Las diferencias entre el amor y la obsesión

Cuando el amor se transforma en obsesión la otra persona pasa de complementarnos a completarnos. Por eso tenemos miedo a que nos abandone, porque nos dejará vacíos

El amor es un sentimiento tan intenso que, a veces, se nos va de las manos y termina en una obsesión arrolladora que nos lleva por delante.

No resulta sencillo darnos cuenta de cuándo estamos atrapados en la obsesión o de cuando en realidad sentimos verdadero amor.

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Por eso, hoy descubriremos algunas de las diferencias fundamentales entre el amor y la obsesión que nos permitirán aclararnos y ver más fácilmente lo que nos está ocurriendo.

¿Amor u obsesión?

La exclusividad enfermiza

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Cuando nos encontramos obsesionados por una persona construimos una especie de pared alrededor de la relación en la cual no hay margen de maniobra.

Esta exclusividad agobia porque, en la mayoría de las ocasiones, controla, y esto provoca que nos encontremos desconfiando y alerta, en vez de relajarnos y disfrutar de la relación.

El amor, en cambio, goza de un compromiso pero donde no hay esta exclusividad como norma, sino que se le da un gran valor a la honestidad entre los miembros de la pareja.

La obsesión y la baja autoestima

Cuando la obsesión se hace eco tiene que ver con una baja autoestima. Algo nos falta, algo necesitamos que no tenemos, por eso nos obsesionamos.

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Pero, cuando hablamos de amor no estamos buscando a alguien que nos llene, sino que más bien nos complemente.

En el amor hay aceptación

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En el momento en que una relación se pareja se rompe siempre hay una etapa de duelo por la que se tiene que pasar, pero que tarde o temprano da lugar a la aceptación de la realidad.

Pero, en el caso de la obsesión esto no es así. Sí hay un duelo, pero de este no podemos salir. Nos quedamos bloqueados, atados y la aceptación muchas veces no llega si no acudimos a terapia.

El otro es un ser humano

Esto puede ser algo obvio. Sin embargo, cuando nos referimos a la obsesión, no lo es tanto. En estos casos la otra persona es como una propiedad que nos pertenece para darnos aquello que nos falta.

En nuestro interior consideramos que está “obligada” a ello y que no nos puede fallar. Es nuestra necesidad, por lo que pasa a dejar de ser un ser humano para convertirse en una posesión.

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Cuando hablamos de amor, aquí se tiene en cuenta al otro como persona, que puede disfrutar tanto de sus derechos como de sus libertades.

Intenciones de manipulación

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A veces, en las relaciones amorosas surge la falta de interés de uno de los miembros de la pareja por el otro.

Si estuviésemos hablando de amor, esto nos entristecería, pero terminaríamos tomando una decisión y aceptando el desenlace.

Sin embargo, en el caso contrario, esto no es algo que se asuma, sino que se utiliza como un arma contra el otro.

De esta manera, se intenta provocar que la otra persona se sienta culpable por esa falta de interés que no ha buscado ni decidido sentir.

La importancia de la comunicación

En toda relación de pareja sana la comunicación y la empatía son elementos fundamentales para que todo “vaya sobre ruedas”.

Sin embargo, en las relaciones donde la obsesión está presente, la comunicación está ausente, pues hay miedo a que el otro pueda escapar, huir o dejarnos.

Por eso, hacemos como si nada pasase y fingimos que todo está bien para así no ver la realidad del problema.

Eso sí, crearnos ese mundo de luz y color no será una garantía de que todo se soluciones, sino lo contrario: la verdad te azotará más fuerte que nunca cuando aparezca.

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¿Alguna vez has experimentado estas dos formas de “amar” o creer que amas? Las personas que se obsesionan demasiado en sus relaciones terminan muy dañadas.

Su necesidad no se ve saciada y, si en algún momento todo cambia, pierden el control por completo.

No soportan que nada cambie, que se transforme en algo diferente a lo que venía sucediendo. Han puesto tanto empeño en ello que han agotado sus reservas de energía, lo han dado todo por el otro.

Sin embargo, se han olvidado de ellas mismas y la única solución aquí es volver a encontrarse de nuevo.

 

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