Los 11 principales mitos sobre el estrés

Aunque nos parezca que el estrés no presenta síntomas es posible que nos mande señales sutiles. Olvida el papel de víctima y aprovecha para sacar una enseñanza de la situación

Una de las palabras más usadas en los últimos tiempos está rodeada de preconceptos e información falsa.

Hoy en día, para todo, decimos que “estamos estresados” como excusa o respuesta a nuestros problemas.

Sin embargo deberíamos tomar esta condición con respeto, ya que puede tener consecuencias graves. En el siguiente artículo te contamos cuáles son los principales mitos sobre el estrés.

Los mitos sobre estrés más difundidos

Probablemente hayas oído, leído o incluso dicho algunas de las siguientes afirmaciones o mitos sobre el estrés “sin conocimiento de causa”.

Presta atención a estas ideas erróneas sobre un problema que afecta a un gran porcentaje de la población:

Te recomendamos leer: 7 modos de empezar bien el día para combatir el estrés y la ansiedad

1. El estrés es malo

Esta es una verdad a medias. Si nos basamos en esta premisa, podríamos decir entonces que no tener estrés nos convertiría en seres felices y sanos. Sin embargo no es tan así.

El cuerpo necesita de ciertos niveles de estrés para funcionar como corresponde.

Como estás leyendo. La clave reside en saber manejarlo, ya que en dosis adecuadas nos hace sentir más productivos y de mejor ánimo, pero en demasía es nocivo.

2. El estrés nos afecta a todos por igual

El manejo del estrés

Existe un refrán que indica “cada persona es un mundo” y no puede ser más real. Así como una enfermedad no ataca a dos seres de la misma manera, lo mismo sucede con el estrés.

  • Quizás aquello que sea estresante para ti no lo sea para tu compañero de trabajo o para tu pareja.
  • Los desencadenantes, los síntomas y los tratamientos son diferentes en cada uno de nosotros, aunque puede haber puntos de contacto.

3. El estrés es exterior

Creemos que una persona estresada ha sufrido algún problema “por fuera” de ella como, por ejemplo, la pérdida del empleo, el divorcio o el exceso de trabajo.

Si bien es verdad que estos acontecimientos disparan o aumentan el estrés, también lo es que todo depende de cómo se lo tome cada uno.

  • Si en vez de preocuparnos por estar desempleados pensamos que es una buena oportunidad para hacer lo que nos gusta o lanzar nuestro propio negocio, no tendríamos por qué estresarnos.

4. No se puede hacer nada para combatir el estrés

Estamos rodeados de estrés. Eso nadie lo puede negar. No obstante, de ahí a considerar que no existe una solución para él hay un gran trecho.

Aunque todas las personas cercanas se sientan estresadas o no hayan podido reducir los síntomas no quiere decir que sea imposible de combatir o de llevar a niveles saludables.

Todo depende de cuán comprometido o predispuesto estés tú para mejorar la situación.

5. Si no tenemos síntomas no hay estrés

Que no te duela la cabeza, te sientas agotado o no puedas dormir no quiere decir que no estés sufriendo un pico de estrés.

Debido a que en cada persona “golpea” diferente, quizás en tu caso las señales sean más sutiles o lentas. Solo es cuestión de prestar atención a nuestro cuerpo.

6. El estrés se soluciona de forma externa

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Así como el desencadenante es interno, la solución no puede provenir del exterior. Aunque consumamos medicamentos, acudamos a la terapia o descansemos todo el fin de semana, no podemos asegurar que el estrés vaya a desaparecer.

¿Por qué? Porque la solución está dentro de nosotros. En nuestra mente, para ser más específicos.

De nada vale el psicólogo más prestigioso, las escapadas de fin de semana o la meditación si no ponemos nuestro esfuerzo en revertir la situación.

7. Solo las situaciones traumáticas causan estrés

Es verdad que ante ciertos acontecimientos importantes es más fácil sentirse estresados, pero no necesariamente tiene que ser así en todos los casos.

Quizás un pequeño cambio en nuestra rutina pueda ser el disparador para el estrés, o en nuestro caso es posible que necesitemos un problema grave para sentirnos abrumados.

8. Solo debemos prestar atención a los síntomas principales del estrés

Este mito afirma entonces que las consecuencias secundarias, como la acidez estomacal o el dolor de cabeza, deberían dejarse de lado para atender a los síntomas primarios o más graves.

Sin embargo podemos hacer un tratamiento integral para combatir el problema de raíz y eso incluye todos los efectos colaterales.

9. Somos víctimas del estrés

Esta perspectiva nos libera de toda culpa o responsabilidad ante el estrés. Decir que somos la víctima de la situación nos permite no hacernos cargo y no actuar para mejorar.

Además, despierta la lástima en quienes nos rodean, nos pone en una posición de pasividad peligrosa y evita confiar en nuestras habilidades para solucionar los problemas.

Quizás pueda ser lo más fácil, pero no lo más eficaz.

Ver también: Un estrés laboral prolongado aumenta el riesgo de cáncer

10.Comer y beber en exceso alivia el estrés

Comer y beber en exceso alivia el estrés

¡Todo lo contrario! Ante los problemas muchas personas se refugian en la comida o la bebida y esto es perjudicial para su salud.

Aunque es verdad que un poco de chocolate, un helado o un trozo de pastel puede mejorar nuestro estado de ánimo esa sensación es momentánea.

Comer en demasía no soluciona el estrés de base: solo nos da unos minutos de placer.

11. El estrés solo afecta a los adultos

Tal vez nos gustaría que fuese así, pero no lo es en absoluto.

En la actualidad los niños están tan presionados por sus padres, familiares y la sociedad en general que pueden sentirse estresados al ir a la escuela, practicar un deporte o cumplir con ciertos mandatos.

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