Las caricias también curan

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 27 octubre, 2013
En determinadas ocasiones las caricias tienen un efecto más beneficioso que el de cualquier fármaco. Gracias al contacto nos sentimos integrados y reafirmados, y alejamos la tristeza y la depresión.

Las manos nos ayudan a comunicarnos y a expresarnos. Muchas veces las palabras no bastan para transmitir todo lo que querríamos decir. En otras ocasiones, las palabras parecen sobrar y entorpecer la comunicación. En esos momentos siempre podemos confiar en las caricias

El poder curativo de las caricias

Las caricias no hablan

Las caricias son gestos terapéuticos cargados de significado, expresiones que tienen más poder que cualquier fármaco.

Un abrazo o una mano rozando el rostro o espalda propician la liberación oxitocina. Esta hormona, conocida como “la hormona del amor”, es clave para crear lazos afectivos. Por eso, el contacto físico, es importante para crear uniones emocionales.

Coger en brazos a los bebés y el contacto directo con su piel es imprescindible para su desarrollo emocional. Los gestos de cariño provocan la expresión de sentimientos compartidos. Además propician la confianza, ya que demuestran también entrega.

No recibir caricias de pequeños, puede hacer que, de adultos, sea más difícil dar y recibir cariño. Cuesta más expresar cualquier emoción, sobre todo si la queremos expresar de manera física. El contacto físico suele percibirse como algo “sucio”.

Caricias para aliviar el estrés

El contacto humano tiene un claro efecto tranquilizador, se trata de un sencillo bálsamo donde nos sentimos integrados y reafirmados. Sin ningún tipo de contacto, es posible caer en la tristeza y aislamiento que podrían llevar en una depresión.

Es válido para cualquier edad: niños abandonados, parejas con poco contacto, ancianos sin alguien que les muestre cariño… Los seres humanos somo animales sociales, que crecemos gracias al contacto, al afecto, a la compasión y la ternura, al dar y recibir.

Las muestras de afecto físicas son tan habituales que podemos observarlas incluso en animales. Nuestras mascotas nos esperan al llegar a casa para buscar nuestra compañía y sentarse en nuestro regazo.

Nos regalan su cariño y nos vemos obligados, casi sin quererlo, a corresponderles. Como si fuera lo más importante en su mundo: sentirse queridos, sentir una caricia.

  • Bátiz, J. (2010). Cuidar con caricias. Gaceta Médica de Bilbao, 107(2), 39–40. https://doi.org/10.1016/S0304-4858(10)70013-5
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