La importancia de disfrutar del silencio a diario

El silencio nos ayuda a contactar con nuestro interior e incluso nos permite prevenir enfermedades, ya que reduce el riesgo cardiovascular, así como las palpitaciones y el estrés

En la actualidad parece imposible encontrar un sitio silencioso donde descansar o pasar, al menos, unos minutos de disfrute.

Si bien podemos hallar la tan ansiada paz escuchando una canción o un mantra, lo cierto es que no hay nada como el silencio. ¡Y lo precisamos a diario!

¿El silencio es incalcanzable?

El silencio es incalcanzable

Podemos pensar que al vivir en una gran ciudad es imposible disfrutar del bendito silencio cada día. Los gritos, los bocinazos, la música, la televisión… Todo parece jugar en contra de esa necesidad orgánica de descansar y “desconectarnos” del mundo.

Se dice que hablar en voz baja es para débiles, no pensamos en hacer ejercicio sin sonidos, siquiera sabemos qué es dormir sin escuchar los ruidos de la calle.

Sin embargo la contaminación acústica es un problema muy habitual en las metrópolis y está relacionada con varios trastornos como el insomnio o las enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo hacemos para disfrutar del silencio si vivimos en la ciudad? ¿Hace falta irse a vivir al campo o tomarse un año sabático en la playa? No hay que llegar a esos extremos.

Quizás podemos creer que este problema es moderno. No obstante, se habló de él hace más de un siglo:

En 1859 una enfermera británica llamada Florence Nightingale escribió un informe donde indicaba que el ruido innecesario es la ausencia más cruel de cuidado que podemos infligirnos, ya que incluso puede causar la muerte a temprana edad.

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El sonido es necesario, el ruido no

El sonido es necesario, el ruido no

Según la Organización Mundial de la Salud, al año mueren tres mil personas en Europa por enfermedades cardíacas relacionadas con vivir en la ciudad y estar en contacto con sonidos de más de 65 decibelios a diario.

En un estudio publicado en la revista Heart se llegó a la conclusión que el cerebro y el sistema cardiovascular precisan de espacios y momentos silenciosos para relajarse.

No solo valen las canciones tranquilas para que los latidos del corazón y la respiración se equilibren. El efecto positivo del silencio va más allá de lo físico, debido a que nos aporta beneficios emocionales y psicológicos.

El silencio provoca el nacimiento de nuevas neuronas (proceso conocido como “neurogénesis“).

Por ello se está investigando cuál es su incidencia en tratamientos para el alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Pero atención: esto sirve en niños y adolescentes.

En los adultos es igualmente beneficioso, ya que reduce el riesgo cardiovascular, el estrés o las palpitaciones. Las ventajas de llevar una vida reflexiva, de pensamiento profundo y meditación permite que las neuronas se conecten mejor.

Por razones obvias no podemos pasar las 24 horas del día en el más absoluto silencio, a menos que decidamos ser monjes tibetanos y hacer retiros espirituales de semanas completas.

Un poco de sonido es esencial para nuestra vida, porque nos permite comunicarnos con los demás, expresar lo que sentimos o estar al tanto de aquello que sucede a nuestro alrededor.

No hace falta el aislamiento completo. Llevar una vida normal que aprecie los momentos de silencio y tratar de compensar los ruidos con minutos de ausencia de sonido es suficiente.

Si bien hay máquinas anecoicas que reproducen algo similar al “silencio absoluto” como podría experimentarse en el espacio, lo cierto es que nadie soporta ese lugar por más de 40 minutos.

El cerebro necesita estímulos externos y, en el caso de no hallarlos, prestará atención a lo que sucede en nuestro cuerpo: la respiración, los latidos del corazón, la digestión, etc.

El silencio es un espacio íntimo

Cuando imaginamos la ocasión ideal para disfrutar del silencio, de seguro pensamos en estar solos tumbados en el sofá, en arenas blancas de una playa o en una montaña en posición zen.

Esto se debe a que encontrar momentos silenciosos es algo muy personal e íntimo aunque muchos consideren los mismos espacios o situaciones para descansar y desconectarse.

De vez en cuando es preciso aprovechar el silencio y la soledad como una especie de regalo que nos hacemos a nosotros mismos.

La única manera de tener una vida interior tranquila y pacífica es tomándose un tiempo cada día para estar en completo silencio.

¿Y si vivo en la ciudad? Incluso en las grandes urbes hay momentos de quietud y calma. Puede ser a la madrugada o bien temprano en la mañana.

También podemos cerrar bien las ventanas y persianas o instalar algún sistema de aislamiento acústico en casa.

Silencio es sinónimo de meditar antes de que salga el sol o de leer en la cama un domingo por la mañana.

Silencio es sinónimo

Quizás cerca de tu trabajo hay un gran parque cuyo centro está alejado del ruido de los coches y lo pases muy bien entre árboles y plantas.

Los lugares donde se practica meditación y yoga suelen tener espacios tranquilos y alejados de los ruidos.

Por supuesto, también podemos optar por ir el fin de semana a un sitio rural, para que los únicos sonidos sean el canto de los pájaros, las olas al romper en la orilla de la playa o el agua cayendo por una cascada.

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Es importante identificar y separar el sonido del ruido. ¿Cuándo es perjudicial para la salud? Cuando es molesto para los oídos, no nos permite realizar nuestras actividades o es continuo.

Un ruido puede ser alguien hablando a nuestro lado, la música de la radio o la televisión encendida.

Meditacón

Para comenzar a disfrutar del silencio o de los sonidos benéficos hay que hacer un cambio de hábitos. Buscar aquello que nos hace sentir relajados y que reestructure nuestro interior.

 

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