La salud intestinal de la embarazada influye en el cerebro del futuro bebé

10 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la neurocientífica Raquel Marín
El embarazo es un periodo fundamental para el desarrollo del feto. ¿Qué posibles enfermedades relacionadas con el cerebro del futuro bebé están en juego durante estos nueve meses?
 

Siempre hemos sabido que el embarazo es un momento crítico para el desarrollo del feto y su salud. Pero lo que no era tan conocido es que hubiera enfermedades que pueden aparecer en la vida a posteriori. Estas también se pueden relacionar con lo que mamá comía y hacía durante su embarazo. ¿Sabías que la salud intestinal de la embarazada podrí influir en el cerebro del futuro bebé?

Formar el cerebro del futuro bebé es muy costoso

La formación del cerebro del futuro bebé durante el desarrollo genera un alto coste metabólico. A partir del primer mes de gestación, proliferan las neuronas frenéticamente y se van ubicando en lo que será el futuro cerebro, siguiendo un programa perfectamente trazado.

¡El ritmo de divisiones de las neuronas alcanza en esta etapa el récord de 250.000 células por minuto! El desarrollo del cerebro del feto representa una gran parte de la energía total que la madre efectúa en el desarrollo del feto.

Al final del embarazo, el coste energético total para formar un nuevo cerebro es de unas 40.000 kilocalorías. Estas vienen a ser más de la mitad del gasto total del coste energético del embarazo. Así lo confirman investigaciones como la publicada en 1981 por la revista Progress in Lipid Research.

Por consiguiente, incluso antes del nacimiento, el cerebro del futuro bebé es ya muy dependiente de lo que la madre coma y haga en esta etapa. Uno de los órganos aliados del desarrollo del cerebro fetal podría ser el intestino de la madre.

 
Mujer embarazada sentada en la cama.

Infecciones intestinales en la embarazada y el cerebro del futuro bebé

Aunque todavía está por confirmar, se cree que las infecciones intestinales durante los primeros seis meses de embarazo en las madres aumentan el riesgo de disfunciones del cerebro en el futuro bebé. Así lo ponen de manifiesto estudios como el publicado en 2018 por la revista The American Journal of Maternal/Child Nursing.

De confirmarse, se podrían considerar estrategias para reducir el riesgo de infecciones durante el embarazo. Estas podrían centrarse en el control de las bacterias del intestino, mediante dietas controladas, prebióticos y probióticos (es decir, alimentos que ayudan a mantener la flora intestinal).

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Diabetes en la madre: ¿puede afectar al cerebro del futuro bebé?

Otros estudios como el publicado en 2018 en la revista JAMA han desvelado que el desarrollo de diabetes (tipo I o tipo II) es un factor de riesgo de autismo en la descendencia.

Los investigadores llevaron a cabo un estudio en niños a los que hicieron un seguimiento durante los primeros años de vida. Se anotó los que desarrollaban autismo y se encontró que procedían de madres que habían padecido diabetes tipo I o tipo II durante el embarazo.

 

Los resultados demostraron que durante el embarazo de madres con diabetes aumentaba en un 62% el riesgo de que la descendencia presentara autismo. Sin embargo, aún se desconocen las causas por las que la diabetes podría aumentar este riesgo.

Aunque hay diabetes inevitables, como la tipo I, la diabetes tipo II aumenta su incidencia con la mala alimentación y la comida basura.

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Adecuada proporción de grasas omega y riesgo de TDAH

Un estudio llevado a cabo por por investigadores españoles y publicado en 2019 ha demostrado que la dieta en el embarazo podría influir en el riesgo de síntomas de TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) en los niños a partir de los 7 años de edad.

En la investigación se analizó la proporción de ácidos grasos omega-6 frente a ácidos grasos omega-3 que las madres ingerían durante el embarazo. Si bien ambos ácidos grasos son esenciales para el desarrollo y funcionamiento del cerebro toda la vida, durante el embarazo la adecuada cantidad de estas grasas es particularmente crucial.

