Los riesgos en un concurso de belleza infantil

Desafortunadamente los certámenes de belleza han sido un fenómeno social con una gran audiencia en muchos países alrededor del mundo.

Un concurso de belleza infantil, juvenil o de cualquier otra categoría promueven estereotipos que atentan contra la salud. Esto no es exageración alguna. Después de todo, lo que persiguen es la imposición de una idea de perfección y apariencia estética que no se ajusta precisamente con la realidad.

Por supuesto, las excusas y las justificaciones no faltan. Sin embargo, hoy en día resulta de carácter urgente informarnos mejor acerca de este tema y aprender a reconocer los peligros tras el brillo y el encanto de los trajes, el maquillaje, las sonrisas y el contoneo.

La industria por detrás de los concursos de belleza infantil

Detrás de cualquier concurso de belleza infantil hay una gran cantidad de responsables y, por supuesto, también una gran cantidad de dinero. De lo contrario no serían tan populares y exitosos.

Los últimos datos permiten constatar que el negocio de la estética infantil mueve más de 5000 millones de dólares cada año. Una parte de esta fortuna es arrecadada de los propios participantes (o mejor, de sus padres y familiares).

Para garantizar que el niño luzca impecable en una de estas pasarelas patrocinadas son necesarios los aportes económicos. Estos deben oscilar entre 800 y 1200 dólares. Sin mencionar los gastos de trasporte, hospedaje, alimentación, entre otros.

Además de los segmentos de moda y cosmética, estos certámenes movilizan una gigantesca red mediática. En Estados Unidos, donde se llevan a cabo los concursos más concurridos, ya existe un “reality show” exclusivo para los pequeños participantes y sus familias.

En la pantalla chica se pueden ver espectáculos lamentables, protagonizados por padres que compran la competencia de la peor manera.

En estos programas, resultan muy frecuentes las peleas en las que predomina las demostraciones de agresividad y los sentimientos negativos, como la envidia o el rencor. Y todo ello para conquistar el título de “padre o madre de la niña más bella”.

Ver también: El apego infantil y su importancia para la vida adulta

La ambición de los padres y los perjuicios al hijo

La ambición de los padres y los perjuicios al hijo

Uno de los peores aspectos sobre estos concursos radica en el hecho de que los niños ni siquiera eligen participar. Muchos son obligados o manipulados para ello. En otras palabras, los padres son quienes, movidos por una ambición desmedida, suelen introducirlos en este mundo frívolo.

Algunas familias se involucran tan obsesivamente, que empiezan a preparar sus hijos antes de su primer año de vida. De hecho, existen registros de bebés de 8 y 9 meses como participantes de concursos de belleza.

En principio debemos entender que con estos concursos se puede privar a un ser humano de su libertad de elección sobre su propio organismo y vida. Si bien es importante incentivarlos a desarrollar sus talentos, no hay por qué obligarlos a realizar actividades como esta.

Igualmente, el hecho de pretender compensar nuestros fracasos o deseos pendientes a través de nuestros hijos, es absolutamente egoísta. Si nuestros hijos deciden por su propia voluntad dedicarse a algo, debemos orientarlos y apoyarlos. Pero imponerles una carrera o un estilo de vida, no es saludable.

La privación de la infancia y la muerte de la inocencia

La privación de la infancia y la muerte de la inocencia

Pocos periodos son tan importantes para el desarrollo físico, emocional y cognitivo de un ser humano, como lo es su infancia. Cuando somos niños, nuestra inocencia nos permite descubrir el mundo. A partir de ello, formamos nuestra personalidad y nuestras nociones de convivencia.

Si obligamos un niño a comportarse y lucirse como adulto (o peor, como robots estéticamente perfectos), aniquilamos su inocencia. Un pequeño que debería estar jugando, estudiando y haciendo amigos, se ve obligado a competir en un mundo artificial de vanidades.

Un niño creado para los concursos de belleza aprende a ver sus semejantes como un enemigo o un obstáculo para su victoria. Y deja de comprender valores esenciales para una convivencia sana, como el trabajo en equipo, la colaboración y la empatía.

Todo ello se suma a los riesgos de una sociedad tóxica, que apunta a niñas y niños que lucen una “apariencia sexualizada”  como un “blanco” o una “provocación” para pedófilos.

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Los padrones un concurso de belleza infantil y los riesgos para la salud

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Muchas niñas son sometidas adietas restrictivas para alcanzar “el cuerpo perfecto” que es determinado por los jueces del concurso de belleza infantil de turno.

En este sentido, la falta de nutrientes esenciales perjudica severamente el desarrollo de todo niño que se encuentra el pleno crecimiento. Las consecuencias de esto pueden ser irremediables.

Esta cultura de padrones de belleza también aumenta los riesgos de disturbios alimentarios graves, como la bulimia y la anorexia. Además de desnutrición y un sistema inmunológico deficiente, estos jóvenes son víctimas de daños psicológicos. Y no pocas veces, estos disturbios terminan en internaciones o en casos de fallecimiento.