La historia del niño con autismo que no tiene amigos que se hizo viral

Las carencias en formación y la falta de empatía por parte de todo un sistema derivan en historias como las de Christopher, el niño con autismo que no tiene amigos

Un día cualquiera, una maestra propone a sus alumnos de 11 años una tarea normal.

Tienen que rellenar una ficha con sus datos personales para colgarla después en la pared. Todos anotaron sus nombres, los de su familia, pero Christopher sorprendió a todo al mundo cuando en “amigos” escribió “ninguno”.

Estaba ahí, colgado en la pared. Christopher estaba solo en la escuela, pero no en casa. El pequeño es diferente a los demás. Tiene un trastorno de autismo. Le cuesta comunicarse y relacionarse.

Puede divertirse, abrazar y reír, pero es difícil para él saber cómo conectar con su entorno. Necesita un esfuerzo extra, que se le ofrezca una mano firme, resuelta a acompañarlo. Si ellos no dan el primer paso, él permanecerá al margen.

Por eso, los padres del pequeño Christopher pensaron que el colegio iba a ser la oportunidad para mejorar dicha faceta.

El niño (no tanto, puesto que ya tiene 11 años) estaría en el mismo espacio, con la misma gente, durante muchas horas.

Además, contaría con la mediación de los maestros. Ellos favorecerían la integración de su hijo y mejorarían su vida social. Sin embargo, tal y como demuestra la tarea, no ocurrió así.

Los padres de Christopher comparten su indignación

Bob Cornelius publicó en Facebook una carta en la que explicaba que a su hijo nunca le habían invitado a una fiesta de cumpleaños.

Cuenta cómo se entristece cuando le dicen que come solo, a pesar de que al chico no parece importarle demasiado. Esta es la razón por la que apela en dicho post a la comprensión de la gente que rodea a Christopher.

En este sentido, hace una llamada de atención a las familias. Es importante incluir una educación basada en la compasión.

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Los pequeños tienen que crecer con la idea de que aceptar la diferencia es bueno para ellos. Deben saber que marginar a una persona por no ser como tú está mal.

De lo contrario, tendremos adultos egoístas, incapaces de ponerse en el lugar de los otros.

Después de dicha llamada de atención, Christopher ha recibido un enorme número de cartas y regalos de apoyo. Vienen de todos los lugares y de todo tipo de gente, incluyendo al presidente de EEUU.

Aunque su padre afirma que su objetivo no era este, que la experiencia de Cristopher se haya hecho viral ha servido para tomar conciencia sobre nuestras carencias y las del sistema.

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Cómo comportarnos con el autismo

A veces, no se trata de marginación intencional, sino de desconocimiento. Compartimos nuestros días con personas que son distintas y no sabemos cómo acercarnos a ellos.

La Fespau, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y/o Tutores de Personas con Autismo, confirma que puede resultar complicado.

Según la confederación, el papel de la educación es fundamental, aunque también señalan que las familias no tienen la información adecuada.

Así, sería necesario que la escuela la proporcionara, sobre todo cuando en una clase hay alguien con necesidades especiales. Al mismo tiempo, indican que el entrenamiento que estos reciben es insuficiente para lidiar con estos casos.

Padre-hijo

Los maestros tendrían que estar cualificados para entender el trastorno y las características de cada persona.

No todos los autistas son iguales, de la misma manera que todos tenemos nuestra personalidad.

Será a partir de la instrucción y la empatía cuando tengan los recursos suficientes para conseguir que la historia de Christopher no se vuelva a repetir.

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Las personas que tienen autismo no son el trastorno, solo forma parte de ellos. Se trata de individuos con peculiaridades complejas, pero no imposibles de manejar.

En consecuencia, lo ideal sería que todo aquel que esté a su alrededor se documente y cuente con alguien a quien preguntar sus dudas.

Una vez hecho esto, bastará con caer en la cuenta de que, como cualquier ser humano, posee una forma de ser en concreto.

Así, a Christopher no se le considerará más como un niño autista que no tiene amigos, sino como un niño, a secas, que no tiene amigos.

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