La gente buena te da felicidad, la mala lecciones

Es importante no solo recibir, sino también dar. Además de apartarnos de aquellos que solo nos aportan malestar, debemos corresponder a los que nos hacen crecer como personas

Gente buena hay en todas partes. Así, todos contamos con esa persona de referencia que enriquece nuestra vida desde muy diversas formas. En contra, también están esos perfiles que (sin llegar a ser malos o nocivos) carecen de unas habilidades básicas con las que aportar nutrientes a una relación, gestos de valía y de ayuda suficientes como para que nos sintamos cómodos con ellos.

Hay gente que en ocasiones, actúa por intereses propios, lo sabemos. Y en el momento en que se prioriza a sí misma por encima de los demás cayendo en la falta, la ofensa y la decepción, ya podríamos hablar de personas con una influencia negativa en la vida de los demás.

Son esos perfiles comportamentales habituados a dar consejos y lecciones al resto porque parten de un principio: el pensamiento único. Las podríamos definir también como mentes rígidas, personas incapaces de abrirse a los demás para tener en cuenta perspectivas ajenas.

Reflexionemos sobre ello.

¿Cómo identificar a la gente buena?

Parece una obviedad. ¿Cómo no vamos a poder reconocer a la gente buena? En realidad,esta idea tiene sus complejidades porque no siempre es fácil encontrar unanimidad a la hora de definir a esas personas caracterizadas por la más elevada nobleza. Sin embargo, los psicólogos Yochanan Bigman y Maya Tamir de la Universidad Hebrea de Jerusalén realizaron un interesante estudio donde explicar qué conductas definen a este tipo de personalidad.

Estos serían las principales características.

  • La gente buena se esfuerza y es proactiva. En palabras de los propios investigadores: el camino al cielo es un esfuerzo constante.
  • Asimismo, esos esfuerzos deben ser útiles. Son comportamientos que revierten en el bienestar de los demás.
  • Son personas optimistas, alegres y de buen humor. Dicho de otro modo: contagian sus emociones positivas.
  • Otro aspecto es el impacto: dejan huella en los demás, una influencia positiva.
  • Además de ello presentan una cualidad: no juzgan a los demás. Se prestan a ofrecer apoyo, pero no coaccionan ni manipulan.

La gente que ofrece lecciones y deja cicatrices

En contraposición a la gente buena, está sin duda la que nos deja cicatrices. Definirlas, entender el por qué de ciertos comportamientos dañinos y tóxicos en ocasiones no es nada fácil. Todos, de algún modo, nos hemos encontrado con esas personas habituadas a darnos consejos, a querer decirnos qué hacer, qué no hacer y cómo debe ser nuestra vida.

Como nos señala Sun Tzu, filósofo de la antigua china, nada es más importante que conocernos a nosotros mismos y a quienes nos hacen daño. Así, es más que recomendable que aprendemos a reconocer a la personalidad manipuladora. De este modo, nombres como el de Preston Ni, profesor de la Universidad de Harvard, coach y formador de empresas como Microsoft, Hewlett Packard, Lockheed Martin, nos señala lo siguiente:

  • La gente buena no tiene por costumbre controlar lo que hacen los demás. Los manipuladores en cambio, son ávidos a la hora de dar consejos porque con ello imponen su identidad y ejercen el control sobre quienes les rodean.
  • Establecen siempre un juego de poder. Nos harán creer que estamos equivocados, que hacemos las cosas mal…
  • Dicen hacer y decirnos cosas por nuestro bien. Sin embargo, a corto y largo plazo nos damos cuenta de que no era así.

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niña mirando un pulpo que representa la gente mala en contraposición a la gente buena

Por otro lado, más que gente “mala”, existe gente que no sabe establecer relaciones positivas, que carece de una adecuada madurez personal y emocional. No respetan, carecen de empatía y muchas veces no son conscientes de sus palabras o actos.

Entiende estas vivencias no como dramas, ni como fracasos que cambiaron tu vida. Asúmelo como una lección que debe ayudarte a caminar con mayor seguridad, con mayor aplomo.

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La gente buena y sencilla sabe transmitir felicidad

Hay gente buena que huele a humildad, que parece tener magia en los bolsillos y que no sabe de egoísmos o dobles sentidos. Estamos seguros de que cuentas con una o dos personas con estas características. Son pocos pero, sin lugar a dudas, no necesitas a más, porque te lo dan todo.

El valor de la reciprocidad

Un aspecto que debemos tener en cuenta es que nadie lo da todo a cambio de nada. Si alguien es bueno contigo, responde de la misma manera. Se trata de hacer equipo, de equilibrar la balanza donde todos ganen y nadie pierda.

  • La reciprocidad es saber reconocer a la otra persona en su totalidad, comprendiendo que merece respeto, que lo valoramos como parte de nosotros y que reconocemos todo lo que hace por nosotros.

Y ello nos lleva a actuar siempre de la misma manera.

La confianza que no traiciona, que sabe unir vínculos

La gente buena, la gente que enriquece nuestra vida ayudándonos día a día a ser mejores personas establece con nosotros un vínculo muy íntimo y especial.

  • Nos percibimos como respetados, entendidos y fuertes por contar con el apoyo de personas que nos quieren.
  • Quien te quiere no te juzga, no te sanciona ni te traiciona. Pensará en ti como en él mismo, son personas que saben de empatía y que disponen de una buena madurez emocional.

En conclusión, si hay algo que debemos tener claro es que a lo largo de nuestra vida vamos a conocer gente buena y gente no tan buena. De todo hemos de aprender, cada uno de estos perfiles nos dejará su impronta y un tipo de conocimiento.

mujer con rosa en la mano que representa la gente buena

Evita cargar pesos ajenos que no sirven de nada y que limitan tu crecimiento personal. Deja ir lo malo que un día llamó a tu puerta, asume la lección y emprende nuevos caminos.

Porque el mundo está lleno de buenas personas, y si por la razón que fuera no encontraras a ninguna, no olvides nunca ser tú una de ellas. La mejor.