Las estaciones del año nos cambian el humor - Mejor con Salud

Las estaciones del año nos cambian el humor

Aunque no lo creamos, nuestro humor depende mucho de las condiciones externas. Así, cuanta más luz haya, por ejemplo, en verano, más serotonina segregaremos y seremos más felices

Cuando es verano nuestro humor es estupendo. Estamos felices, porque el sol brilla muchas horas, hace calor y nos vamos de vacaciones… Sin embargo, en invierno nos sentimos desganados, deprimidos y con caras largas.

¿Cómo nos cambian las estaciones el humor? En este artículo te contamos más.

Luz y temperatura: cómo nos modifica su presencia o ausencia

Cambios en el humor

El sol y el calor nos hacen sentir más reconfortados y alegres. Por ello los días grises o fríos nos cuesta más levantarnos de la cama, salir a la calle o hacer ejercicio.

El clima puede cambiar nuestro humor y también provocar ciertas enfermedades (o curar otras).

En ciertas estaciones del año son más habituales los síntomas de enfermedades mentales y aumentan también los episodios de depresión, mal humor, baja concentración o insomnio.

El trastorno afectivo estacional (TAE) se ve, sobre todo, cuando llegan el otoño o el invierno. La buena noticia es que remiten o desaparecen cuando empiezan los días más largos de primavera o la temperatura se eleva en verano.

Según los expertos, este trastorno se presenta en el 6% de la población y es más común en los adultos o adolescentes. Suele afectar más a las mujeres, pero también hay otros factores que lo pueden desencadenar:

  • Cambios hormonales
  • Historia familiar
  • Experiencias personales
  • Entorno
  • Predisposición

No olvides leer: ¿Conoces los síntomas y causas de los principales problemas hormonales?

El TAE es una de las tantas maneras en que se presenta la depresión y coincide con la falta de contacto con la luz o el calor. Justamente esto sucede en invierno u otoño.

Está caracterizado por:

  • Cambios en el humor
  • Disminución de la libido
  • Aumento de peso
  • Cansancio físico
  • Irritabilidad
  • Desesperanza
  • Tristeza

mujer bajo la lluvia

Es probable que aquel que sufra el trastorno afectivo emocional no tenga ganas de salir de casa, discuta con quienes le rodean, no tenga metas definidas o quiera dormir todo el día. El rechazo a hacer ejercicio, comer sano o vestirse bien también se relacionan a esta tristeza estacional.

Para poder explicar por qué aparece el síndrome deberíamos remontarnos a la antigüedad y a los primeros hombres que habitaron la tierra.

En invierno las actividades se reducían notoriamente, ya que la nieve, el frío o las pocas horas de sol obligaban a las personas a llevar vidas más tranquilas y “encerradas” (sin llegar al extremo de hibernar como hacen ciertos mamíferos).

Si nos centramos en una explicación más científica, debemos decir que cuando el cerebro no recibe suficiente luz produce menos cantidad de hormonas que regulan el estado de ánimo y la vigilia, como es el caso de la serotonina y la melatonina.

La primera está relacionada con la tristeza e irritabilidad si se encuentra en bajas dosis, y la segunda con los ciclos del sueño (tenemos más melatonina por las tardes y noches que por las mañanas).

La serotonina está más presente en verano, por producirse al entrar en contacto con el sol. No solo nos sentimos bien por las vacaciones o la playa, sino también porque esa hormona está equilibrada.

Los cambios de ánimo y humor en las estaciones por la alimentación

Dos comidas al día

Algo que también debemos tener en cuenta para entender por qué las estaciones modifican nuestro estado de ánimo es la dieta que llevamos en cada época.

Si bien ya no consumimos los alimentos basándonos en los meses (porque tenemos variedad en cualquier momento del año) lo cierto es que según el clima, somos más propensos a consumir tal o cual comida.

Por ejemplo, en verano nos inclinamos más por las frutas y las verduras, los jugos o los helados porque nos refrescan y quitan el calor.

Sin embargo, en invierno buscamos platillos más suculentos, grasosos o repletos de calorías. Esto, por supuesto, nos cambia el estado de ánimo, ya que un menú a base de frituras o salsas conlleva a estar irritables, malhumorados, pesimistas…

A su vez, estamos más tiempo en casa y, por ende, cocinamos platos más elaborados o con ingredientes que tenemos en la alacena, sobre todo pasta, arroces o todo lo que contenga harina.

La pesadez estomacal que los hidratos de carbono refinados provocan nos llevan a querer dormir más y a no tener tanta energía. Esto se relaciona, a su vez, con nuestro estado anímico.

Dime en qué estación estamos y te diré cómo te sientes

El equilibrio emocional está ligado a varios factores, entre ellos, el clima. A veces no sabemos muy bien por qué nos sentimos tristes o eufóricos, y puede que la explicación sea tan simple como “es invierno” o “es verano”.

Cada estación tiene lo suyo, para bien o para mal, y merece la pena conocerlo:

Primavera

reír

Representa la infancia, el inicio de la vida y el paso a una mejor situación (salimos del frío y oscuro invierno, que puede relacionarse con las malas noticias o los problemas).

La primavera permite a las plantas y flores desarrollarse, y muchos frutos comienzan a madurar. Las personas se sienten más desinhibidas, se quitan los abrigos y las actividades al aire libre son moneda corriente.

Ver también: 6 consejos para llevar un estilo de vida más feliz y libre

Verano

Es la representación de la adolescencia, nos permite disfrutar más de la naturaleza, el aire libre y las amistades. La energía aumenta y tenemos muchos objetivos o planes.

Es, a su vez, la época de crecimiento y maduración, el paso a un nuevo ciclo (por ejemplo en el estudio) y cuando nos sentimos más excitados y emocionados por lo que hacemos. La sangre fluye más rápido.

Otoño

otoño

Es la madurez de la vida, la transición entre el calor del verano y el frío del otoño. Aparecen los primeros fríos y grises.

Por ello aumenta la tristeza, la depresión y la melancolía que luego se hará más presente en el invierno.

Invierno

Es la representación de la vejez, la calma y la falta de ganas para hacer ciertas actividades, sobre todo, al aire libre o que requieran mucho gasto de energías.

Las pocas horas de sol, sumado a la nieve, el frío y la lluvia, aumentan las sensaciones de miedo.