La mano que te da rosas siempre conserva algo de su fragancia

Este artículo fue redactado y avalado por Raquel Aldana
26 febrero, 2019
Más allá de ver la bondad como un gesto de debilidad debemos verlo como un acto de grandeza que no solo beneficia al otro, sino a nosotros mismos

La mano que te da rosas siempre conserva algo de su fragancia. O sea, que las personas que nos hacen bien siempre conservan un halo de bondad, de esencia sincera y de gratitud.

Por eso las personas que se ofrecen a los demás a través de buenos actos, de ayuda y de humildad son aquellos capaces de exprimir y conservar el mejor jugo del mundo: el de la solidaridad y el compromiso.

Al fin y al cabo, la mejor recompensa de ofrecer una rosa a los demás se queda con uno mismo. Lo más importante es la satisfacción y la creencia de haber hecho lo correcto y lo mejor.

La mano que te da rosas…

Los gestos que sanan el alma

Una mujer con una rosa

Hacer sonreír a los demás a través de la sencillez y de la bondad tiene una gran importancia a la hora de proteger y cuidar de nuestras relaciones e incluso de nosotros mismos.

Los gestos y ofrecimientos basados en la bondad son los que mejor definen a una persona. Tanto es así que gracias a ellos logramos exprimir y beber la esencia del mundo. Esta es la que merece la alegría y que nos hace sentir orgullosos de nuestra condición.

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Si hacemos el bien nos contagiaremos de la fragancia de nuestras rosas. No hay mejor satisfacción que la recompensa que encierra un buen acto.

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Las buenas personas también cometen errores

Hay que ser realistas, no todos somos totalmente buenos o totalmente malos. Todos cometemos errores, pero lo importante es la intención de no dañar o no pasar por encima de alguien o algo.

Así pues, tenemos que saber que las buenas personas también nos pueden herir, pero no por ello pierden su fragancia. Es decir, no podemos despojar a alguien de sus buenos atributos solo porque no haya actuado de la manera más adecuada en un momento dado.

Eso se llama tolerancia y nos ayuda a tomar perspectiva a la hora de contemplar las luces y las sombras. Del mismo modo, este tipo de valores tienen efecto llamada, lo que genera una amalgama de otras cualidades como la humildad, la prudencia y el respeto.

Por tanto, no se trata de que tomemos grandes decisiones, sino de que aportemos pequeños granitos de arena al mundo a través de la lealtad del corazón y de la grandeza del alma.

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La bondad es una cadena de oro que nos enlaza a todos

La bondad es la única inversión que nunca nos falla pues quien siembra, cosecha. De este modo, sembrar semillas de buenos actos revierte no solo en un beneficio inmediato y concreto, sino en uno universal.

Lo que realmente conseguimos ofreciendo rosas es que los corazones de los demás florezcan. Además, también hacemos que se sientan satisfechos y cómodos en el mundo y actúen en consecuencia.

Hacer el bien no significa que tengamos que esperar una recompensa pues, como hemos dicho, la mejor gratificación está en lo que los buenos actos generan en nosotros y en los demás. Por esta razón la bondad se postula como la mejor moneda de cambio.

Tenemos que evitar toda actitud que justifique la inmovilidad y el estoicismo hacia lo que nos rodea. Nada de lo que podamos pensar excusa que dejemos que los demás lleven a cabo los buenos actos, solo la pereza, la desidia y la impavidez.

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rosas

La inteligencia emocional y la bondad

La máxima expresión de la inteligencia emocional es la bondad. Así, aunque puede que mantener ciertos valores en todo momento no sea sencillo, la bondad no es solo la que se encuentra en las grandes gestas.

En realidad, lo que suma son los actos cotidianos, los que están en nuestra mano. Por eso este valor requiere de un cuidado diario a través de su puesta en práctica:

  • Predica bondad a través del ejemplo.
  • Cuida de los demás en cada momento.
  • Ten buena disposición y diviértete haciendo el bien.
  • Respeta a los demás y no permitas las injusticias.

Tenemos que tener muy presente que el mundo se hunde con la maldad y se eleva con la bondad. Asimismo, esta última constituye la expresión madura de la evolución humana, pues se alza como el fiel reflejo de un corazón educado.

Ver también: 

  • Goleman, D. (1996). inteligencia emocional. Anales de Psicología / Annals of Psychology.
  • Velasco Bernal, J. J. (2016). LA INTELIGENCIA EMOCIONAL. Industrial Data. https://doi.org/10.15381/idata.v4i1.6677
  • Jiménez Morales, M. I., & López-Zafra, E. (2009). Inteligencia emocional y rendimiento escolar: Estado actual de la cuestión. Revista Latinoamericana de Psicologia.
  • Bisquerra, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida. Revista de Investigación Educativa. https://doi.org/10.1080/02109395.2014.922263