Linfoma de Hodgkin

María José 14 octubre, 2017
El linfoma de Hodking es un cáncer de las células de la sangre. Tiene buen pronóstico, especialmente si se detecta en los estadios iniciales.

El linfoma de Hodgkin es un tipo de cáncer que afecta a las células de la sangre, especialmente aquellas que conforman la serie blanca.

En este caso, la reina es la célula de Reed – Stenberg, un linfocito B que ha sufrido múltiples alteraciones genéticas. Aunque es el tipo de célula que caracteriza a estos tumores, no son las únicas que aparecen. Junto a ellas podemos encontrar las células de Hodgkin, las células lacunares y las células en palomitas de maíz.

Todas ellas son células patológicas, que en condiciones normales no deberían encontrarse en la sangre.

Otro dato fundamental sobre los linfomas: las células proliferan en los propios ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos son estructuras ovaladas, dispuestas a lo largo del sistema linfático, y que forman parte del sistema inmune. En ellos se localizan los linfoctios B y T. Por ello, un linfoma es un cáncer que se produce en un ganglio a expensas de los linfocitos.

Puede consultar más información acerca de células de serie blanca haciendo click sobre el enlace.

¿Leucemia o Linfoma?

Leucemia o Linfoma

La diferencia más básica es que en un linfoma las células tumorales se encuentran en los ganglios, mientras que en una leucemia, las células cancerosas se encuentran en la sangre. Por tanto lo tanto:

  • Linfoma = ganglios linfáticos.
  • Leucemia = sangre.

Aún así, en los estados avanzados de la enfermedad la cuestión se da de la siguiente forma:

  • En los linfomas: las células malignas que se encuentran dentro de los ganglios “salen” al torrente sanguíneo. Es entonces cuando hablamos de que un linfoma se ha “leucemizado”
  • En las leucemias: las células malignas que circulan por la sangre acaban infiltrando también los ganglios.

Ver también: Los 7 mejores alimentos para aumentar las plaquetas de la sangre

Diferencias entre el linfoma de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin

En líneas generales, en el linfoma no Hodgkin no encontramos células de Reed – Stenberg. Por el contrario, encontramos un gran número de linfocitos B, T y células NK en diferentes estadíos de maduración. Además, en estos casos, se afectan con relativa frecuencia el bazo, el hígado y la médula ósea.

Evidentemente, también hay diferencias de cara al tratamiento de la enfermedad y al pronóstico, siendo este mejor en el linfoma de Hodgkin.

¿Cómo de frecuente es?

Cómo de frecuente es

En primer lugar, el linfoma de Hodgkin es hasta 6 veces menos frecuente que el linfoma no Hodgkin. Este afecta a 2 personas por cada cien mil habitantes y es el tumor maligno más frecuente en la adolescencia y en la juventud. Además, el linfoma de Hodgkin tiene un pico de incidencia máxima entre los 15 y los 30 años, y otro a parir de los 50.

Signos y síntomas del linfoma de Hodgkin

Dado que el cáncer afecta a los ganglios linfáticos, el hallazgo más característico son las adenopatías. Es decir, el aumento de tamaño de estos. Estas adenopatías son inicialmente asimétricas. En los estadios iniciales del cáncer normalmente no se encuentran en los dos lados del cuerpo.

Por otra parte estas adenopatías son duras, indoloras y pueden desplazarse. Por lo que en la mayoría de los casos, las primeras adenopatías son cervicales. Estas se acompañan de los llamados “síntomas B”:

  • Fiebre.
  • Pérdida de peso.
  • Sudoración nocturna muy abundante.
  • Pérdida del apetito.
  • Sensación de hormigueo.

En casos raros, los síntomas son principalmente el aumento del tamaño del bazo (esplenomegalia). En algunos casos también puede aumentar el tamaño del hígado (hepatomegalia).

No podemos olvidarnos de la aparición de anemia, considerada anemia de enfermedades crónicas, en estos casos, al cuadro propio del linfoma se suman los síntomas del síndrome anémico.

Diagnóstico

Diagnóstico

El diagnóstico lo realiza el médico en función de una historia clínica muy detallada y la respectiva exploración física, realizada de forma muy meticulosa para asegurar mayor precisión. Para mayor información, puede consultar la clasificación de Ann Arbor, que se utiliza para estadificar los linfomas.

  1. Analítica. Normalmente los valores relacionados con las células de la sangre son normales o están poco alterados, salvo si hay anemia. Las células malignas se encuentran “recluidas” en los ganglios, por lo que no siempre va a aparecer leucocitosis. Aún así, es posible encontrar: Aumento del número de leucocitos.Disminución del número de plaquetas.Aumento de la LDH. Aumento de las transaminasas.
  2. Biopsia ganglionar. Es la prueba diagnóstica que permite el diagnóstico definitivo. Tomando una muestra de la adenopatía más representativa se pueden realizar numerosos estudios genéticos e inmunohistoquímicos que ayuden al diagnóstico.
  3. Pruebas de imagen. Permiten hacer un estudio de la extensión del tumor. La prueba por excelencia es el PET/TAC.

Lee también: ¿Por qué se inflaman los ganglios? ¿Cómo podemos tratarlos?

Tratamiento

En pacientes con un linfoma en estadio I – IIa, el tratamiento es combinado. Se emplean ciclos cortos de quimioterapia junto con radioterapia en la zona afectada. En pacientes con estadíos IIb – IV el tratamiento de elección son varios ciclos de quimioterapia, en los que además se combinan múltiples fármacos (poliquimioterapia).

 ¿Y los trasplantes?

Se reservan a los casos en los que no hay respuesta al tratamiento, o en caso de recaída precoz. En estas situaciones se puede realizar un trasplante autólogo, es decir, se emplean células madre de la sangre del paciente. Aun así, antes del autotrasplante, es necesario administrar dosis de quimioterapia para disminuir la masa tumoral.

Pronóstico

Pronóstico

El linfoma de Hodgkin es potencialmente curable. De hecho, la supervivencia en el peor de los casos es del 70% diez años después de padecer el tumor. En los casos en los que se trata en estadios iniciales, la supervivencia es del 95%.

María José

Estudiante de 5º de Medicina y Alumna Interna del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Salamanca. Con la nariz siempre metida en averiguar cómo y por qué ocurren las cosas.

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