Desear que todo lo bueno te encuentre y se quede contigo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 28 enero, 2019
Valeria Sabater · 28 enero, 2019
El deseo noble, puro y desinteresado no se ve cada día. Las personas muchas veces más por desear todo lo mejor para nosotros mismos y para las personas más cercanas, a las que más queremos.

Desear a cada una de las personas que nos rodean que todo lo bueno les encuentre y les abrace, por desgracias, no suele ser algo común. En concreto porque, a menudo, están muy presentes sentimientos de egoísmo o envidia. El deseo noble, puro y desinteresado no se ve cada día. Las personas muchas veces más por desear todo lo mejor para nosotros mismos. También para las personas más cercanas, a las que más queremos.

Ahora bien… ¿Por qué cuesta tanto propiciar este tipo de pensamientos y deseos a todo el mundo por igual? Algo que se debería tener muy en cuenta es que muchos de nuestros deseos, nuestras palabras y comportamientos tienen consecuencias.

Se dice popularmente, trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti. Los buenos deseos enriquecen como persona. No cuestan nada y hacen mucho, porque transforman el pensamiento y eliminan de la mente muchas cargas y enfoques negativos.

Por si quieres saber más: Descubre por qué las dificultades nos dan parte de la felicidad

Lo bueno que encierran los pensamientos positivos

La clásica idea de que «cosechamos aquello que sembramos» siempre tiene una base de realidad. Ahora bien, lejos de ver esta concepción como algo determinista, hemos de asumirlo más bien como que cada acto tiene su consecuencia.

Cultivar cada día pensamientos positivos es sinónimo de salud. No hablamos de temas espirituales ni de practicar la bondad de forma arbitraria, solo porque así nos lo manda un determinado enfoque religioso o espiritual.

Tener pensamientos positivos es enfocar la vida de un modo más acertado. Si yo deseo que todo lo bueno le acompañe a mi familia y amigos, demuestro que los quiero y que me preocupo por su bienestar.

Cabe mencionar que, de forma genérica, cuando se disfruta viendo los fracasos de los demás en realidad se está demostrando cierta inmadurez. En cierto modo, basta con recordar las etapas del desarrollo moral en los niños que enunció Lawrence Kohlberg.

Para los menores de 6 o 7 años solo existe un código moral y es aquel donde «los que me caen bien merecen lo mejor y los que me caen mal deben ser castigados».

Este enfoque no construye, no es digno ni cívico. Las personas no tenemos obligación alguna de llevarnos bien con todo el mundo. Ahora bien, este hecho no implica desear a nadie el fracaso o la infelicidad.

abrazo

Lo que haces, piensas y deseas siempre vuelve hacia ti

Los actos y pensamientos siempre tienen consecuencias que vuelven a la persona que los originó. Una palabra dicha en mal momento puede hacer que una persona que amamos se aleje.

Desearle algo malo a alguien puede hacer que, a largo plazo, otras personas nos abandonen. Esto suele ocurrir porque la imagen que se transmite es la de una persona rencorosa. Los malos deseos muchas veces incomodan y dicen mucho de quien los tiene.

Cuando se desea el mal a los demás, se está retransmitiendo una imagen personal basada en la envidia y el rencor. En concreto cuando no existen motivos aparentes por los que pensar mal del otro. Cuando se es feliz y se vive bien y sin complejos, ¿por qué se iba a criticar sin sentido a los demás? 

Antes de hacer algo piensa en las consecuencias, y ante todo, desea todo lo bueno a quienes te rodean. 

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Eres libre para crear tu futuro

Tal como queda recogido en las enseñanzas de Buda, «si quieres conocer tu presente mira tu pasado, porque ese es el resultado, pero si quieres conocer tu futuro, atiende tu presente, porque ahí estará la causa”.

Esta idea se puede traducir en la idea de que las personas somos seres libres y arquitectos de nuestra realidad. Cada acto tiene unas consecuencias, como ya sabemos, y es así como, poco a poco, vamos modelando nuestro futuro.

Solo con desear todo lo bueno a quienes rodean a la persona se le puede estar dando forma a las propias emociones, a tu modo de entender la vida. Un enfoque que se basa en la reciprocidad y en el reconocimiento de los demás nos abre la mente y nutre nuestro corazón.

A su vez, quien construye entornos basados en la positividad y la empatía, gana en bienestar emocional. Todo ello permite construir un futuro mucho más esperanzador. Quien piensa en positivo lleva ya un paso adelante.

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