Lo que tú me das, lo que yo te doy (desigualdad en la pareja)

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 20 marzo, 2015
El amor es esa emoción que, en ocasiones, nos impide juzgar con claridad. No obstante, en el momento en que uno de los miembros de la pareja deja de esforzarse por mantener viva la relación, se irán deshaciendo irremediablemente sus cimientos.

Una de las principales causas de ruptura en una relación sentimental suele ser casi siempre la desigualdad que percibe uno de sus miembros. Puesto que este problema trasciende a la relación de pareja, estamos seguros de que te es familiar.

Muchas veces, nuestros esfuerzos por cuidar de alguien, por mostrar cariño, por invertir nuestro valioso tiempo en ellos, no se ven correspondidos. ¿Somos egoístas por pensar que debemos recibir algo a cambio de nuestro afecto y dedicación? En absoluto. Te explicamos por qué.

1. El amor no exige recompensas, sino dedicación

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Es común que, al principio de una relación de pareja, se cuide cada detalle y cada palabra. La dedicación por parte de nuestro compañero suele ser esmerada. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, la atención va decayendo al punto de convertirse en desidia. El desinterés de alguno de sus miembros en el cuidado de la relación es la expresión más clara de la desigualdad.

  • La rutina suele ser uno de los enemigos más peligrosos de la pareja. Sin darnos cuenta, se va perdiendo poco a poco la chispa de antaño que nos hacía estar pendientes de cada detalle. Ocurre tantas veces que tenemos que aceptarlo. Mas, llegados a ese punto, se impone la necesidad de reconducir la situación. De lo contrario, se irán deshaciendo irremediablemente los cimientos de la relación.
  • Cuando hacemos algo, no exigimos una recompensa sino que se valore con actos de confianza nuestra entrega. Pongamos por caso que le perdonas a tu pareja que haya llegado tarde a casa, o que haya olvidado llamarte cuando debía hacerlo.
  • Cedes en esas pequeñas cosas porque comprendes lo que ha ocurrido. Consideras que no es motivo para llevar las cosas al límite. Ahora bien, si ante razones parecidas, él es incapaz de hacer lo mismo que tú, está claro que la relación es desigual. No pides un premio por perdonar o por comprender determinada situación; lo que exiges es reciprocidad.

2. El juego de poder en el amor

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  • Las de pareja no escapan a las relaciones de poder que imperan en la sociedad. Al contrario, son un vivo reflejo de ellas. De ahí que la desigualdad hasta parezca algo consustancial a la vida en pareja. De hecho, también en la pareja, la desigualdad tiene lugar en virtud de un juego de fuerzas donde uno cede (casi siempre el mismo) y el otro exige. Dicho más llanamente: donde una da y el otro quita. Mas, el afecto y la atracción que ejerce nuestra pareja sobre nosotras impiden que veamos este desequilibrio con claridad.
  • De ahí la importancia de mantenernos vigilantes ante el tipo de conductas que implican sometimiento. Salirles al paso es la única manera que tenemos de hacernos valer. Si tu pareja te quiere, comprenderá que no cabe que actúes de otro modo.
  • Si cedes en ese juego de poder, llegará un día en que te sientas completamente sola. No tendrás ni la más mínima consideración por parte de tu pareja. Tu autoestima estará muy dañada. Y, la frustración no se hará esperar. Te hará presa ese sentimiento tan negativo que te hará preguntarte una y otra vez cómo has podido invertir tanto en una persona que lo único que te ha dado, a cambio, es infelicidad.

3. No por ofrecer más, quieres más

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Es posible que hayas oído hablar del síndrome de Wendy. Este término no figura en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés). Sin embargo, la psicología sí recoge este fenómeno tan común, por razones culturales, en las mujeres.

Este síndrome caracteriza a esas personas que entienden la felicidad como el cuidado incondicional de otras personas. Este fenómeno es la contrapartida del síndrome de Peter Pan. Es decir, del adulto inmaduro, que se niega a asumir sus responsabilidades. Ello es posible, en buena medida, porque hay alguien que se lo facilita. Es posible que tanto un perfil como otro te sean cercanos.

Si persigues, ante todo, la felicidad de tus seres queridos, conviene que tengas presente estos consejos:

  • También tú mereces ser cuidada, valorada y respetada. Exigir amor no es ser egoísta; al contrario: El cariño sincero y altruista debe ser la base de toda relación sentimental, incluidas las de pareja. ¡Recuérdalo!
  • No por ofrecer más, recibes más. Es posible que estés consiguiendo todo lo contrario a lo que persigues: Que se sirvan de ti solo para conseguir propósitos. Tú también eres una persona que tiene necesidades de todo tipo; también, afectivas.
  • Mírate al espejo y pregúntate: “¿Me siento realizada? ¿Sigo teniendo las mismas ilusiones que el primer día? ¿Tengo la vida que deseo?” Y, más aún: “¿Soy feliz?”

A modo de conclusión

Para evitar que la desigualdad le gane el pulso también a tu relación, lucha para que eso no ocurra. Son pequeñas batallas o negociaciones que se libran en el día a día. Habla de tus necesidades y deseos con tu pareja. Exige respeto. Y, sobre todo, recuerda siempre que los dos miembros han de valorarse por igual. La dignidad sí que es innegociable.

  • Foucault, M. (1998) Historia de la sexualidad. México, DF: Siglo XXI.
  • Izquierdo Brichs, F. (2008). Poder y felicidad, una propuesta de sociología del poder. Madrid: La Catarata.
  • Wilkison, R., & Pickett, K. (2009). Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva. Madrid, Turner.