Y llegará el día en que descubrirás que valió la pena esperar

Aunque a veces pensemos que nuestro tren ya ha pasado y que ya no tiene sentido esperar que nos suceda algo bueno, nunca hay que dejar de luchar por lo que queremos

Esperar es esa dimensión que no todo el mundo sabe gestionar con eficacia.

Ello se debe, más que nada, a que nos pasamos el tiempo posponiendo cosas, esperando que suceda esto y lo otro, mientras la propia vida, casi sin darnos cuenta, se nos escapa de las manos.

Ahora bien, a pesar de que muchos nos digan aquello de que nuestros sueños se ponen en marcha cuando dejamos de esperar e iniciamos la acción, en ocasiones aún luchando cada día y encendiendo en cada momento los motores de nuestros esfuerzos, no acontece aquello que deseamos.

Lo que tenga que ser será, en su día y en su momento. Nadie puede, por ejemplo, forzar a que el amor auténtico aparezca cuando lo deseamos.

Tampoco está en nuestra mano conseguir de un día para otro un buen trabajo, encontrar un gran amigo, ni vivir la mejor experiencia de nuestra vida.

Debemos ser arquitectos de nuestra realidad, pero también buenos gestores de la paciencia. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

No te canses de esperar: lo que merece la pena requiere paciencia

Un embarazo y sus nueve meses. Una relación que va avanzando poco a poco, descubriéndonos, hasta que, al final, surge el amor. Un pastel y sus acertados ingredientes, con sus cantidades justas y su adecuado tiempo de cocción.

Todo requiere tiempo, cuidados, interés y, ante todo, saber esperar. Las prisas nunca son buenas consejeras. Lo que se precipita y se adelanta siempre tiene una alta probabilidad de no salir tal y como imaginábamos.

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Ahora bien… ¿Cómo ser pacientes si hasta el momento la vida nos ha traído más decepciones que alegrías?

Es aquí donde se halla el principal problema: si no hay confianza e ilusión, las esperas no se viven de igual modo, porque la persona, sencillamente, deja de creer en que de verdad sucedan las cosas buenas.

Sin embargo, terminan aconteciendo. Pensemos durante unos instantes en estas dimensiones.

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Cuando a las personas buenas les suceden cosas malas

¿Cómo poder esperar lo mejor cuando me han ocurrido cosas tan desagradables? Todos lo pensamos. En ocasiones, la penalidad llega a quien menos lo merece, a las personas de noble corazón que, sin saber cómo, deben hacer frente a la adversidad.

Es durante estos momentos vitales cuando se pierde la confianza y las expectativas hacia que nuestros sueños puedan cumplirse, o incluso a que recuperemos parte de la felicidad que sentíamos antes.

Ahora bien, cuando te veas en estas complejas situaciones en lugar de preguntarte un “por qué a mí”, sustituye esta frase por un “qué puedo hacer ante esto”.

  • Mi pareja me ha dejado ⇒ ¿Qué puedo hacer ante esto? ⇒ Aprender a vivir, luchar, esforzarme por ser feliz de nuevo.
  • Me han diagnosticado una enfermedad ⇒ ¿Qué puedo hacer ante esto? ⇒ Luchar cada día por mí y por los míos, tras esta lucha y esta espera conseguiré mi triunfo, recuperar la salud.
  • He perdido mi trabajo ⇒ ¿Qué puedo hacer ante esto? ⇒ Reinventarme, iniciar otro camino, no rendirme. Tarde o temprano alcanzaré aquello que espero.
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El arte de esperar cosas buenas

Hay quien, simplemente, ha dejado de esperar no solo cosas buenas, sino cualquier cambio. En ocasiones, caemos en cierta inmovilidad, en cierta laxitud de ánimo y espíritu donde dejarnos llevar por lo que tenga que venir. Sea lo que sea.

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  • No es lo adecuado. Quien espera, quien aguarda, no está inmóvil, ni aún menos gusta de llenar su mente de tinieblas, negatividades o un “eso a mí no me va a pasar” o “mi tren ya ha pasado”.
  • A la vida hay que esperarla con nuestro mejor vestido, con ganas y luchando cada día. A pesar de que existan las casualidades y de que la suerte pueda visitarnos cuando menos lo esperamos, la famosa “ley de atracción” no siempre se cumple.
  • No por mucho desear algo van a conjugarse los astros y el destino para dar forma a nuestros anhelos. Se trata solo de practicar el saludable arte de esperar con los ojos abiertos, el corazón encendido y las manos ocupadas para transformar nuestra realidad.

Confía en tu intuición

Este aspecto es, sin duda, esencial. Igual de importante es saber esperar como saber intuir cuál es esa oportunidad que estábamos esperando y que da respuesta final a nuestra espera.

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  • Es esencial ser receptivos para saber cuándo es el momento de dar el paso, “ese salto” especial con el que alcanzar nuestro objetivo, nuestro anhelo particular.
  • Imagina que tienes ante ti a la persona de tu vida, a esa pareja de la cual te has enamorado pero ante la que no te arriesgas. Es posible que hayas sufrido muchos fracasos con anterioridad, y que todas esas heridas hagan que no confíes en tu intuición.

Tarde o temprano lo lamentarás.

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El miedo es siempre la principal barrera de nuestra felicidad. Por ello, el arte de saber esperar es también la habilidad de permitir que nos liberemos, poco a poco, de nuestros propios temores.

Vale la pena intentarlo. Dar el salto tras esa larga espera.

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