La salud intestinal de la embarazada influye en el cerebro del futuro bebé

30 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la neurocientífica Raquel Marín
El embarazo es un periodo fundamental para el desarrollo del feto. ¿Qué posibles enfermedades relacionadas con el cerebro del futuro bebé están en juego en estos nueve meses?

Siempre hemos sabido que el embarazo es un momento crítico para el desarrollo del feto y su salud. Pero lo que no sabíamos es que hubiera enfermedades que pueden aparecer en la vida a posteriori y que también se pueden relacionar con lo que mamá comía y hacía durante su embarazo.

Formar el cerebro del futuro bebé es muy costoso

La formación del cerebro del futuro bebé durante el desarrollo genera un alto coste metabólico. A partir del primer mes de gestación, proliferan las neuronas frenéticamente y se van ubicando en lo que será el futuro cerebro, siguiendo un programa perfectamente trazado. ¡El ritmo de divisiones de las neuronas alcanza en esta etapa el récord de 250.000 células por minuto!

El desarrollo del cerebro del feto representa un 60-70 por ciento de la energía total que la madre efectúa en la nueva persona. Al final del embarazo, el coste energético total para formar un nuevo cerebro es de unas 50.000 kilocalorías, que vienen a ser más de la mitad del gasto total del coste energético del embarazo.

Por consiguiente, incluso antes del nacimiento, el cerebro del futuro bebé es ya muy dependiente de lo que la madre coma y haga en esta etapa. Uno de los órganos aliados del desarrollo del cerebro fetal es el intestino de la madre.

Mujer embarazada sentada en la cama.

Infecciones intestinales en la embarazada

Aunque todavía está por confirmar, se cree que las infecciones intestinales durante los primeros seis meses de embarazo en las madres aumentan el riesgo de disfunciones del cerebro en el futuro bebé.

De confirmarse, se podrían considerar estrategias para reducir el riesgo de infecciones durante el embarazo a través del control de las bacterias del intestino, simplemente con dietas controladas, prebióticos y probióticos (es decir, alimentos que ayudan a mantener la flora intestinal).

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Diabetes en la madre

Otros estudios han desvelado que el desarrollo de diabetes (tipo I o tipo II) es un factor de riesgo de autismo en la descendencia.

En el estudio, los investigadores tomaron datos de cerca de medio millón de niños a los que hicieron un seguimiento durante los primeros 7 años de vida. Se anotó los que desarrollaban autismo y se encontró que procedían de madres que habían padecido diabetes tipo I o tipo II durante el embarazo.

Los resultados demostraron que durante el embarazo de madres con diabetes aumentaba en un 62% el riesgo de que la descendencia presentara autismo. Sin embargo, aún se desconocen las causas por las que la diabetes podría aumentar este riesgo.

Aunque hay diabetes inevitables, como la tipo I, la diabetes tipo II aumenta su incidencia con la mala alimentación y la comida basura. Esta puede aliviar sus síntomas con el ejercicio físico regular (por ejemplo, caminar a buen paso durante 30 minutos diariamente) y con una dieta saludable (como la dieta mediterránea).

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Adecuada proporción de grasas omega y riesgo de TDAH

Un estudio efectuado por investigadores de entidades españolas ha demostrado que la dieta en el embarazo podría influir en el riesgo de síntomas de TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) en los niños a partir de los 7 años de edad.

En la investigación se analizó la proporción de ácidos grasos omega-6 frente a ácidos grasos omega-3 que las madres ingerían durante el embarazo. Si bien ambos ácidos grasos son esenciales para el desarrollo y funcionamiento del cerebro toda la vida, durante el embarazo la adecuada cantidad de estas grasas es particularmente crucial.

Los omega-6 y omega-3 deben guardarse en una adecuada proporción (3 a 1 es lo aconsejable). Los omega-6 son particularmente abundantes en aceites vegetales, de semillas y granos así como en cereales y carnes, mientras que los omega-3 son ricos en aceites de pescado y fuentes marinas y lacustres.

Los resultados indicaron que existía una correlación entre la desproporción de omega-6/omega-3 y el mayor riesgo de mostrar síntomas de TDAH a partir de los 7 años de edad en los hijos. De esta manera se asoció el número de síntomas con la mayor desproporción de estas grasas. No obstante, la correlación no existía respecto al diagnóstico de TDAH, indicativo de que otros factores también influyen en este trastorno.

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Come frutos secos en los 3 primeros meses de embarazo

Un estudio reciente ha demostrado que comer frutos secos (nueces, almendras, avellanas, cacahuetes y piñones) durante los 3 primeros meses del embarazo mejora la atención, memoria y aprendizaje en los niños.

Los beneficios de los frutos secos (seguramente también otros como los anacardos, nueces de Macadamia, pistachos, etc.) se explican por su alto contenido en ácidos grasos esenciales tipo omega-6 y omega-3, alto contenido en microminerales y en vitamina B9 que contribuyen al desarrollo del cerebro del feto cuando más lo necesita.

Lo curioso es que no se observaban los mismos efectos beneficiosos en el desarrollo neuropsicológico de la descendencia cuando las madres habían consumido los frutos secos en abundancia en los 3 últimos meses del embarazo.

Comer frutos secos durante el embarazo tiene beneficios para el cerebro del futuro bebé.

La cesárea no es lo ideal para el recién nacido

Los bebés que nacen por cesárea tienen diferente flora intestinal que los bebés que nacen de parto natural. En los nacidos por cesárea los niveles de bacterias saludables suele ser inferior, mientras que el de bacterias potencialmente problemáticas aumenta. Este hecho aumenta el riesgo de algunas enfermedades posteriores. La colonización adecuada de microorganismos durante los primeros meses de vida es crucial para la salud posterior.

En una investigación se demostró que los nacidos por cesárea presentaban menor proporción de bacterias “buenas” que son importantes para la digestión de la leche. También presentaban mayores niveles de bacterias “malas”.

Estas diferencias se correlacionan con un aumento de los problemas inmunológicos posteriores que afectaban a las vías respiratorias. Los nacidos por cesárea presentaban mayor incidencia de asma y alergias. También aumentaba el riesgo de que fueran obesos.

Las mujeres suelen ser muy cuidadosas y cautelosas en el embarazo para dar lo mejor de sí mismas a la descendencia. No cabe duda de que un gran aliado de estos cuidados recae en las bacterias que viven en el intestino. ¡Cuidemos de las tripas para que cuiden de nosotros toda la vida!