Los niños del siglo XXI y la tecnología

Las tecnologías de información han llegado para quedarse. Y ante ello, como padres, debemos asumir un rol, más que controlador, regulador del uso que nuestros hijos pueden llegar a darle a dichas tecologías. Aprende más aquí.

Los niños del siglo XXI nacieron y viven en un mundo dominado por las tecnologías de la información y la comunicación. Sus padres (la mayoría del siglo XX, salvo en los casos en que tienen padres adolescentes) nos hemos adaptado a esta revolución.

Con frecuencia hasta decimos que trajeron “el ADN de la tecnología”. Y, efectivamente, desde edades cada vez más tempranas, los niños del siglo XXI usan dispositivos electrónicos, navegan en Internet buscando información y entretenimiento, además de que acceden a las redes sociales.

Mientras, los padres somos ampliamente superados por las habilidades y destrezas tecnológicas de nuestros niños. Ante lo cual cabe preguntarse: ¿Cuál es el rol que nos toca a los padres asumir en cuanto a la forma en que nuestros hijos se relacionan con la tecnología?

¿Cómo usamos la tecnología?

Tecnología.

Los gremios de pediatras de Estados Unidos, Canadá y Japón han determinado que de 0 a 2 años los niños no deberían tener ningún contacto con tabletas o celulares, de modo tal que sus cerebros desarrollen las conexiones que necesitan para crecer sanos y felices.

De 3 a 6 años, solo deberían usar estos dispositivos una hora al día. Lo cierto es que los niños están interactuando con pantallas masivamente desde su nacimiento.

El cerebro inmaduro de un bebé, que nace con millones de conexiones para adaptarse al mundo real, se está adaptando primero a un mundo digital, rico en estímulos, con un gran caudal de información y una altísima interactividad.

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¿Estamos criando niños adictos?

La mente de los niños se está haciendo adicta a esa vorágine llamada tecnología. La realidad tiene un ritmo mucho más lento, el cual resulta insatisfactorio para estos niños. Además, con la tableta en las manos se aisla de los demás niños y de los juegos reales.

La interactividad de una tableta o de los juegos en línea crea sensaciones de placer que el niño puede repetir una y otra vez, sin descanso. Esa sensación es adictiva porque activa la dopamina, la misma que se activa en el adulto al consumir alcohol, cocaína o tabaco.

Esa dopamina genera un estado de bienestar, euforia y motivación, del cual el niño se hace dependiente. Solo encuentra la felicidad con la tableta en las manos. Entonces los padres en vez de enseñarles a regular las emociones para que sean adultos felices y responsables, estamos promoviendo una dependencia adictiva.

La tecnología es la nueva niñera

La tecnología es la nueva niñera.

En el siglo XX, los padres usaron la televisión como niñera; en el siglo XXI, usamos los teléfonos inteligentes y las tabletas. Y aunque estos dispositivos pueden tener aplicaciones didácticas y recreativas muy atractivas y funcionales, no es lo que necesitan los niños para su desarrollo.

Antes, el niño era un consumidor pasivo de la televisión; ahora, salta de una aplicación a otra, sin quedarse mucho tiempo en ninguna. La capacidad, en apariencia positiva, de realizar multitareas con la tableta impide la posibilidad de profundizar.

Los niños necesitan desarrollar la motricidad fina tomando un lápiz, así como comunicarse con sus padres y con otros niños, soñar despiertos, abordar sus ansiedades y compartirlas. Aprenden las letras en la pantalla, pero pueden ser incapaces de escribirlas. Igualmente, dedican horas a jugar en línea con un extraño, pero les aburre jugar con otro niño en el parque.

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Los niños del siglo XXI crecen más rápido

La velocidad con la que los niños consumen contenidos en Internet los hace crecer más rápido. Cuando necesitan pertenecer a un grupo, comienzan a usar las redes sociales. Facebook, Instagram, Youtube o Google exigen que los adolescentes tengan mínimo 13 años para crear una cuenta, pero los niños mienten sobre sus datos para entrar mucho antes, y los padres lo permiten.

Asimismo, aunque los gremios médicos mencionados consideran que los niños y adolescentes entre 6 y 18 años solo deberían pasar 2 horas al día frente a la pantalla, están pasando entre 10 y 11 horas diarias.

Gracias a los juegos en línea, los niños y adolescentes perciben la violencia como “normal”. Al mismo tiempo, exponen su sexualidad y privacidad, quedando a merced de los depredadores sexuales que usan las redes sociales. Actualmente, los niños son víctimas de ciberacoso, del llamado grooming y del sexting.

¿Cómo proteger a los niños del siglo XXI?

Niños haciendo manualidades con pintura.

En ningún caso tiene sentido prohibir el acceso de nuestros hijos a la tecnología e Internet, estas invenciones llegaron para quedarse. Tarde o temprano, nuestros hijos se incorporarán a ellas, ya sea por razones educativas, informativas, recreativas y, en lo que se hagan adultos, laborales.

Lo importante para los padres es esperar a que tengan la edad apropiada para usar estos recursos y promover el uso racional y responsable. Ello incluye no solo controlar el número de horas de uso de la tecnología, sino también los contenidos que se consumen.

De igual forma, así como supervisamos el comportamiento de nuestros hijos en la vida real, también debemos hacerlo con las relaciones virtuales. Pedimos a nuestros hijos que tengan cuidado con personas extrañas en la calle o que sean empáticos con sus compañeros que son víctimas de acoso en la escuela.

Pues, les deberíamos pedir lo mismo con las personas que contactan en las redes sociales. Las normas de la vida real también sirven para el tránsito por el mundo digital. Es nuestra responsabilidad apoyar y orientar a nuestros niños para que tengan la dicha de disfrutar de su infancia.

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