Los riesgos de ir al gimnasio

Si sudamos mucho en el gimnasio y no queremos ducharnos allí es conveniente que nos cambiemos la ropa para no salir con ella transpirada, ya que podríamos coger frío y enfermar

Seguramente sabrás cuáles son los beneficios de ir asiduamente al gimnasio: bajar de peso, tonificar los músculos, mantenerte activo, evitar el sedentarismo, etc. Sin embargo, no todas las personas se dan cuenta de lo negativo que tiene esta actividad. Sin dudas, en la balanza pesa más lo bueno que lo malo, pero es evidente que debemos tener en cuenta las dos cosas. Conoce en este artículo los riesgos de ir al gimnasio.

Estar alertas para evitar problemas

Ninguno de estos “defectos” son excusas para dejar de ir al gimnasio. Lo que sí que es importante es siempre estar alertas. Hay que recordar que ir al gimnasio no es simplemente hacer ejercicio y pasar buenos momentos. También es estar atentos a las contras de la actividad para evitar inconvenientes en el futuro.

Si vas al gimnasio para sentirte bien, desarrollar músculos, modelar el cuerpo, bajar de peso, salir de la rutina, etc., no tienes que sentirte “intimidado” por estos riesgos que se presentarán a continuación. Lo importante es recordarlos en todo momento y evitar que sucedan.

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Riesgos de ir al gimnasio

En primer lugar, puedes contraer infecciones por los hongos de los vestuarios. Los clubes o gimnasios tienen baños, donde constantemente hay gente aseándose y duchándose. Este lugar suele ser muy húmedo, lleno de vapor y poca ventilación. Son condiciones ideales para que los hongos se aprovechen y proliferen. Sencillamente se pasan de una persona a la otra y puede resultar muy difícil erradicarlos.

Recuerda que estos microorganismos necesitan de un sitio húmedo y cálido para vivir y desarrollarse. Es muy simple contraerlos en los baños del gimnasio, donde se comparten las duchas. También puedes tener hongos si no usas el calzado adecuado: los calcetines deben ser de algodón y tienes que cambiarlos apenas terminado el ejercicio. Te aconsejamos tener cuidado con una toalla con la que te secas el sudor. Si te gustan aparatos o colchonetas, sécalos antes de usar, ya ue pueden estar húmedos.

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En la ducha, ni en los pasillos del vestuario nunca estés descalzo. Sécate con mucho cuidado, sobre todo, los pies y la zona entre los dedos. No compartes toallas ni peines con otras personas; lleva ropa interior holgada y de algodón para que no retenga la humedad. Cuando termines de ejercitarte, cámbiate la ropa por una seca y limpia. Si hace frío afuera, no salgas con el cabello mojado, ni la ropa transpirada, siempre lleva un abrigo.

El segundo riesgo del gimnasio es una posibilidad de contraer infecciones de otro tipo de gérmenes, como virus y bacterias. Recuerda que estás en un lugar con gran concurrencia de gente. Además, en el invierno el cambio de temperatura entre el exterior y el interior del lugar a veces ocasiona resfríos u otras enfermedades similares. En los gimnasios te pueden contagiar el virus de la gripe.

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Es preciso que te laves las manos con frecuencia y no toques los aparatos, si no los limpias o secas antes. Si tienes fiebre o estás enfermo, es mejor que no vayas para no contagiar a los demás: espera unos días y luego regresa al ejercicio. Ten cuidado, cuando sales a la calle: si estás muy transpirado, puede ser por la transpiración del ejercicio o por haberte bañado luego de la sesión. En todo caso, espera a que la temperatura del cuerpo se normalice y después regresa al hogar.

Otro riesgo de ir al gimnasio es que el exceso de peso de las máquinas puede generarte dolores en la espalda o cuello. Las malas posturas y los movimientos bruscos en el momento tal vez no te duelan, pero si los repites, pueden generarte problemas en el futuro. Es probable que desde el primer día quieras levantar mucho peso para tener músculos en dos sesiones. Sin embargo, siempre hay que ir paso a paso. También debes consultar con el instructor sobre las máquinas y sus usos, porque muy a menudo no es evidente cómo manejarlas. Ve gradualmente con el peso y descansa entre las repeticiones. Es mejor prescindir de algunos movimientos, si no quieres lesionarte o sufrir. Aunque parezcan sencillos, tal vez no lo son para ti.

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Para evitar cualquier tipo de lesión debes elegir los ejercicios que son correctos para tu contextura física. Pídele al instructor que te brinde una rutina y que te corrija los movimientos que haces incorrectamente. También es preciso que te explique cuáles son los músculos que ejercitarás con cada aparato. Aprende a reconocer los síntomas: si te duele una parte del cuerpo “que no corresponde”, quizás sea porque estás haciendo mal el ejercicio.

Por último, uno de los riesgos de ir al gimnasio, al que casi nadie presta atención, es el estado y el mantenimiento adecuado de las máquinas y los aparatos. Tienen que estar en buenas condiciones para no lastimarte y para que no hagas esfuerzos innecesarios. También es imprescindible que los profesores sean certificados y cualificados y te brinden las mejores rutinas según tus necesidades.

Presta mucha atención a la higiene y el aseo del lugar: lo limpios que están los baños, si hay personal de limpieza en los vestuarios, si las máquinas están secas, si hay suciedad en el piso, si no hay alfombras con manchas antiguas, si las paredes no presentan humedad, etc. Todo esto te servirá para evitar enfermedades y problemas en tu salud. Si ese gimnasio no te convence, asiste a otro: seguramente encontrarás uno que mejor se adapte a tus requerimientos.

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Imágenes cortesía de Health Gauge, Mike Fleming, Cherry Point, UNE Photos, Jeffrey Zeldman

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