La mejor edad es la que tienes ahora

Valeria Sabater·
07 Agosto, 2020
La edad es algo más que el aspecto físico que mostramos. Con el paso de los años, experiencias de todo tipo van conformando lo que somos ahora. Pero ¿existe tal vez algún mejor momento en esta aventura?

La mejor edad es la que tienes ahora, ni más ni menos. Cuando somos jóvenes ansiamos alcanzar la etapa de la independencia. Pensamos en ese hito como si el mismo albergara los sueños, los amores o las aventuras más interesantes.

Más tarde, a medida que pasa el tiempo, parece que a algunos les cuesta encajar los años cumplidos. Se resisten a lo que muestra el espejo, a esas velas que añaden en cada aniversario.

¿Qué les ocurre a estas personas? ¿Han olvidado que al igual que ellas crecen lo hacen las oportunidades para aprender y estrechar lazos con quienes les rodean?

Aún es posible subirse a nuevos trenes. Tampoco es tarde para iniciar esos proyectos que teníamos en mente. A continuación reflexionamos sobre estas cuestiones.

¿Cuál es, entonces, la mejor edad?

Hay quien suele decir aquello de “Es que no me reconozco en el espejo. Me siento más joven por dentro”. ¿Es esto algo de lo que preocuparse? En absoluto. De hecho, en cierto modo es una actitud habitual e, incluso, positiva.

En esos casos los protagonistas aceptan la edad que les ha dado el tiempo. Admiten las arrugas del rostro o lo que, sin pretenderlo, transmiten con la mirada.

Sin embargo, ¿qué ocurre en las ocasiones en que los implicados se niegan a asumir la veteranía? El continuo anhelo de la juventud o una baja autoestima pueden aportarnos una explicación al respecto.

Veámoslo más despacio en los siguientes apartados.

La mejor edad es tu edad actual

La incansable búsqueda de la juventud

Cuenta la historia que Diana de Poitiers, la famosa amante del rey Enrique II de Francia, estuvo obsesionada de forma constante por evitar la madurez. No soportaba ver cómo su cara cambiaba, cómo encanecía su cabello y cómo perdía los favores de ese rey que la mantenía.

Exploró mil fórmulas y pagó altas cantidades de dinero a varios alquimistas. Así, llegó hasta los 66 años con un aspecto frágil, delgado y enfermizo. Es probable que aparentara bastante menos edad de la que en verdad tenía, pero lo logró a base de un intenso sufrimiento.

Análisis óseos posteriores revelaron que esta mujer se pasó la mitad de la vida consumiendo oro para luchar contra el envejecimiento.

¿Valió la pena la lenta intoxicación, la anemia? Lo desconocemos. No obstante, a día de hoy y a otro nivel, parece que sigue repitiéndose esta misma búsqueda.

Nos encontramos con que a menudo se sobrevalora el aspecto físico. Existe una obsesión extendida por recrear la imagen que nos acompañaba temporadas atrás.

Ahora bien, más allá del deseado atractivo, con frecuencia tal preocupación lo que produce es ansiedad y frustración.

Cabe, por tanto, preguntarse: ¿tan importante es lucir esa pinta de chaval como para poner en juego el propio bienestar?

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La incansable búsqueda de la juventud

La verdadera autoestima, la mejor edad

Aquel que se siente bien consigo mismo y satisfecho con lo que ha conseguido parte de una posición idónea para reconocer la edad que le corresponde.

A su vez, se trata de una actitud que abarca algo más que la apariencia externa.

Es decir, a pesar de las decepciones o los fracasos personales, quienes cuentan con una óptima autoestima superan los obstáculos con mayor facilidad.

  • Ese amor propio es el auténtico motor que nos empuja, impidiendo que la sensación de indefensión nos invada.
  • Si nos valoramos, hallaremos la manera de armonizar las distintas circunstancias con los momentos vitales en los que nos situemos.
  • Este aprecio por uno mismo es una práctica cotidiana. Aunque pasemos días malos, sabemos que luego vamos a salir adelante.
  • Tocaremos fondo para volver a levantarnos. Y ello no nos convierte en individuos débiles, sino en hombres y mujeres que han aprendido de las propias experiencias.
La verdadera autoestima

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Y tú ¿qué edad tienes?

Aceptarse supone, pues, integrar los años cumplidos en esa autoevaluación que hacemos de nosotros mismos.

No deseo tener otra edad. Me siento a gusto con la que tengo, ni más ni menos, porque son sueños realizados. Porque cada etapa vivida me ha llevado a construir lo que soy.

Admito que me quedan retos por alcanzar. Cada día me planteo nuevos proyectos cargados de ilusión. Miro atrás y sé que he madurado, que todo lo pasado ha merecido la pena.

Satisfecho por cada piedra sorteada, me atrevo a decir que la mejor edad es la que tengo hoy y ahora.

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