Lo que sucede después de superar la dependencia emocional

Al superar la dependencia emocional ya no buscamos una pareja por necesidad, sino por el deseo de compartir nuestra felicidad y nuestros días con alguien que nos complemente

Si has estado en una relación que no podías romper a pesar de que te hacía infeliz, si has conseguido rasgar las ataduras que te amarraban a una persona, ¿qué sucede después de superar la dependencia emocional?

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Lo que sucede es que te liberas, aunque esa liberación puede atraer todos tus miedos. La incertidumbre te someterá, hará que desees volver atrás.

No obstante, has dado un paso tan importante que la elección, ahora, está en tus manos.

Después de superar la dependencia emocional, ¿puedo volver a caer en ella?

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Después de superar la dependencia emocional sí puedes volver a caer en ella.

Has comprendido los pasos que te llevaron a depender de tu anterior pareja, pero puede que una nueva, con otras características, te convierta una vez más en una persona ciega.

Por eso, es importante que después de superar la dependencia emocional nos demos el tiempo que necesitemos para cuidarnos a nosotros mismos.

Tenemos que aprender a abrazar la soledad, aprender a estar solos y comprender que podemos ser felices sin estar en pareja. Así, cuando aparezca, no sentiremos necesidad de atarnos a ella, sino de amarla libremente como nunca hemos hecho.

Es un territorio nuevo, inexplorado y en el que seguro que continuaremos cometiendo errores. Nunca habíamos amado a alguien sin depender; no obstante, tenemos que tener los ojos bien abiertos.

Puede que, sin percatarnos de ello, traigamos de nuevo aquellos viejos patrones de comportamiento a nuestra vida donde los celos, la posesión, la ansiedad de perder al ser amado, la culpa y el abandonarnos en cuerpo y alma por el otro estaban presentes.

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Tenemos que ser plenamente conscientes de que debemos cuidar de nosotros mismos, aunque compartamos nuestra vida con otra persona.

Somos un equipo, pero cada uno de nosotros somos miembros individuales. Nuestra felicidad no tiene por qué depender del otro. Tenemos que ser capaces de decir “soy feliz contigo, pero también lo puedo ser sin ti”.

Aprender la lección soltando amarras

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Después de superar la dependencia emocional podemos sentir dudas y miedos como comentamos anteriormente, pero quizás hayamos aprendido tan bien la lección que estemos seguros de no volver a caer en ese mismo error.

Es entonces cuando nos permitimos disfrutar de la vida como nunca antes lo habíamos hecho. Nos levantamos, salimos a la calle, quedamos con nuestros amigos…

En ningún momento notamos la falta de una pareja.

La sensación es maravillosa, nuestra autoestima está en sus niveles adecuados. Saboreamos la vida, no hay ansiedad ni preocupación porque alguien se fije en nosotros.

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Ahora nos damos el permiso y el tiempo para que alguien nos guste de verdad, para poder elegirlo nosotros mismos y para no tener miedo a decir “adiós” si al principio de conocerlo no nos gusta cómo están yendo las cosas.

Después de superar la dependencia emocional aprendemos a dejar de complacer a los demás, para complacernos a nosotros mismos. Pero, sobre todo, abandonamos la vieja creencia de que hay que tener pareja si queremos ser felices.

Un mundo lleno de posibilidades

Un mundo lleno de posibilidades

Puede que, llegados a este punto, pienses que estás tan bien sin pareja y con tu libertad que te va a costar mucho encontrar a alguien con quien desees compartir tu vida. Es natural.

Has vivido durante mucho tiempo en el extremo de la dependencia. Te has abandonado por completo a relaciones que te destruían, porque creías que tú no eras nadie sin la otra persona.

Sin embargo, ahora que te das cuenta de que lo eres todo por ti solo, que hasta te consideras “exigente” para las relaciones, crees que con esta actitud es imposible que encuentres a alguien afín.

No permitas que estos pensamientos se vuelvan obsesivos. Pues al igual que creías que jamás lograrías superar la dependencia emocional, y aquí estás, todo lo que piensas no es verdad.

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Llegará la persona que te haga vibrar. Esa a la que te gustará agarrar de la mano sin aferrarte, con la que querrás compartir tu vida sin que sea tu motivo para seguir vivo.

Porque después de superar la dependencia emocional nada volverá a ser como antes. Aunque vuelvas a caer en viejos patrones de conducta, ahora eres mucho más consciente y, por lo tanto, sabrás reconducir de nuevo tu vida.

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