Los omega-6 y omega-3 deben guardarse en una adecuada proporción (3 a 1 es lo aconsejable). Los omega-6 son particularmente abundantes en aceites vegetales. También pueden encontrarse en semillas y granos así como en cereales y carnes. Por su parte, los omega 3 pueden encontrarse en aceites de pescado y fuentes marinas.

 

Los resultados indicaron que existía una correlación entre la desproporción de omega-6/omega-3 y el mayor riesgo de mostrar síntomas de TDAH a partir de los 7 años de edad en los hijos.

De esta manera, los investigadores pudieron concluir que la dieta materna durante el embarazo puede modular el riesgo de desarrollar síntomas de TDAH a largo plazo en la descendencia.

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Come frutos secos en los 3 primeros meses de embarazo

Según una investigación publicada en la revista European Journal of Epidemiology, comer frutos secos (nueces, almendras, avellanas, cacahuetes y piñones) durante los 3 primeros meses del embarazo mejora la atención, memoria y aprendizaje en los futuros hijos.

Los beneficios de los frutos secos (seguramente también otros como los anacardos, nueces de Macadamia, pistachos, etc.) se explican por su alto contenido en ácidos grasos esenciales tipo omega-6 y omega-3, alto contenido en microminerales y en vitamina B9 que contribuyen al desarrollo del cerebro del feto cuando más lo necesita.

Lo curioso es que no se observaban los mismos efectos beneficiosos en el desarrollo neuropsicológico de la descendencia cuando las madres habían consumido los frutos secos en abundancia en los 3 últimos meses del embarazo.

Comer frutos secos durante el embarazo tiene beneficios para el cerebro del futuro bebé.
 

La cesárea no es lo ideal para el recién nacido

Los desarrollos históricos y los avances en las técnicas y la logística de la cesárea han reducido los riesgos maternos y neonatales asociados con el procedimiento, al tiempo que aumenta el número de embarazos completados quirúrgicamente por razones médicamente injustificables.

El problema que se ha podido determinar a partir de esto es que la cesárea puede tener consecuencias para la salud de los bebés nacidos. Así lo confirma una investigación publicada en 2013 en la revista Medical Archives.

Según este estudio, en los niños nacidos por cesárea, faltan las bacterias maternas “buenas”. Estas normalmente se encuentran en el canal de parto materno y el recto. Mientras, con frecuencia están presentes las bacterias “malas” que pueden poner en peligro el sistema inmunitario del niño.

Mientras, en los niños nacidos por parto vaginal, las bacterias maternas “buenas” estimulan los glóbulos blancos y otros componentes del sistema inmunitario del recién nacido, lo que se ha tomado como base para las hipótesis que explican la asociación evidente de las morbilidades y el parto por cesárea mencionados anteriormente.

Las mujeres suelen ser muy cuidadosas y cautelosas en el embarazo para dar lo mejor de sí mismas a la descendencia. No cabe duda de que un gran aliado de estos cuidados recae en las bacterias que viven en el intestino. ¡Cuidemos de las tripas para que cuiden de nosotros toda la vida!

 
  • Crawford, M. A., Hassam, A. G., & Stevens, P. A. (1981). Essential fatty acid requirements in pregnancy and lactation with special reference to brain development. Progress in Lipid Research, 20, 31-40.
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  • Xiang, A. H., Wang, X., Martinez, M. P., Page, K., Buchanan, T. A., & Feldman, R. K. (2018). Maternal type 1 diabetes and risk of autism in offspring. Jama, 320(1), 89-91.
  • López-Vicente, M., Fitó, N. R., Vilor-Tejedor, N., Garcia-Esteban, R., Fernández-Barrés, S., Dadvand, P., ... & Fernández-Somoano, A. (2019). Prenatal omega-6: omega-3 ratio and attention deficit and hyperactivity disorder symptoms. The Journal of pediatrics, 209, 204-211.
  • Gignac, F., Romaguera, D., Fernández-Barrés, S., Phillipat, C., Esteban, R. G., López-Vicente, M., ... & Lopez-Espinosa, M. J. (2019). Maternal nut intake in pregnancy and child neuropsychological development up to 8 years old: a population-based cohort study in Spain. European journal of epidemiology, 34(7), 661-673.