos. Algunos los resolvemos de una manera mucho más fácil que otros.

Sin embargo, que un problema se solucione antes o después no tiene que ver con el conflicto en sí, sino con nuestra manera de proceder ante el mismo.

Hoy describiremos tres maneras en las que una persona puede resolver un conflicto. Veremos sus características y lo que implican. ¿Cuál será la tuya?

1. Las dos partes de los conflictos salen perdiendo

pareja discutiendo

En los conflictos donde las dos personas implicadas pierden está presente la violencia, las agresiones verbales, como insultos, y la falta de empatía hacia la otra persona.

Uno de los dos miembros quiere tener la razón. Por eso, no escucha y juzga con mucha facilidad a la persona que tiene delante.

Al final, no se llega a nada y ambas partes pierden. Además, se suelen quedar con un sabor amargo en la boca, llenos de frustración y de enfado. Y lo peor es que no se ha resuelto nada.

Este tipo de resolución de conflictos no es nada positivo para las relaciones, ya que suelen salir dañadas. En ocasiones, pueden hasta romperse.

Por ejemplo, imaginemos que estamos con nuestra pareja y nos molesta que esté poniendo los pies sobre la mesa. Es posible que se enfade, porque nunca antes se lo habíamos dicho, y nosotros saquemos toda nuestra rabia acumulada.

La discusión se va haciendo más grande, hasta que empezamos a sacar trapos sucios del pasado. Nos hemos ido por otros derroteros que nada tienen que ver con la idea principal del conflicto.

Al final nos quedamos enfadados, desilusionados e incluso es posible que hayamos hecho daño a nuestra pareja. Todo por no saber escuchar y no haber dicho en su momento lo que tanto nos molestaba.

2. Uno gana, pero el otro pierde

mujer amenazada por hombre

En este segundo tipo de resolución de conflictos una de las personas sale vencedora. Sin embargo, lo hace a costa de dañar e incluso utilizar la violencia con la otra parte.

Esto sucede mucho cuando una persona tiene una personalidad muy fuerte e intenta someter a quien tiene enfrente. Al final, por miedo, temor o para terminar con esta situación, la otra persona se permite tirar la toalla.

La persona que gana busca imponer su opinión a toda costa. Su realidad y sus motivos son los únicos válidos. Por eso, no tiene en cuenta ni escucha a la otra parte implicada.

Así, el resultado no es equitativo. Uno de los miembros sale vencedor y satisfecho, mientras el otro se siente molesto aunque ha admitido su derrota.

Al final se crea un clima de malestar que daña a la relación.

Tomemos el ejemplo de la pareja anteriormente mencionada. Si resolviesen sus conflictos de esta manera, uno de ellos terminaría cediendo ante la presión del otro.

Puede que lo haga por miedo a que su pareja se ponga peor, por pereza a seguir con una discusión sin sentido… Es como darle la razón a la otra persona sabiendo que en realidad no la tiene.

Esto, a la larga, no es positivo. Cada uno de los miembros tiene derecho a expresar lo que piensa y a que se tenga en cuenta.

No obstante, el orgullo o la necesidad de quedar por encima del otro y tener la razón pueden tener más importancia que velar por el bienestar de la relación.

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3. Las dos partes de los conflictos salen ganadoras

pareja feliz

Esta es la mejor manera de resolver conflictos, pues las dos partes ganan. Así, la relación, en vez de salir dañada, termina fortalecida.

Las dos personas saben comunicar eficazmente lo que piensan. Además, se escuchan entre ellas y no juzgan en ningún momento.

Mantener la calma, ser asertivos y expresar sin rencores y sin indirectas el punto de vista de cada uno es, sin duda, una de las mejores maneras para resolver conflictos.

Sigamos con el ejemplo anteriormente visto. En este caso los dos miembros de la pareja se escuchan. Así, se dan cuenta de que uno no sabía lo que el otro pensaba porque no se lo había dicho.

Además, el otro se percata que tiene que aprender a expresar lo que piensa en vez de guardárselo. Entonces, se llegaría a un entendimiento.

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Cuando ambas partes ganan, ambos miembros aprenden, crecen y fortalecen la relación.

¿De qué manera resuelves tú tus conflictos?