La gran diferencia entre que te quieran y que te valoren

Plantéate si te merece la pena dar tanto sin recibir nada a cambio para que te valoren. El que te quiera lo hará con tus virtudes y defectos

Seguro que alguna vez has confundido el hecho de que te quieran con que te valoren. De hecho, es algo que creemos que va de la mano desde que somos muy pequeños.

Por ejemplo, seguro que te has encontrado en la tesitura de considerar que si no cumplías el deseo de tus padres de sacar buenas notas estos dejarían de quererte.

Esta creencia, aunque no lo creas, te afectó posteriormente en todas y cada una de tus relaciones.

La búsqueda del amor a base de esfuerzo

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¿Qué es el amor para ti? Tal vez que la otra persona sea feliz a tu lado, luchar cada día por ese amor, darlo todo, esforzarse por construir un proyecto en común…

En definitiva, hay que realizar una serie de cosas para dar y recibir amor.

No obstante, esto es algo adquirido en tu infancia que te acarrea mucho sufrimiento y desgaste en las relaciones que mantienes en tu vida adulta.

Así, seguro que te estás preguntando cómo ha podido suceder esto y por qué suele ocurrir en todos los niños pequeños. La respuesta se encuentra en los padres.

¿Te das cuenta de todos esos progenitores que solo expresan afecto y palabras amorosas cuando el hijo hace todo bien o como ellos esperan? ¿Qué ocurre si esto no es así?

Se enfadan, se muestran decepcionados y sentimos que les hemos fallado.

Descubre: 5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos

Con el paso de los años, aprendemos a forjar relaciones basadas en el esfuerzo donde el otro cobra una gran importancia, mientras nosotros quedamos a su merced.

Nuestra felicidad empieza a depender de los demás, de que nos valoren, de que nos digan lo bien que lo estamos haciendo.

Todo esto al principio está bien pero, con el tiempo, empieza a acarrear sufrimiento.

Que te valoren no implica que te quieran

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El hecho de que te valoren, no implica que te quieran.

Porque si en cuanto dejas de cumplir las expectativas de los demás y empiezas a ser egoísta los demás refunfuñan y se alejan, esto no es querer ni amar.

El problema es que durante mucho tiempo no has sabido discernir entre si los demás te quieren por lo que haces o por quien realmente eres.

Seguro que te resuenan frases del estilo “si me quieres, demuéstramelo”.

Una frase que resume con creces cuán condicionados estamos por lo que podamos o no demostrar con nuestros actos, así como nos ocurría cuando éramos muy pequeños.

¿Cuántas parejas hay a las que, con el tiempo, empiezan a disgustarles cosas que antes permitían? Parece que cuando dejamos de estar ciegos por la fase de enamoramiento, entonces vemos a la persona tal y como es y no nos gusta.

Descubre: El amor, una elección consciente

¿Qué hacemos, entonces? Intentamos cambiarla, modificar su esencia, transformar su ser. Qué pretenciosos somos, ¿verdad?

Siempre buscamos la manera en la que podamos hacer feliz al otro y cómo el otro nos puede hacer feliz a nosotros para así poder amarnos.

En vez de dejar que todo fluya de forma natural, intentamos ejercer cierto control, algo que resulta brutal.

No hagas cosas para conseguir afecto

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El afecto, el cariño y el amor no hay que ganárselo haciendo cosas por los demás. Porque todos podemos cambiar o estar mal un día y no apetecernos hacer nada por otros. Entonces la cosa cambiará.

No hay que esforzarse tanto, no tenemos por qué dejar de pensar en nosotros y hacer que el otro sea nuestra mayor prioridad. Esto provoca que, tarde o temprano, dependamos de los demás para ser felices.

Curemos esa herida emocional que arrastramos desde la infancia, donde nuestros padres nos demostraban que nos querían o no en función de nuestros logros y nuestros aciertos.

Ya no somos niños pequeños, ahora somos adultos maduros y merecemos ser felices y no estar pendientes de hacer hasta lo imposible para que los demás nos amen.

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Abandonemos ya la creencia de que amar es sinónimo de que nos valoren gracias a lo que nosotros podemos hacer por el otro.

Empecemos a centrarnos en nosotros y no nos esforcemos tanto para que nos quieran.

Las personas que nos amen lo harán por cómo somos, no por todo aquello que hagamos por ellas o podamos demostrar constantemente.

 

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