Linfoma de Hodgkin

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Nelton Ramos el 6 enero, 2019
María José · 14 octubre, 2017 · Última actualización: 6 enero, 2019 6 enero, 2019
El linfoma de Hodking es un cáncer de las células de la sangre. Tiene buen pronóstico, especialmente si se detecta en los estadios iniciales.

El linfoma de Hodgkin es un tipo de cáncer que afecta a las células de la sangre, especialmente aquellas que conforman la serie blanca.

Las células Reed-Stenberg (linfocitos B con múltiples alteraciones genéticas) son las células que distinguen a este tipo de tumor. No obstante, no son las únicas células que se desarrollan en él. También encontramos células de Hodgkin, células lacunares y células tipo palomitas de maíz. Todas ellas son células patológicas, que en condiciones normales, no deberían encontrarse en la sangre.

Otro dato fundamental sobre los linfomas es que las células proliferan en los propios ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos son estructuras ovaladas, dispuestas a lo largo del sistema linfático que forman parte del sistema inmunológico. En ellos, se localizan los linfocitos B y T. Por tanto, un linfoma es un cáncer que se desarrolla en un ganglio a expensas de los linfocitos.

¿Leucemia o linfoma?

Leucemia o Linfoma

La diferencia principal entre uno y otro es que en un linfoma las células tumorales se encuentran en los ganglios. En la leucemia, las células cancerosas se encuentran en la sangre. No obstante, en los estados avanzados de la enfermedad la cuestión se da de la siguiente forma:

  • En los linfomas: Las células malignas que se encuentran dentro de los ganglios “salen” al torrente sanguíneo. Entonces, se habla de que un linfoma se ha “leucemizado”.
  • En las leucemias: Las células malignas que circulan por la sangre acaban infiltrando también los ganglios.

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Diferencias entre el linfoma de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin

En líneas generales, en el linfoma no Hodgkin no encontramos células de Reed-Stenberg. Por el contrario, hay un gran número de linfocitos B, T y células NK en diferentes estadios de maduración. Además, en estos casos, se afectan con relativa frecuencia el bazo, el hígado y la médula ósea.

Evidentemente, también hay diferencias en cuanto al tratamiento de la enfermedad y a su pronóstico, el cual suele ser mejor en el linfoma de Hodgkin.

¿Es frecuente?

Cómo de frecuente es

En primer lugar, el linfoma de Hodgkin es hasta 6 veces menos frecuente que el linfoma no Hodgkin. Este afecta a 2 personas por cada cien mil habitantes y es el tumor maligno más frecuente en la adolescencia y en la juventud. Además, el linfoma de Hodgkin tiene un pico de incidencia máxima entre los 15 y 30 años, y otro a partir de los 50.

Signos y síntomas del linfoma de Hodgkin

Dado que el cáncer afecta a los ganglios linfáticos, el hallazgo más característico son las adenopatías. Es decir, el aumento de su tamaño. Estas adenopatías son inicialmente asimétricas; o sea, en los estadios iniciales de la enfermedad, no se encuentran en los dos lados del cuerpo.

Por otra parte, estas adenopatías son duras, indoloras y pueden desplazarse. De ahí que en la mayoría de los casos, las primeras adenopatías sean cervicales. Estas se acompañan de los llamados “síntomas B”:

  • Fiebre
  • Pérdida de peso
  • Sudoración nocturna muy abundante
  • Pérdida del apetito
  • Sensación de hormigueo

Síntomas mucho menos frecuentes son principalmente el aumento del tamaño del bazo (esplenomegalia) y del hígado (hepatomegalia). Tampoco podemos olvidarnos de la aparición de anemia. En estos casos, al cuadro propio del linfoma, se suman los síntomas del síndrome anémico.

Diagnóstico

Diagnóstico

El diagnóstico lo realiza el médico en función de una detallada historia clínica y una exploración física muy meticulosa. Para mayor información, se puede consultar la clasificación de Ann Arbor, que se utiliza para estadificar los linfomas.

  1. Analítica. Normalmente, los valores relacionados con las células de la sangre son normales o están poco alterados, salvo si hay anemia. Las células malignas se encuentran “recluidas” en los ganglios, por lo que no siempre va a aparecer leucocitosis. Aun así, es posible detectar: Aumento del número de leucocitos,  disminución del número de plaquetas, aumento de la LDH o aumento de las transaminasas.
  2. Biopsia ganglionar. Es la prueba diagnóstica que permite el diagnóstico definitivo. Tomando una muestra de la adenopatía más representativa, se pueden realizar numerosos estudios genéticos e inmunohistoquímicos que ayuden a determinar el diagnóstico.
  3. Pruebas de imagen. Permiten hacer un estudio de la extensión del tumor. La prueba por excelencia es el PET/TAC.

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Tratamiento

En pacientes con un linfoma en estadio I o IIa, el tratamiento es combinado. Se emplean ciclos cortos de quimioterapia junto con radioterapia en la zona afectada. En pacientes con estadios IIb o IV, el tratamiento de elección son varios ciclos de quimioterapia, en los que además se combinan múltiples fármacos. Esto es lo que se conoce como poliquimioterapia.

¿Existe la opción de hacer un trasplante?

Se reservan a los casos en los que no hay respuesta al tratamiento, o en caso de recaída precoz. En estas situaciones, se puede realizar un trasplante autólogo; es decir, se emplean células madre de la sangre del paciente. De todas formas, antes del autotrasplante, es necesario administrar dosis de quimioterapia para disminuir la masa tumoral.

Pronóstico

Pronóstico

El linfoma de Hodgkin es potencialmente curable. De hecho, la supervivencia en el peor de los casos es del 70%, diez años después de padecer el tumor. En los casos en los que se trata en estadios iniciales, la supervivencia es del 95%.

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