Las terribles consecuencias que tiene la violencia de género

Tanto si eres víctima como si conoces algún caso de violencia de género, pide ayuda y no permitas que llegue a consecuencias fatales. Se puede salir del maltrato

La violencia de género continúa siendo uno de los grandes males de nuestros días. A pesar de todas las ayudas que se ofrecen a la persona maltratada, muchas no logran salir de esta situación.

Pensemos un momento en lo que nos viene a la mente cuando pensamos en violencia de género. Tal vez, visualices golpes, daños físicos y, en muchas ocasiones, la propia muerte.

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No obstante, la violencia de género puede ser silenciosa y el hecho de que las personas que la sufren se mantengan calladas es porque sus consecuencias son letales.

Te anula como persona, hasta llegas a defender a la persona que te maltrata. Hoy abordaremos las terribles consecuencias que tiene la violencia de género, que no son solo las que ya todos conocemos.

Dejas de ser tú mismo

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Ser víctima de la violencia de género provoca que dejes de ser tú mismo y te conviertas en la persona que tu pareja está provocando, a golpes, que seas.

Empiezas a ver el mundo de manera equívoca; intentas entender a la persona que te maltrata, justificándola, humillándote y mostrándote de forma sumisa ante ella.

A pesar de todo esto, algo no va bien. No eres feliz y lo sabes. Vives en un constante miedo de hacer una sola cosa mal que pueda provocar que todo estalle.

Has llegado incluso a negar que te maltratan. Dices que todo está bien y ¡te lo crees! Sin embargo, las marcas que hay en tu cuerpo te devuelven a la realidad y eso te hace llorar.

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El gran problema es que te sientes vulnerable, dependiente. En ocasiones sientes fluir por tus venas la rabia y la ira que, más tarde, se transforman en vergüenza por todo lo que estás permitiendo.

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Ya no puedes dormir bien. La ansiedad te ataca cuando menos te lo esperas. Has dejado de ser tú, has empezado a convertirte en alguien que busca escapar de esta situación de la forma menos acertada.

Te aislas, te desmereces

Cuando te encuentras sumergido en una situación de violencia de género, es muy normal que empieces a aislarte de tus seres más queridos.

Familiares, amigos… Todas esas personas que te conocen y que seguramente te dicen que algo no está bien. Pero tú callas y mientes, porque sabes que tu pareja te controla y, como digas una palabra de más y se entere, te castigará.

Has dejado de mostrar interés por todo aquello que te gustaba. ¿Dónde están esos poemas que escribías? ¿Y esas pinturas que realizabas? ¿Dónde se encuentran tus ganas de ir al trabajo?

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Tu inseguridad y tu aislamiento han provocado que sientas un continuo miedo. Ya no sonríes como antaño, ya no eres la persona que eras antes.

Has cambiado y no precisamente para bien. Ahora eres más sensible, más frágil, más doliente.

Ya no crees en ti, te sientes inútil, un fracaso. Incluso has llegado a creer que no eres una persona digna de ser amada.

La muerte no será una victoria

Muchas víctimas de la violencia de género terminan suicidándose o acaban muriendo a manos de sus parejas.

Esta muerte nunca será una victoria, sino una derrota en la que la que gana es el maltratador, ese que te cambió, que te hizo la vida imposible, que te usó como una marioneta.

Por eso, aunque sea difícil, es necesario buscar ayuda. Todo lo anterior son consecuencias por las cuales no te reconoces cuando te observas en el espejo.

La violencia de género es un mal que debe ser erradicado. No te aísles de tu familia ni de tus amigos. Ellos serán tus mejores aliados.

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Piensa que, para evitar una situación así, no deberías pasarle ni una a tu pareja, es decir, a la primera bofetada o síntoma de maltrato, vete.

Huye sin mirar atrás, sin que en tu cabeza aparezca el “debo intentarlo; si no, es culpa mía”. Te mereces algo mejor, no te mereces que alguien abuse de ti.

Es difícil, complicado. No solo es un maltrato físico, sino también psicológico. Por eso necesitas rodearte de personas que te quieren. Alejarte de ellas será un punto más para el cónyuge que maltrata.

Y, ¿sabes qué? Nadie se merece que lo maltraten.

 

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