La necesidad de llorar por ser demasiado fuertes

Raquel Lemos 16 noviembre, 2016
En ocasiones es fundamental satisfacer esa necesidad de llorar que tenemos para lograr llenarnos de fuerza de nuevo y poder afrontar todo aquello que nos depare la vida

Mi necesidad de llorar no nace de la debilidad, de la falta de fuerzas para resistir, de las ganas de tirar todo lo conseguido hasta ahora por la borda.

Este apuro proviene de lo fuerte que he sido y de lo mucho que preciso liberarme.

Seguimos considerando débil a quien llora. Incluso, nosotros mismos nos recriminamos cuando las lágrimas afloran a causa de circunstancias con las que hemos tenido que lidiar.

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Soportar una situación difícil tras otra, ser la columna de la familia, estar siempre de pie aunque lo que deseas es dejarte caer… Te obligas a ser fuerte mientras todo se tambalea a tu alrededor.

Hasta el árbol más resistente cede ante un tsunami

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Ahora lloras, te desahogas, pero es normal. Hasta el árbol más fuerte cede ante la fuerza de un tsunami. No eres de piedra, has aguantado golpes de muchos frentes.

Lo peor que podrías hacer sería aguantar esas lágrimas. Tragártelas todas y fingir que no necesitas sacarlas fuera.

Sabes que tarde o temprano acabarán en llanto. Por mucho que retrases ese momento, llegará. Nadie puede ser fuerte todos los días de su vida.

Muchos menos cuando todo a su alrededor se ha vuelto en su contra.

Así que llora. Saca toda esa rabia, frustración y cansancio que llevas dentro. Te sentirás mucho mejor después de hacerlo. Al fin y al cabo, todos terminamos explotando.

Ser resistentes es toda una responsabilidad. Sin embargo, por algún lado debe salir toda esa presión a la que nos hemos sometido.

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Acepta esto y permítete no intentar ser tan perfecto.

La necesidad de llorar fruto del estrés

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Nuestra necesidad de llorar tras periodos en los que hemos aguantado demasiado es fruto del estrés que hemos acumulado.

Lo queramos o no, este estado nos acompaña en muchos momentos y situaciones de nuestra vida. Siempre aparece cuando menos lo necesitamos.

A veces, nos alienta a frenar, a pararnos y dejar de cargar con demasiadas obligaciones.

Sin embargo, el estrés consta de tres fases bien diferenciadas que es necesario saber identificar. De esta manera, podremos gestionar mejor todo lo que sucede a nuestro alrededor.

La fase de alarma

Es cuando se activa la respuesta de huida, esa en la que estamos muy dispuestos para enfrentar un peligro. En esta etapa no pensamos, tan solo actuamos.

El periodo de resistencia

Si la situación anterior se prolonga, pasaremos a esta etapa en la que nos dispondremos a afrontar lo que llegue, sin importar lo que sea.

Sacamos fuerzas de donde sea para mantenernos firmes, pero terminamos agotándonos.

La etapa de agotamiento

la situación que nos ha estresado no desaparece, pero nuestro nivel de alerta pierde fuerzas.

Es entonces cuando estamos a un paso del llanto, de la búsqueda de esa liberación que nos permita soltar, pues hemos resistido demasiado.

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Ponte límites

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Sin haber experimentado esta circunstancia es difícil poder actuar para que no vuelva a ocurrir.

Para ello, es muy importante que nos pongamos límites, que pensemos más en nosotros mismos y que no demos cuando ya no tenemos más que ofrecer.

  • A veces, ya sea porque somos padres, figuras de autoridad o porque nos han impuesto determinada responsabilidad, nos echamos a la espalda un sinfín de piedras que nos terminan hundiendo.
  • Somos fuertes, sí, pero, como hemos visto, esto no dura mucho tiempo. Al final, el estrés al que nos sometemos puede con nosotros.

Somos humanos, no máquinas. Tenemos un límite.

  • Por eso, es importante estar alerta de esas fases ya mencionadas para poder ponerle freno a todo lo que estamos haciendo y que nos está afectando.

Frenar a tiempo será beneficioso para saber hasta donde podemos llegar.

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Sin embargo, hay algo aún más importante que tienes que aprender a hacer. Es aceptar que no puedes ser siempre ese muro donde los demás se apoyen, esa viga que lo sostiene todo.

Permítete ser débil, llorar, derrumbarte. Solamente aceptando esto, podrás resurgir y adoptar medidas que te protejan, que no te lleven hasta estos extremos.

Solo tú sabes hasta donde puedes llegar. No te vacíes del todo. Si no eres capaz, no pasa nada. Tu necesidad de llorar es positiva, te ayudará.

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