Mal humor y apatía crónica: la depresión encubierta que debes conocer

Aunque identifiquemos la depresión con la tristeza en ocasiones también podemos desarrollar un mal humor y apatía crónicos que, de extenderse en el tiempo, pueden derivar en trastornos psicológicos

El mal humor y apatía crónica encierran muchas veces una enfermedad que tarda bastante en poderse diagnosticar.

Pasamos épocas prolongadas donde cualquier palabra nos afecta, y empezamos el día con malestar y sin energía. No tenemos ánimo y perdemos la capacidad de ver el lado positivo de las cosas.

Lo más complejo de estos estados es que, a pesar de todo, seguimos siendo funcionales. Podemos ir a trabajar, vamos, venimos, hablamos e incluso fingimos “sonreír”.

Sin embargo, sabemos que algo ocurre, y hasta que recibimos el diagnóstico adecuado pasaremos una época muy complicada a nivel personal.

No obstante, lo nuestro recibe un nombre: distimia, un tipo de enfermedad que debes conocer.

Mal humor y apatía crónica, una enfermedad que puede heredarse

Todos nosotros podemos experimentar ese mal humor y apatía que nos envuelve y asfixia en días muy concretos. Es algo normal, porque las emociones negativas forman parte habitual de nuestra vida.

Ahora bien, estos estados anímicos caracterizados por dicho malestar suelen tener poca intensidad y duran poco. Basta con cambiar de aires, quitar importancia a lo que no vale la pena para, poco a poco, sentirnos mucho mejor.

En cambio, hay personas que experimentan dicho malestar día a día, extendiéndose incluso durante varios años. En el momento en que dicha “percepción” de malestar cargado de negatividad dura entre 6 meses y dos años estamos ya ante una depresión.

Te hablamos de ella.

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mujer triste debido al mal humor y apatía

Distimia, el trastorno del estado de ánimo más común

Estamos ante un tipo de depresión menor, pero muy habitual entre la población. Según el DSM-V (Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales), se caracteriza por:

  • Falta de energía.
  • Sentimientos de negatividad y apatía.
  • Días de insomnio, y otros de gran somnolencia.
  • Inapetencia.
  • Sensación de desesperanza, dejamos de creer en el futuro.
  • Nos cuesta mucho concentrarnos.
  • Sensación de que nadie nos entiende.

Tal y como hemos señalado al inicio, una de las características de la distimia es que podemos vivir muchos años con ella sin que nos la diagnostiquen. 

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El peso de la genética en la distimia

Hay un dato importante que conviene tener en cuenta: la distimia tiene como origen una alteración en la neuroquímica de nuestro cerebro.

  • Es decir, no hay que buscar obligatoriamente causas externas a este malestar. Muchas veces nos falta ese combustible químico del buen humor debido a un déficit en nuestra dopamina. 
  • Es común que la distimia se herede de padres a hijos. Cuando de niños vemos a nuestras madres o padres entristecidos o de mal humor nos cuesta mucho entender qué es lo que ocurre. Sin embargo, al crecer y llegada la adolescencia y primera madurez, empezamos a experimentar lo mismo.

El peso de la genética está ahí, así como esa pequeña alteración en nuestros neurotransmisores. Todo ello nos debe convencer de la necesidad de seguir un adecuado tratamiento médico con el que podamos sentirnos mejor poco a poco.

Gestionar la distimia día a día

mujer tristeza

A pesar de que la distimia sea una depresión “menor”, de no tratarse, de no recibir el tratamiento y de no afrontarla de forma adecuada, puede derivar en una depresión mayor.

El mal humor y apatía siempre tiene un origen que debemos saber gestionar. Si percibimos que, casi sin saber cómo, todo nos supera, y caemos en una sensación de hondo abatimiento donde todo pierde su brillo e interés, es momento de pedir ayuda.

La necesidad de tener un diagnóstico

Que nos digan que tenemos una depresión siempre asusta. No obstante, no hay nada mejor que conocer a nuestro “enemigo” para conocer sus debilidades y vencerlo.

  • El diagnóstico va acompañado a su vez de un tratamiento médico. Es posible que, al principio, no nos ofrezca el resultado que esperamos. Por ello, los profesionales de la salud irán ofreciéndonos varios tratamientos que al final, se ajustarán a nuestras necesidades.

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Encuentra el “combustible vital” que te permita salir adelante

Al tratamiento farmacológico debe acompañarle siempre una adecuada terapia donde nosotros mismos seamos capaces de ir emergiendo de esta coraza capaz de crear “costra” en nuestro cerebro de forma permanente.

  • Busca nuevas ilusiones en tu cotidianidad. En ocasiones, no basta con propiciar un pequeño cambio, hay momentos vitales en que necesitamos dar un giro de 180 grados. 
  • El apoyo de los nuestros es esencial. No obstante, ten en cuenta que hay personas que lejos de entender nuestra depresión, piensan que nos sentimos así porque somos débiles.

Elige bien a quien deseas tener a tu lado.

mujer-en-el-agua

La depresión, más que curarse, se SUPERA.

No estamos ante un resfriado en el que basta que sean nuestras defensas quienes vaya venciendo el virus. Una depresión requiere fortaleza personal, ánimo, un buen tratamiento y esa voluntad que emerge de nuestro propio interior.

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Para concluir, atiende siempre tus emociones. Si percibes que el mal humor y apatía son esos muros cotidianos que te han quitado la energía y el bienestar, busca ayuda.

Mereces encontrarte mejor y puedes conseguirlo.

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