La indigestión: ¿cuáles son sus causas?

Para favorecer prevenir la indigestión es importante tomar conciencia de que debemos masticar bien los alimentos para no sobrecargar al estómago de tareas y así, facilitar también la asimilación de nutrientes.

Las causas de la indigestión pueden ser muy variadas y, a menudo, incluso, imprecisas. No obstante, es cierto que la ingesta copiosa, el estrés, el consumo excesivo de ciertos medicamentos que irritan la mucosa gástrica, el tabaquismo y el alcoholismo son factores muy comunes.

Para entender por qué las causas pueden ser tan difíciles de precisar, hemos de recordar de qué se trata el proceso de la digestión y cómo se produce.

La digestión es el proceso mediante el cual los alimentos se descomponen en sus partes más pequeñas, para que así el cuerpo pueda absorber y utilizar sus nutrientes para:

  • Alimentar a todas y cada una de nuestras células.
  • Formar nuevas estructuras, reparar otras.
  • Realizar sus funciones básicas.
  • Y tener suficiente energía.

Por ello, este proceso exige un trabajo considerable por parte del cuerpo. Ahora bien, hay distintos factores que pueden entorpecer el cumplimiento del proceso digestivo. 

Por ello, tomando como marco de referencia los distintos órganos que intervienen en la digestión, a continuación repasaremos cuáles son los obstáculos que pueden presentar.

Entendiendo las causas de la indigestión

Primera fase: la boca

Masticar bien es muy necesario, ya que puede aportarnos bastantes beneficios

La boca es la puerta de entrada de los alimentos a nuestro cuerpo. A través de la masticación y de la colaboración de las enzimas digestivas presentes en la saliva, la comida es triturada y procesada.

Por eso, si con frecuencia sientes como que tienes un “ladrillo” en tu estómago al comer, es posible que no estés masticando bien los alimentos y que ingieras trozos demasiado grandes. Aunque no lo creas, esta acción impide que el estómago haga su trabajo como corresponde.

Siendo este el único proceso de la digestión que podemos controlar a voluntad, es fundamental hacerlo bien. Por ello, procura masticar bien y comer despacio para que así, la digestión se haga más ligera.

El beneficio adicional de masticar bien y comer lento es que podrás disfrutar más del placer de comer. Por otra parte, al comer más despacio, tus porciones se reducirán, al igual que tu peso. Estupendo, ¿no?

Otro hábito relacionado con la masticación que puede entorpecer la digestión es mascar chicle. En estos casos, el movimiento de la boca hace que se producen enzimas y ácidos para desdoblar una comida inexistente, lo cual puede causar inflamación y acidez.

Segunda fase: el estómago

Estómago

El estómago es el órgano principal del sistema digestivo. Utiliza unos ácidos potentes para seguir desdoblando los alimentos, pero a partir de la tercera o cuarta décadas de vida, se reduce la producción de ácido clorhídrico.

Por consiguiente, la digestión se ve afectada y se comienzan a experimentar síntomas como el dolor abdominal, la acidez y el reflujo, los cuales no ocurren por exceso de ácido estomacal, como indica el sentido común.

Algunas estrategias para mantener una producción adecuada del ácido en el estómago son:

  • Sustituir la sal de mesa refinada por sal marina o del Himalaya, las cuales proveen el cloruro necesario para que el estómago produzca el ácido clorhídrico que necesita.
  • Evitar al máximo el consumo de alimentos procesados, grasas saturadas, azúcares y harinas refinadas, ya que estos promueven la aparición de síntomas de la indigestión.
  • Consumir regularmente vegetales y frutas, ya que son ricos en enzimas digestivas.

Tercera fase: el intestino

Obstrucción del intestino.

Aquí, el arma principal para continuar la tarea digestiva son los microorganismos que viven en el intestino, llamada flora intestinal.

La flora está compuesta por hongos y bacterias que descomponen los alimentos para que puedan ser bien asimilados por el cuerpo.

Por ejemplo, estos microorganismos son los encargados de transformar los carbohidratos en azúcares simples y las proteínas en aminoácidos. Además, aportan beneficiosos subproductos de su actividad en el intestino, tales como las vitaminas B y K.

Sin embargo, el panorama cambia cuando las bacterias nocivas se multiplican en exceso. Generalmente, esto se debe a hábitos perjudiciales, tales como consumir carbohidratos y azúcares en exceso; que producen consecuencias desagradables que pueden ir desde una simple flatulencia hasta el síndrome de colon irritable y la desnutrición.

Para prevenir una indigestión y mantener el equilibrio de la flora intestinal, es recomendable introducir con regularidad alimentos probióticos y ricos en fibra a la dieta. Al mismo tiempo, es importante eliminar o por lo menos reducir al mínimo los alimentos que nos perjudican.

Descubre: Cómo curar rápidamente la indigestión

Conclusión

En suma, para tener una buena digestión es necesario detenernos y evaluar cómo comemos y, sobre todo, aprender a disfrutar del momento de la comida, para así poder ganar en salud. 

Una digestión adecuada puede contribuir significativamente a que luzcamos, día a día, una silueta desinflamada y acorde a nuestras medidas. De allí la importancia de corregir nuestros hábitos alimenticios.

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