Las emociones que no gestionas, te controlan

Raquel Lemos Rodríguez · 20 febrero, 2019
No saber etiquetar ni identificar lo que sentimos puede hacer que tampoco seamos capaces de expresar nuestras emociones de la forma correcta y que muchas veces confundamos sentimientos.

Todas las emociones que no gestionas, si te fijas, terminan controlándote. Una palabra no dicha o un sentimiento no exteriorizado se convertirán, sin duda alguna, en una bomba de relojería.

Nadie nos enseña a gestionar de manera adecuada nuestras emociones. Lo que sí nos enseñan es a encubrir algunas, a guardarnos muchas y a expresar muy pocas.

Aquellas que consideramos negativas porque pueden suponer determinado rechazo por parte de nuestro entorno (llorar, expresar nuestro malestar, decir «no») no las exteriorizamos.

Estas son, si cabe, las emociones más importantes. Aquellas que, si no son gestionadas de la manera adecuada, pueden volverse en nuestra contra. Es el momento de que cambiemos esto.

Cómo aprender a distinguir nuestras emociones

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Para evitar que todas las emociones que no gestionas terminen yendo en tu contra, es importante que empieces por saber distinguirlas.

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Muchas más veces de las que pensamos confundimos lo que sentimos menospreciando la importancia que tiene.

Hay personas que se muestran irascibles y enfadadas, cuando en realidad lo que sienten es tristeza. Es una manera de encubrir una emoción a la que no le quieren hacer frente.

Esto causa muchos problemas, ya que una tristeza no identificada puede llevarnos a sufrir depresiones e incluso episodios de ansiedad muy intensos que no sabremos decir de dónde provienen.

Distinguir nuestras emociones, saber si sentimos tristeza, rabia, celos, furia, etc., nos permitirá ir al origen de esa emoción, lo que la ha provocado, para así gestionar la situación lo mejor posible.

En el momento en que no hacemos esto, todo se descontrola, se nos empieza a ir de las manos. Por lo tanto, es importante aceptar lo que sentimos, para así distinguirlo y ponerle solución.

Las emociones que no gestionas, tampoco las etiquetas

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Etiquetar las emociones es darles un nombre. Esto que siento es rabia, aquello frustración, me has hecho sentir un poco ansioso… .

En el momento en el que etiquetamos una emoción sabemos lo que es, a qué nos estamos enfrentando y cómo podemos hacerle frente.

Así conseguimos distinguir que bajo la rabia que exteriorizamos lo que en realidad sentimos en tristeza, podremos empezar a poner en funcionamiento determinadas herramientas para contrarrestarla.

Sin embargo, si no miramos esta emoción ni la etiquetamos, tal vez intentemos solucionar un sentimiento de rabia que no es el correcto y cuyas herramientas no nos servirán para nada. Pues, lo que subyace, es otra cosa.

Todas aquellas emociones que no gestionas, porque no quieres o tienes miedo a enfrentarte con lo que sientes, terminan no siendo ignoradas.

El problema es que de alguna u otra manera buscan su manera para expresarse y llamar tu atención.

Aumentar nuestra inteligencia emocional

Falta de inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un concepto que hace referencia a la capacidad de reconocer, identificar y etiquetar todas aquellas emociones que sentimos.

Sin embargo, esto también nos permite ampliar nuestra conciencia para así darnos cuenta de cómo la dirigen.

Este tipo de inteligencia se tiene en mayor o menos grado en cada persona.

Un ejemplo de esto puede ser aquella persona que explota de vez en cuando porque no sabe gestionar sus emociones de la manera adecuada.

En vez de potenciar su inteligencia emocional continúa reteniendo sus emociones.

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Sin embargo, las emociones, tarde o temprano, salen. Pueden manifestarse en forma de ansiedad, depresión, brotes de ira o esas explosiones en las que la persona estalla de manera exagerada en un momento totalmente inadecuado.

Esto denota una falta total de inteligencia emocional.

Recuerda que las emociones que no gestionas terminan controlando tu vida y provocando que, en ocasiones, sufras de manera innecesaria.

Aumenta tu inteligencia emocional, sé más consciente de lo que sientes y empieza a ponerle nombre a todas esas emociones que te abordan.

Verás como esta toma de conciencia dará sus frutos.

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