Los depredadores emocionales. Parte II

Los depredadores emocionales. Parte II

Es muy importante aprender a poner distancia para valorar la situación desde un punto de vista objetivo. Normalmente somos más conscientes de la realidad cuando esta no nos afecta

¿Cómo es el proceso de la depredación emocional o acoso moral?

El acoso moral suele darse en los entornos más cercanos, ya que se necesita esta cercanía, además de tiempo para generar confianza. Es un proceso de comienzo sigiloso y enmascarado.

Primero, se seduce a la víctima, y luego, logran que se deje influir para, finalmente, dominarla, privándola de toda la libertad posible.

La vinculación comienza con la seducción, con un juego de atracción irresistible. El depredador emocional falsea la realidad, operando por sorpresa y secretamente. No ataca de manera frontal, sino de manera indirecta para captar el deseo del otro, ese otro que lo admira y que le devuelve una buena imagen de sí mismo.

Consiste en hacer creer al otro que es libre. Se impide al otro que sea consciente del proceso, que discuta o que se resista, anulando sus capacidades defensivas y su sentido crítico de forma sigilosa, eliminando así toda posibilidad de que se pueda rebelar.

Cuando la relación se encuentra estabilizada comienzan a actuar cortando los lazos afectivos (familia, amigos, etc…) Así los depredadores emocionales consiguen que dependan emocionalmente de ellos, y comienzan a realizar las primeras paralizaciones, hasta que la víctima va perdiendo la confianza en ella misma.

Los depredadores emocionales son muy camaleónicos, adoptando los comportamientos de sus víctimas, ya que ellos no sienten, debido a la desconexión que se produce entre sus emociones y mente.

Poco a poco la víctima se va encontrando confusa y dudosa, estando su autoestima tocada por las estrategias del depredador emocional. En este momento, los agresores se erigen como los únicos salvadores de éstas con expresiones como:

“La única persona que te puede comprender soy yo” “Qué sería de ti, sin mí”.

Lentamente la autoestima de la víctima ha sido afectada en cada una de sus áreas, ya sea el área personal o social. Se encuentran paralizadas, asustadas, inseguras, sin saber qué hacer o cómo reaccionar, porque el otro las confunde con sus comportamientos ambivalentes y vejatorios. Un día al levantarse pueden darles un beso o montarlas un conflicto.

Plantear un cambio por parte de la víctima, equivale a un conflicto.

Las víctimas son ninguneadas, humilladas, desvalorizadas. Recordemos que el depredador emocional desprecia a su víctima en su fuero más interno, envidiando y anhelando todo lo que poseen y ellos no tienen.

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Se encuentran en una jaula emocional, donde su agresor se mantiene en continua alerta y control. La víctima no puede salir sin decir dónde va o con quién, llevando consigo el móvil porque si no puede haber un conflicto. Pero por el contrario, el depredador emocional sí puede hacer lo que quiera.

Por último, se produce el alejamiento del depredador de la víctima. Acto que llevan a cabo porque saben que sus víctimas se encuentran capturadas. Siendo objetivo continúo de desprecios.

Las víctimas, en todo el proceso, son objetos para el depredador emocional. La mayoría de éstas al final del proceso se encuentran anestesiadas, sin ser capaces de sentir ni odio ni amor autentico pero si la vinculación por esa dependencia emocional de que lo están pasando mal.

Con el paso de los años, puede ver de manera consciente y racional lo que las ha sucedido, pero les resulta casi imposible desligarse emocionalmente de ellos.

¿Qué hacer ante este tipo de relaciones?

Una de las cosas más importantes en este tipo de relaciones, es despertar, ser conscientes de la tela de araña en la que nos vemos envueltos. Por eso es muy importante la ayuda profesional para reestructurar nuestro pensamiento y nuestros sentimientos.

Poco a poco lo aconsejable es ir recuperando los lazos perdidos y contar todo aquello que nos ha ido pasando, ya que así, nuestros familiares, amigos, etc. podrán entender muchos de nuestros comportamientos que antes casi veían como ininteligibles.

Sobre todo, hay que tener en cuenta que es un proceso lento, del que resulta imprescindible la ayuda profesional (psicólogos, psiquiatras, etc…)

Imagen cortesía de Esaaveni