Qué son los linfocitos B y qué función cumplen

Los linfocitos B son un tipo de células del sistema inmune. Su función principal es la de producir anticuerpos contra microorganismos invasores, pudiendo además recordarlos con el fin de atacarlos más rápidamente si vuelven a infectarnos.

Los linfocitos B son un tipo de células inmunes cuya función principal es la producción de anticuerpos dirigidos contra diversos  patógenos.

Los linfocitos B forman parte de una población celular denominada leucocitos o glóbulos blancos. Los leucocitos son precisamente las células inmunitarias de nuestro organismo, es decir, aquellas que nos defienden de infecciones microbianas.

Los leucocitos son células móviles que se encuentran en la sangre. Dentro de este grupo celular se encuentran los linfocitos, existiendo dos tipos: los linfocitos T y los linfocitos B, que constituyen entre un 5 y un 15 % del total de linfocitos.

Durante el desarrollo fetal, los linfocitos B se generan y maduran en el hígado, después, en el adulto, lo harán en la médula ósea. Tras esta maduración, los linfocitos B se acumularán en los ganglios linfáticos y en el bazo donde entrarán en contacto con los antígenos hacia los que van dirigidos.

Funciones principales de los linfocitos B

Anticuerpo monoclonal.

La función principal de los linfocitos B es la producción de anticuerpos contra antígenos específicos. Los antígenos son moléculas ajenas o tóxicas, normalmente encontradas en los microorganismos, que desencadenan una respuesta inmune en el organismo.

Los linfocitos B pueden reconocer a los antígenos gracias a unas moléculas de superficie, llamadas receptores BCR (receptor de células B), que presentan gran variabilidad, permitiendo así reconocer una gran cantidad de moléculas invasoras.

Para que los linfocitos B sean capaces de reconocer a estos antígenos deben ser “entrenados” en su proceso de maduración. Este entrenamiento consiste precisamente en exponer a los linfocitos B a los antígenos en cuestión, para que se activen y den lugar a distintas células inmunes.

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Células plasmáticas

Cuando los linfocitos B reconocen la presencia de un antígeno, se activan y se diferencian hacia células plasmáticas. A continuación, la célula plasmática original se divide activamente, produciéndose un conjunto de clones de células plasmáticas productoras de anticuerpos contra ese antígeno específico.

Estas células plasmáticas pueden unirse, por medio de sus anticuerpos, al germen contra el  que van dirigidas. Dicha unión facilita el reconocimiento del microorganismo por parte de otras células: los linfocitos T, capaces de fagocitarlo y eliminarlo.

Además, gracias el “entrenamiento” de los linfocitos B antes mencionado, estas células inmunes pueden mejorar su afinidad por el antígeno, variando progresivamente sus receptores y sobreviviendo solo las células con mayor afinidad.

Célula plasmática.

Células de memoria

La activación de los linfocitos B y la consiguiente producción de anticuerpos es un proceso que lleva tiempo, de forma que hacen falta varios días para que los linfocitos produzcan la suficiente cantidad de anticuerpos necesaria para combatir una infección.

Sin embargo, una vez lo consiguen, existe una pequeña cantidad de linfocitos B activos que se convierten en células de memoria. Estas células, como su nombre indica, son capaces de recordar el agente infeccioso al que combatieron, de forma que, si se vuelven a exponer a él, pueden producir una gran cantidad de anticuerpos en menos tiempo.

Esta es precisamente la base de la llamada respuesta inmune adaptativa. La finalidad de este mecanismo es inmunizarnos a ciertos patógenos, como los virus. De esta forma, si un virus determinado nos infecta por segunda vez, podremos combatirlo y eliminarlo mucho más rápidamente que la primera vez que lo hizo.

De hecho, gracias a este fenómeno son efectivas las vacunas, que no son más que virus atenuados que se introducen en el organismo a fin de que se produzcan células de memoria contra ellos, así, si ese virus nos infecta a lo largo de nuestra vida podremos defendernos de forma más efectiva.

Vacuna.

Otras funciones de los linfocitos B

Células presentadoras de antígenos

Los linfocitos B además, pueden actuar como células presentadoras de antígenos (APC por sus siglas en inglés). Esto implica que pueden captar y procesar al agente invasor y a continuación, presentar ellas mismas antígenos en su superficie, para que sean reconocidas por otras células inmunes que ataquen al microorganismo infectivo.

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Funciones reguladoras

Por último, una función muy importante de los linfocitos B es modular la respuesta inmune. Los linfocitos B pueden producir ciertas sustancias capaces de inhibir la respuesta inflamatoria producida tras una infección.

De esta forma se reduce la toxicidad de la respuesta inmune y ayuda a frenarla cuando ya se ha detenido la infección. Este aspecto es especialmente importante en las enfermedades autoinmunes, en las que se genera una respuesta inflamatoria desmedida que provoca diversos daños en el organismo.