La indigestión: ¿cuáles son sus causas?

Para favorecer la digestión es importante tomar conciencia de que debemos masticar bien los alimentos para no sobrecargar al estómago de tareas y facilitar la asimilación de nutrientes

La digestión, ese proceso por el cual los alimentos son transformados y desdoblados para poder nutrir a todas y cada una de nuestras células, exige un considerable trabajo por parte de nuestro cuerpo.

Hay distintos factores que pueden facilitar o entorpecer tan importante función, los cuales vamos a revisar en este artículo tomando como marco los distintos órganos donde ocurre la digestión, los obstáculos que pueden presentarse durante el proceso y cómo evitarlos o superarlos.

Primera fase: la boca

La boca es la puerta de entrada de los alimentos a nuestro cuerpo, y es a través de la masticación y de la colaboración de las enzimas digestivas presentes en la saliva como la comida es triturada y procesada.

Por eso, si con frecuencia sientes como que tienes un “ladrillo” en tu estómago al comer, es posible que no estés masticando bien los alimentos y que estés ingiriendo trozos demasiado grandes que sobrecargan al estómago de un trabajo que no le corresponde hacer.

Siendo éste el único proceso de la digestión que podemos controlar a voluntad, procura masticar el doble de lo que normalmente lo haces y así harás tu digestión más ligera, con el beneficio adicional de que disfrutarás del placer de comer y, al hacerlo más lentamente, tus porciones se reducirán, al igual que tu peso.

Otro hábito relacionado con la masticación que puede entorpecer la digestión es la goma de mascar, porque al masticar, automáticamente se producen enzimas y ácidos para desdoblar una comida inexistente, lo cual puede causar inflamación y acidez.

Segunda fase: el estómago

Este robusto órgano del sistema digestivo utiliza potentes ácidos para seguir desdoblando los alimentos, pero a partir de la tercera o cuarta décadas de vida, se reduce la producción de ácido clorhídrico por parte del estómago, y por consiguiente, la digestión es afectada, empezando a experimentarse síntomas como la acidez y el reflujo, los cuales no ocurren por exceso de ácido estomacal, como indica el sentido común.

Algunas estrategias para mantener la producción adecuada del ácido en dicho órgano es consumir regularmente alimentos crudos, como vegetales y frutas, ya que son ricos en enzimas digestivas. Otra es sustituir la sal de mesa refinada por sal marina o sal del Himalaya, las cuales proveen el cloruro necesario para que el estómago produzca el ácido clorhídrico que necesita. Por último, hay que evitar al máximo la comida procesada, la cual, por estar repleta de azúcar y químicos tóxicos, produce un desbalance en la flora bacteriana, nuestra gran aliada para la buena digestión.

Tercera fase: el intestino

Aquí, la principal arma para continuar la tarea digestiva son los microorganismos que viven en el intestino, llamada flora intestinal, compuesta por hongos y bacterias, la cual desdobla los alimentos en sus componentes básicos para ser asimilados en su fase final. Así, estos “bichitos invisibles” transforman los carbohidratos en azúcares simples y las proteínas en aminoácidos. Además, aportan beneficiosos subproductos de su actividad en el intestino, tales como las vitaminas B y K.

Sin embargo, el panorama cambia cuando las bacterias nocivas se multiplican en exceso, generalmente debido a hábitos perjudiciales tales como consumir exceso de carbohidratos o granos, azúcar o alimentos procesados, produciéndose desagradables consecuencias como flatulencia, síndrome de colon irritable, mala absorción de nutrientes y exceso de peso.

Para generar una flora intestinal equilibrada es recomendable, además de eliminar o reducir al máximo los alimentos mencionados anteriormente, incluir regularmente probióticos en la dieta, que se hallan en el yogurt (sin azúcar ni colorantes), el miso y otros alimentos fermentados como el sauerkraut o los encurtidos.

Como vimos, una digestión armoniosa y ligera, que sea fuente de salud y bienestar pasa por desechar ciertos hábitos perjudiciales y adoptar unos nuevos, que aunque vayan contra la corriente de lo que dicta la publicidad y la comodidad de lo conocido, trabajarán a nuestro favor al aumentar nuestra calidad de vida.

 Imagen cortesía de marin

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