La mente es como un paracaídas: solo funciona si se abre

Abrir nuestra mente es fundamental para saber aprovechar las oportunidades que se nos presentan y que, si no salimos de nuestra zona de confort, podríamos desaprovechar

Seguro que más de una vez habrás tenido la curiosa sensación de que vives rodeado de “mentes cuadradas”, previsibles y muy inflexibles. Ahora bien, lo creamos o no, todos, en cierto modo, tenemos esquemas de pensamiento algo rígidos de los que no nos damos cuenta.

El miedo, las actitudes limitantes e incluso el estar rodeados precisamente de personas con “mentes cuadradas” provoca que, en algunos momentos, acabemos adaptándonos a esos mismos patrones.

No obstante, no debes procuparte, porque nuestros cerebros son maquinarias perfectas donde se llevan cabo un millón de conexiones, así que nada es imposible.

Basta con cambiar un pensamiento para cambiar la realidad. Por ello, hoy en nuestro espacio te proponemos a hacer lo siguiente: abre tu mente como un paracaídas. Sé receptivo, sé intuitivo y permítete disfrutar de tu propia libertad.

Vale la pena.

Abrir tu mente para abrir tu corazón

Lo creamos o no, no resulta precisamente fácil cambiar muchos de esos esquemas de pensamiento. Ello provoca muchas veces que nos veamos en los mismos contextos a pesar de ser infelices. Por temor a quedarnos solos permanecemos al lado de diversas personas, aunque no nos aporten cosas positivas.

El saludable ejercicio de abrir la mente es una práctica que requiere distintos procesos que comparten un mismo origen: la voluntad. La necesidad de sentirnos mejor y, por encima de todo, tener el pleno control de nuestra propia vida.

Te invitamos a reflexionar sobre los siguientes aspectos.

 

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Aprender a escuchar, sin juzgar, pero atendiendo nuestras emociones

El arte de escuchar, de ser receptivos y atentos a todo lo que nos rodea es, sin duda, un modo excepcional de aprender a abrir la mente.

  • Para conseguirlo, es preciso dejar a un lado los juicios de valor durante un momento y relativizar.

Para entenderlo, recuerda, por ejemplo, lo desesperante que resulta en ocasiones explicarle un determinado aspecto a alguien “que se niega a escuchar”, a entender tu punto de vista.

  • Una mente abierta es capaz de conectar con los demás para comprender su posición, para empatizar.

Ahora bien, el comprender no significa que debamos estar de acuerdo en todos los aspectos. Se trata solo de “estar abiertos” para poder aprender.

Escuchar sin criticar ni posicionarse rápidamente en un aspecto es un arte que se aprende con el tiempo. Atiende con la mente abierta y el corazón tranquilo: solo así conectarás también con tus propias emociones de forma relajada.

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Pongamos un ejemplo. Estás hablando con alguien de tu familia que no acepta alguno de tus comportamientos. Una mente abierta actuaría del siguiente modo:

  • Atendería en silencio, comprendiendo cada uno de los argumentos que ese familiar le expone.
  • Lo haría, además, con calma, con tranquilidad. Porque cuando uno está seguro de lo que es, de lo que desea y necesita, ya no hay vuelta atrás y sabe que nadie puede convencerle de lo contrario.

Por ello, no vale la pena acumular rencor o iniciar discusiones.

  • El respeto, el ser cercano pero defender a la vez los propios valores y necesidades forma parte de las mente fuertes que se defienden así mismas pero que, por encima de todo, son respetuosas.

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Aprovecha las oportunidades que aparecen en tu entorno

Una mente abierta es sinónimo de plenitud psicológica. Ello se debe básicamente a que se han reducido al máximo aspectos como las inseguridades, las bajas autoestimas, los miedos personales y, ante todo, ese miedo a la soledad que nos aferra muchas veces a contextos cotidianos e infelices.

Queda claro que a todos nos gusta la seguridad, el envolvernos por una serie de hábitos que nos definen y que nos anclan a un lugar determinado y a unas personas determinadas. Es lo correcto, siempre y cuando nos sintamos bien.

Ahora bien, el problema aparece cuando lo que nos rodea “no nos hace felices”, cuando notamos que nuestra mente empieza a perder agilidad o las penas superan a los instantes de paz interior… Todo ello acaba afectando a nuestra salud física y psicológica.

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  • Un modo de hacer frente a este sufrimiento es despertar nuestros sentidos, nuestra intuición, abrir el paracaídas de nuestra mente y tantear otros escenarios, otras personas, otros contextos.
  • Tal vez la solución esté en cambiar de trabajo, de amigos, en dejar esa ciudad o en cortar con ese vínculo familiar que nos impide ser felices con las personas que queremos.
  • A veces, dejar ir también es el motor con el cual liberar la mente para poder abrirla. Porque todos hemos vivido esos instantes a lo largo de nuestro ciclo vital en que estábamos rodeados de oscuridad, de rutinas asfixiantes.

Algo tan valiente como decir basta y dar el paso para salir de lo que te es cotidiano te permitirá sin duda encontrar el motor que necesitas, ese que te hará confiar de nuevo en tu instinto. Atrévete.