Mayor es quien piensa las cosas y no las hace

No debemos dejar que un número nos quite las ganas de seguir haciendo cosas. Solo envejece aquel que deja de acumular ilusiones y se abandona al paso del tiempo

Mayor es quien le pone límites a sus sueños, quien deja su vida a la deriva, quien no se cree capaz, quien deja de pelear, quien se excusa en el paso del tiempo para no dibujarse con una sonrisa.

Puede que los años arruguen la piel, pero solo el abandono del entusiasmo arruga el alma. Son el miedo y la falta de ilusión los que nos encorvan el corazón y nos conduce a un camino de sombras.

Por eso una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas, cuando deja de lado su espíritu y sus intereses, entregándose al vaivén y al desgaste de la vida.

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El apetito infantil por la vida

La mejor edad es aquella en la que dejamos de cumplir años y comenzamos a cumplir sueños con valentía y atrevimiento, desprendiéndonos del miedo que nos ha impuesto el paso del tiempo, las adversidades y todas aquellas ideas que se han forjado en la fragua de la inseguridad.

Generalmente nos ponemos mil excusas para no quitarnos las piedras de nuestros zapatos y tardar más en caminar. Solemos pensar que no es el momento, que no podemos someternos a tanta incertidumbre, que más vale malo conocido que bueno por conocer, etc.

Pero lo que de verdad ocurre es que nuestros miedos están frenando nuestra vida. Nos aferramos a nuestros temores con tanta fuerza que nuestros pensamientos devoran nuestras capacidades y, sobre todo, nuestras inquietudes.

Entonces mayor es quien no destrona al calendario, quien no se ilusiona ni ofrece magia, quien no da luz a sus pensamientos, quien no bombea ilusiones hacia su corazón, quien no cree que la mejor edad es la suya y quien no se revitaliza cada mañana.

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Sonrisa de ancianos

Lo que está claro es que alcanzar nuestros sueños implica salir de nuestra zona de confort, ser capaz de tolerar cierta desorientación y confusión, sobrepasar nuestros límites y hacer un esfuerzo extra para lograr cierta familiaridad cuanto antes.

Si nos vamos a arrugar que sea de tanto reír

Las arrugas nos recuerdan el lugar en el que han estado nuestras sonrisas. Así, cada pliegue de nuestra piel puede ser el reflejo de una alegría inesperada, de un misterio o de todo aquello vivido con el paso de los años.

Eso hace que nuestra belleza sea envidiable, que reposemos nuestros años con serenidad, que no nos temamos a nosotros mismos, que no nos creemos un techo de cristal que nos impida crecer.

No vale de nada maquillar la vida ni matizar nuestras ilusiones. Tenemos que sembrar futuro cada día. Solo depende de nosotros ponernos las pilas cada día y prender fuego a nuestros miedos.

Así que es el momento de hacer honor a nuestras arrugas (tanto a las del rostro como a las del alma) y disfrutar de cada día, lidiar con las guerras que tenemos abiertas, cerrar frentes y ponerle entusiasmo a nuestras andanzas.

Y es que para sumarle vida a nuestros años nunca se nos pasa el arroz, por eso debemos acumular ilusiones, avances, entusiasmo. Entonces basta con vestirnos con una sonrisa y recuperar aquello que nos remueve las entrañas.

Es una enfermedad exclusiva de la vejez

El corazón no envejece, es la piel la que se arruga

Cumplir años es inevitable, pero envejecer es opcional. De ahí que todo aquello que nos frena esté en nuestra mente, en todo aquello que pensamos en hacer pero que se queda por el camino.

Cada uno de nosotros tiene un montón de cosas pendientes que quizás ni recordemos pero que han frenado nuestra vida. Es hora de recuperar todo esto, elaborar una lista y un plan de acción.

Somos y seremos la suma de nuestros actos y por eso es importante que nos hagamos con las riendas del carro de nuestros sueños y esperanzas. Las personas que brillan con la vida son aquellas que destierran los “no puedo” de sus pensamientos, palabras y acciones.

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Vive feliz

Si nos convencemos de esto nos daremos cuenta de que lo mejor aún está por llegar cuando recuperamos nuestra ilusión.

Se trata de convertirnos en ladrones de segundos que hacen eternos los momentos, de encarar el presente con fuerza y valentía, de arrancarle destellos a los años, de amontonar sueños cumplidos y de hechizar tu día a día.

Diviértete caminando por los surcos de la vida, contémplate, corre hacia lo que te apasiona, defínete desde la bondad, la magia y la frescura. Nunca te des por vencido, pues las derrotas no son tales si no nos rendimos.

Prioriza tu felicidad, pues será así como más consigas hacer sonreír a los que te rodean.

Súmale vida a los años y no te preocupes por los años de vida. Al fin y al cabo, la edad se puede contar como un número o como cientos de experiencias vividas. Tú eliges si quieres envejecer o prefieres cumplir sueños.

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