Madurar es sonreírle a aquello que te hizo llorar

Raquel Lemos 28 abril, 2016
Una vez que consigamos decirle adiós a nuestros miedos y a nuestras decepciones y cuando estas ya no tengan poder sobre nosotros, sino al contrario, podremos decir que hemos madurado

Hay muchas cosas que nos hacen llorar, circunstancias y experiencias que nos superan, que no logramos sobrellevar.

Pero, madurar implica, necesariamente, reírse de todo aquello que alguna vez nos hizo llorar. Aquello que no creíamos que podíamos superar hoy es un recuerdo más y una experiencia vivida que nos ha hecho más fuertes.

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Me hizo daño, pero ahora ya no

Cuando suceden cosas que nos dañan, estas pueden perdurar mucho más tiempo del recomendado. A pesar de esto, es importante que sepamos mirar al pasado sin sentir dolor alguno.

Si conseguimos esto es que ya hemos aprendido y ahora ya podemos avanzar.

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Nunca pienses que no puedes con algo, porque todos tenemos la resistencia suficiente como para superar las cosas más dolorosas que puedan acontecer.

Simplemente, las emociones que nos abordan en esos momentos nos vuelven frágiles, que no débiles, y por eso nos da la sensación de que las circunstancias nos superarán.

Por todo esto, es bueno mirar al pasado, pero no quedarse en él. Tendemos a no solucionar ni superar todo aquello que ya ha quedado atrás y esto provoca que nos sumerjamos en una situación de continua infelicidad.

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Si te ríes de aquello que una vez te dolió, esto implica que ya lo has superado, que es algo que quedó en el pasado y de lo que ya no tienes que preocuparte. Si ya sonríes, has madurado y aquello que una vez te hizo daño hoy ya no lo hace.

Errores que se transforman en barreras

Todos hemos cometido errores en algún momento de nuestra vida. Es algo natural y normal, algo de lo que debemos aprender y nunca permitir que nos haga retroceder.

Encariñarse con una piedra nunca será algo positivo; lo bueno será soltarla y seguir adelante.

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Es por esto por lo que debemos mirar a todo aquello que alguna vez nos dolió con filosofía. Eso sí, ten en cuenta que debes sanar muy bien cualquier herida. No vale ponerle encima una tirita y mirar hacia otro lado.

Debemos curar bien nuestras heridas, aunque duelan, para no caer en el mismo error de nuevo.

De hacerlo una y otra vez, y si no logramos encontrarle una solución, se convertirá en una barrera que impedirá que sigamos avanzando. Estos obstáculos los estás creando tú mismo, pues no son reales.

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¿Has tomado una decisión errónea? No pasa nada. Todas las decisiones o cosas que vivamos marcarán nuestro camino. Debemos aprender a vivir con nuestras decisiones, sean estas acertadas o incorrectas.

A esto se le denomina “madurar”.

Libérate de lo que te hizo llorar

Cuesta muchísimo soltar, más que nada porque no es algo físico, sino algo que debemos hacer de forma mental. Además, solemos aferrarnos a eso que nos ha hecho tanto daño; aunque suene raro, es una actitud inconsciente que nos hace sufrir aún más.

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Las despedidas siempre son duras, en todos los sentidos. Despedirnos de una situación, de una persona, de una parte de nosotros mismos que es negativa… Este adiós implicará una ruptura que notaremos como un desprendimiento.

Eso sí, la liberación posterior es algo que te hará sentir muy bien.

Madurar tiene mucho que ver con la valentía, como has podido apreciar. No cualquiera es capaz de mirar a una herida a los ojos ni todos somos conscientes de cuándo debemos poner un punto final.

Es por esto por lo que debemos aprender a ser responsables y a buscar la liberación de aquello que nos ha hecho sufrir.

No tengas miedo a cambiar, a irte cuando debas hacerlo. A veces, cuesta mucho, pero esto tan solo es en el primer momento. Después de sentirás liberado de toda carga, de todo sufrimiento y podrás sonreír ante aquello que una vez te hizo llorar.

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¿Has aprendido a sonreírle a tu pasado? ¿Te ríes ahora de lo que un día te hizo llorar? Si has aprendido a hacerlo, esto significa que has madurado.

Porque madurar implica mucho más que cumplir años: significa saber hacerle frente a los problemas, superar los errores y aprender de las equivocaciones.

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