La leyenda del hilo rojo

La llegada de los que podríamos llamar “amores de hilo rojo” a nuestra vida, marcan un antes y un después que es imposible ignorar por completo.

“Nunca podrás escapar de tu corazón, así que es mejor que escuches lo que tiene que decirte”. Este es un brevísimo fragmento de El alquimista, la famosa novela del brasileño Paulo Coelho. Y, sintetiza el argumento de una antigua leyenda oriental a la que está dedicada este artículo.

He aquí, pues, un pequeño avance: Cuenta la leyenda del hilo rojo que todos estamos unidos al amor de nuestra vida por un hilo rojo. Da igual que se enrede, que se estire o que dé veinte mil vueltas al planeta. Por lejos que esté la una de la otra, dos personas enlazadas siempre terminarán por encontrarse.

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Breve introducción

Cuenta la leyenda que el Abuelo de la Luna salía cada noche a conocer a los recién nacidos. Luego, unía sus almas con un hilo rojo que anudaba en sus dedos. No solo condicionaba, así, el futuro de esas criaturas recién llegadas al mundo, sino que les servía de guía en el tránsito de sus almas. De esta manera, nunca se perderían, ni siquiera en los confines del mundo.

De ahí que este hilo nos acompañe desde el nacimiento. Y, aunque en el transcurso de nuestra vida no hace más que enredarse, siempre nos lleva a puerto.

Tiene un dueño, Destino. Es el encargado de que ese hilo del color de la pasión nunca se quiebre. Pase lo que pase.

No importa, pues, lo que tardemos en conocer a la otra persona ni el tiempo que pasemos sin verla. Tampoco importará si vive en un lejano punto del planeta; ese mágico hilo se estirará de tal forma que nuestros corazones siempre se darán cita.

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La leyenda del hilo rojo

Hace mucho, mucho tiempo, a oídos de un emperador llegó la noticia de que en su reino vivía una bruja muy poderosa. Como tenía ella la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino, la mandó traer ante sí.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique. Quería lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a su petición y comenzó a recorrer los infinitos puntos que daban cuerpo a esa hebra inquebrantable.

Su búsqueda los llevó hasta un mercado, donde una pobre campesina con una bebé en brazos, ofrecía sus productos. Al llegar allí, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie.

Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: «Aquí termina tu hilo». Al escuchar esto, el emperador se enfureció. Y, creyendo que la bruja se burlaba de él, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer. Quiso la fatalidad que la bebé se hiciera una gran herida en la frente. 

Pero, eso no fue todo: el emperador ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llegó el momento en que el emperador debía casarse. Sus consejeros le recomendaron que desposara a la hija de un general muy poderoso, y aceptó.

Finalmente, llegó el día de la bodael momento de ver por primera vez el que esperaba fuera el bello rostro de su esposa. Su prometida entró al templo escogido para celebrar el enlace, con un hermosísimo vestido.

Un enorme e impoluto velo la cubría completamente. Al levantarlo, vio el emperador la peculiar cicatriz que llevaba la novia en la frente. Pese a todo, él percibía el de su amada como un rostro hermoso.

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La leyenda hoy

Esta leyenda se encuentra arraigada en las culturas orientales. De hecho, se cuentan por miles las personas que llevan hilos rojos anudados en sus manos.

Su origen queda tan atrás que se desconoce a ciencia cierta si es china o japonesa. Se dice, no obstante, que la leyenda surgió cuando se descubrió que el dedo meñique estaba conectado con el corazón por medio de la arteria ulnar

El hilo rojo puede unir al individuo con su madre o con su padre. También, con un hermano o un amigo. Y, por supuesto, con la pareja. Tenemos algo en común con todos nuestros seres queridos. Compartimos con ellos, al menos, esa parte del destino que determina que nos conozcamos y nos amemos.

Una interpretación contemporánea

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casas o vives para siempre, puede ser el padre o la madre de tus hijos… Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.

Y dicen que hay, siempre, un segundo amor, una persona que perderás siempre, alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan de la razón y te impedirán, siempre, alcanzar un final feliz.

Hasta que llegue cierto día, en que dejarás de intentarlo… Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando. Pero, te aseguro que no pasarás ni una sola noche, sin necesitar otra beso suyo o tan siquiera discutir una vez más.

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Ya sabes de quién estoy hablando. De seguro, mientras estabas leyendo esto, te ha venido un nombre a la cabeza. Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz. Puede que sea sustituida, incluso, por la calma. Mas, te aseguro que no pasará ni un solo día en que no desees que este aquí para perturbarte.

Porque a veces se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien al que aprecias.

Paulo Coelho

Reflexión final sobre la leyenda del hilo rojo

A veces, estos dos tipos de amor coinciden. Sin embargo, otras muchas veces no. Así, experimentarlos por separado, siempre es fuente de cierto desconsuelo. Y es que ambos tipos de querer son necesarios. Cualquiera sea el caso,tenemos que dar gracias a la vida por poder sentirlo.

Quizás le debamos esto a nuestro único y particular hilo rojo. De ahí también que no siempre sea posible satisfacer nuestros caprichos. Ni siquiera desconocer su existencia, debilita al hilo rojo que guía nuestros pasos. Siempre dirigirá gran parte de nuestros movimientos y de nuestra vida.

La llegada de los que podríamos llamar “amores de hilo rojo” a nuestra vida, marcan un antes y un después que es imposible ignorar por completo. Algo percibiremos a través de nuestros sentidos. Y es que los seres humanos somos más intuitivos de lo que nos parece cuando racionalizamos.

En ocasiones, las casualidades no son tales. En esa misma medida, sentimos muchas veces la pulsión de atenderlas. ¿Cómo dejar de hacerlo si todos tenemos en este mundo un corazón entrelazado en un sentir que se antoja eterno?

¿Cómo llamas tú a esa atracción y sentimiento irrefrenables? ¿Almas gemelas? Cuéntamos cómo lo has vivido tú.

Imagen principal cortesía de © wikiHow.com

  • Coelho, P. (2012). El alquimista. Barcelona: Planeta.
  • _______. (2006). La bruja de Portobello. Rio de Janeiro: Planeta.
  • Goggy, D. (dir.). (2016). El hilo rojo (film). Coproducción Argentina-Chile (100 minutos).
  • Gloria, E. (2004). Paulo Coelho: Los senderos del peregrino. Madrid: Ojos de Papel.